La existencia del Ku Klux Klan, en pleno siglo XXI, tiene mucho más sentido que nunca. ¿Has visto lo que está ocurriendo en el mundo? Caravanas de inmigrantes tratando de entrar ilegalmente en Estados Unidos, llegamos a tener un presidente negro- que nunca tenía que haber ganado pero lo hizo y es algo que no podemos cambiar. Ser un miembro del Klan no es un hobby, es una forma de vida”, se sincera Derrick ‘Mago Imperial’ del Imperio Invisible, facción perteneciente al KKK.

“Nosotros lo que queremos es mantener vivas las tradiciones. Hay quién dice que somos supremacistas blancos pero no es verdad. Somos un grupo pro-blanco, y nuestro principal objetivo es preservar la raza blanca. No nos asociamos con nadie que no sea blanco. Si esta comunidad sigue siendo blanca es gracias a la presencia del Ku Klux Klan”, confiesa el Mago Imperial quien, a los ocho o 10 años, decidió unirse al Klan tras ver la película Arde Mississippi. «Sentí, tras verla, que algo me llamaba ¿Por qué lo hacen? ¿Qué pretenden?».

El KKK fue fundado a finales de 1865 por antiguos combatientes confederados, una vez acabada la Guerra de Secesión. El Klan promueve, básicamente, la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo, la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo. La organización adoptó, rápidamente, métodos extremadamente violentos. Durante sus primeros años acabaron con la vida de más de 250 personas, en su mayoría negros, que vivían en el medio oeste estadounidense. Esto provocó que Ulysses Grant, presidente del país, los disolviera formalmente.

“Ha habido épocas en las que hemos estado más apagados y en las que nos hemos mostrado mucho más activos”, afirma Derrick. En todo el país hay cerca de 8,000 miembros repartidos en más de 158 grupúsculos a fines al Klan. Si lo comparamos con los años ’30 del siglo pasado su presencia es prácticamente testimonial. Durante la Gran Depresión y la II Guerra Mundial el KKK contó con más de cuatro millones de afiliados en Estados Unidos. Fue su momento más álgido pero, poco a poco se fueron apagando aunque no sus métodos violentos.

El renacer del KKK. Foto: Antonio Pampliega

En los 60 y 70 resurgieron en los estados sureños donde asesinaron a más de 4.000 personas, en su gran mayoría negros o judíos. “El término racista fue inventado por alguien que no era blanco. El ser racista es algo psicológico. Todo el mundo es racista, de alguna forma u otra. Me siento orgulloso de mi legado y de ser americano si eso es ser racista… pues soy racista. Pero me considero un patriota”, se defiende Derrick ante la acusación de racismo que pesa sobre su organización.

“Somos una raza poderosa y debemos serlo y demostrarlo

“Los miembros del Klan debemos ser fieles a Dios, a nuestra raza y a nuestro país. Esos son los pilares básicos”. “Somos una raza poderosa (la blanca) y debemos serlo y demostrarlo”, asegura este hombre, de unos 40 años, que se considera la espina dorsal del grupo pero “no más importante que ninguno de mis chicos”.

La sociedad norteamericana vive un momento convulso. Con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump los grupos supremacistas y de odio han multiplicado su presencia experimentando un crecimiento del 30% durante los últimos años; elevando la cifra a los 954 grupos registrados en 2018. “Vivimos en un país en el que hay más problemas de odio de lo que hemos estado acostumbrados en los últimos años”, confiesa el abogado John Eyster quien, en 2018, tuvo un enfrentamiento con un miembro del KKK durante una reunión organizada por la comisión ciudadana de Pensilvania. “Era una reunión contra el odio y apareció un miembro del Klan que se dedicó a vomitar todo su odio contra las minorías. Su mensaje era aterrador”, afirma.

El renacer del KKK. Foto: Antonio Pampliega

Los miembros del Ku Klux Klan han ido recuperando una influencia que se creía perdida pasando de ser un grupo marginal a un nuevo peligro para la sociedad. Su presencia en redes sociales o a través de octavillas y panfletos con lemas racistas tienen como objetivo captar a las nuevas generaciones presentándose como algo atractivo. En 2013, el Klan decidió realizar una manifestación en Harrisburg, capital del estado de Pensilvania. Miles de personas se congregaron para increparlos pero de poco sirvió… “Si tan orgulloso están de ser quienes son por qué se esconden detrás de sus ridículos disfraces. Sé quién quieres ser y vete a dormir siendo quién eres”, sentencia John Eyster.

Pero la realidad es que Estados Unidos siempre ha sido un país racista y xenófobo donde grupos de extrema derecha como el Ku Klux Klan han encontrado un caldo de cultivo propicio. “Dire que no he estado a favor de ninguna forma de igualdad social y política entre las razas blancas y negra; hay una diferencia física entre ambas razas y mientras permanezcan juntas debe existir una posición de superioridad e inferioridad, y como cualquier otro hombre estoy a favor de que la posición superior sea asignada a la raza blanca”. Estás palabras podrían haber salido de boca de cualquier miembro del KKK pero son de Abraham Lincoln, el mismo presidente que abolió la esclavitud. Pero una cosa era liberar a los esclavos negros y otra terminar con el racismo.

El renacer del KKK Foto: Antonio Pampliega

Y, en este contexto, Derrick, y sus acólitos, cobran fuerza. “Está la cultura blanca y la cultura negra. América es un país multicultural pero que cada uno se quede con la suya. Los negros han intentado influir en nuestra juventud para que piensen que es cool tomar drogas, pertenecer a bandas o los tiroteos. Esos son problemas de negros, no de blancos”. Cada palabra que vomita el Mago Imperial está cargada de odio y de resentimiento hacia el diferente a quienes culpabiliza de todos los problemas actuales de Estados Unidos por lo que no duda en confesar que votó a Donald Trump. “Y lo volveré a hacer en 2020. Está haciendo un grandísimo trabajo”.

La casa de Derrick, que sirve como centro de reunión para los miembros del Klan, es una oda al racismo, el odio y la intolerancia. Banderas confederadas y del KKK, pegatinas para la reelección de Trump o cuadros donde se puede leer “Sólo Blancos” presiden las paredes de su casa donde, una vez al mes, se reúnen para la ceremonia de iluminación de la cruz. “Nosotros no la quemamos… La encendemos para arrojar luz sobre el resto de Klanes y asustar al diablo durante la noche”.

La primera enmienda de la constitución estadounidense permite y protege el uso de la simbología del KKK así como los uniformes o la iluminación de la cruz. Además, los miembros son fervientes seguidores de la segunda enmienda, la misma que les da potestad para portar armas de fuego.

Armas más odio… una peligrosísima mezcla que está detrás de recientes matanzas en institutos o en sinagogas. Nos llama la atención como iluminan la cruz y cómo van vestidos, pero no nos olvidemos de que sus ideas también estás en España. La américa del odio está mucho más cerca de lo que pensamos.