«Cada vez más imagino mi vientre vació. Como una tumba a la que algún día llevaré flores. Un trozo de tierra yermo, un lugar en el que nunca habrá nada, que siempre estuvo muerto». Estas palabras son de la periodista Noemí López Trujillo (Bilbao, 1988). Tiene 30 años. Carga con varios cambios de trabajo, algunos despidos, un ERE. Vive en un piso de 50 metros cuadrados y desde que tiene consciencia de sí misma ha querido ser madre.

En España, la maternidad se dibuja como un privilegio. Encabezamos el retraso de la maternidad en Europa. Tenemos menos hijos de los que queremos y las causas son claras: imposibilidad para conciliar y motivos económicos.

Ante esta situación, Trujillo se vio atrapada. ¿Cómo tener un bebé si no voy a poder cuidar de él ni darle lo que necesita? Vio, que como ella, muchas mujeres se encontraban en la misma situación y se ha atrevido a publicar un libro, El vientre vació (Ed. Capitán Swing), donde habla de un anhelo que llega a doler, del miedo a retrasarlo demasiado, de hacerlo muy pronto, de que su situación no cambie.

Pregunta. ¿Cómo surge este libro? ¿Cuándo piensas que se trata de un problema generacional?

Respuesta. El libro surge de un artículo que escribo en 2018 en eldiario.es. Cumplir 30 con ganas de ser madre y trabajo precario: aplazar los hijos hasta que quizá sea demasiado tarde. Y ese artículo surge de un deseo que tengo desde hace mucho tiempo: ser madre.

Es algo intrínseco en mi que no se ha ido nunca. Cuando era pequeña pensaba que a esta edad ya tendría un bebé y resulta que los años pasan y la situación me ha impedido poder hacerlo. He encadenado trabajos precarios, vivo en un apartamento pequeño y me da miedo no poder atender bien a ese niño o niña con mi situación actual. El problema es que no se si está situación cambiará.

P. Además de esta situación precaria, ¿crees que nos hemos confundido a la hora de valorar la maternidad?

R. La maternidad a veces te pone en un lugar incómodo. Tenemos una idea de lo que es la maternidad y luego cuando llega te encuentras con algo distinto. No he sido madre pero si que me cuestiono el lugar el que me posiciona tener un deseo tan intrínseco.

Parece que mi identidad va ligada a la maternidad incluso antes de ser madre. Incluso me defino como «una madre sin hijo». Intentamos tirar todas estas cuestiones por tierra para llegar a la igualdad y de repente te ves aceptando que tu rol no es el que querías.

Y clamar esa diferencia no te hace inferior, te hace tener unas demandas distintas

Hay una cuestión cultural y claro que hay una cuestión biológica que nos hace distintas a los hombres. Y clamar esa diferencia no te hace inferior, te hace tener unas demandas distintas.

El libro va un poco de eso. La maternidad atañe más a las mujeres por las consecuencias. Tu cuerpo va a sufrir un cambio y le va a comunicar a la sociedad entera que estas embarazada. Nos perjudica más a nosotras. Por eso no he incluido testimonios de hombres.

P. Antes no tener hijos era casi un símbolo de libertad ¿Qué ha cambiado de la generación anterior a está?

R. Las mujeres de la generación anterior, de feministas de los 70,80 y 90, estaban muy influenciadas para ver la maternidad y el matrimonio como un sistema de opresión. Si tienes hijos te deberás a ellos, si te casas, a tu marido. Y las madres de estas feministas eran las que les decían que la libertad estaba en no atarse de esa manera.

Debemos encontrar nuestro propio lugar dentro de la sociedad.

Al final creo que el mismo sistema de opresión es decirle todo el rato a las mujeres lo que tienen o no tienen que hacer. Al final vas a tener que decidir en situaciones o estructuras que te están condicionando y debes encontrar tu propio lugar dentro de la sociedad.

P. Parece que cualquier decisión nos coloca en una ideología.

R. Sí, porque la sociedad nos lo ha impuesto así. Es muy difícil saber de tus decisiones y deseos que es intrínseco a ti y que te viene por cultura o educación. Yo no he parado de cuestionarme. Me gustaría no tener este deseo pero lo tengo. Quiero un hijo y eso no significa que mi rol en la sociedad sea cuidar de los hijos.

Como bien explica en este libro, a través del relato de mujeres en situaciones parecidas, se trata de un problema generacional. «La incertidumbre que ha generado la crisis ha hecho tambalear no solo nuestras expectativas, sino también nuestras certezas más primitivas, aquellas que pensé que siempre se mantendrían incluso cuando no tuviese nada material a lo que aferrarme: un hijo, por ejemplo», escribe.

Y como ellas muchas mujeres de los 25 a los 35 cuyos «cuerpos están atravesados por la precariedad y ponen todo en un paréntesis hasta no sabemos cuándo».

P. Si hablas con gente de otra generación, tus padres, por ejemplo. ¿Qué te dicen?

R. Normalmente la gente mayor te dice que si ellos pudieron, tu también. Mis padres me tuvieron a mi y a mi hermana en una situación no muy buena y salimos adelante. Así la mayoría. Cuando les cuentas tus miedos pareces un poco quejica porque es como si lo tuvieses todo pero en realidad no es así.

Antes los trabajos mejoraban, la gente progresaba. Ahora no sabemos que va a ocurrir dentro de un año ni en que situación estaremos. Es la incertidumbre la que nos impide crear un futuro. Si no se que va a pasar conmigo, ¿cómo voy a arriesgarme a tener un bebé?.