La plaga del ‘balconing’ empieza a coger ritmo de crucero en las Islas Baleares con el avance del mes de junio. Las oleadas de turistas son cada vez mayores, y con ellos crecen los excesos derivados del alcohol. Varios jóvenes han fallecido en las últimas semanas tras tirarse desde los balcones de sus habitaciones a las piscinas de sus hoteles, aunque esta funesta práctica tiene otras consecuencias.

Ejemplo de ello es la historia que este fin de semana contaba Diario de Mallorca: un joven británico que reclamaba al hotel en el que se alojó los gastos médicos por una fractura de clavícula que, según aseguraba, se había producido por un resbalón en la zona de la piscina. Según este medio, la realidad es muy distinta: el joven se tiró desde un balcón hacia la copa de un árbol y terminó impactando contra el suelo y rompiéndose varios huesos.

Según el relato de la prensa local, el joven presentó la reclamación y el hotel puso el caso en manos de una aseguradora que, en pocos días, encontró un vídeo en las redes sociales en la que se veía al joven saltando hacia un árbol desde una barandilla. También se aprecia en las imágenes el fuerte golpe, en el que se rompió la clavícula y una costilla.

El turista, por tanto, deberá hacer frente a la factura médica, que asciende hasta casi 37.000 euros, según Diario de Mallorca, que no da la identidad del turista ni del establecimiento hoteleros en el que sucedieron los hechos. Sí especifica que se ubica en Magaluf, habitual paraíso del turismo low cost europeo en Mallorca durante los meses de verano.