Paloma Sotoca pide un café con leche y dos azucarillos. Todo lo amargo, los golpes, las vejaciones, el miedo, quedaron atrás. Ahora sonríe, dientes de oreja a oreja. «A mí me dolía el alma y yo me hubiera quitado la vida», dice esta mujer de 43 años. «A mí en la Asociación Mum me salvaron la vida», añade mientras se le cae una lágrima. La única que vierte durante los casi 60 minutos que dura su encuentro con El Independiente en una cafetería.

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