Aunque en la última década se ha reducido en un 20% la venta de pirotecnia, el uso de petardos y fuegos artificiales como festejo o celebración, especialmente en épocas navideñas, sigue siendo habitual. Sin embargo, lo que para algunos es sinónimo de disfrute y alegría, para otros puede ser una verdadera tortura.

Según algunos veterinarios, entre un 30% y 40% de los perros sufre fobia a los ruidos fuertes. En la mayoría de los casos no se trata de un simple susto, y es importante diferenciar entre miedo a los ruidos y una fobia, que implica una inadaptación que puede tener repercusiones psíquicas o físicas.

Las tormentas y la pirotecnia son los ruidos que mayor temor les provocan, pero a la segunda se le añade el factor sorpresa. Es decir, mientras que algunos perros desarrollan la capacidad de anticipación ante los fenómenos atmosféricos, los fuegos artificiales y petardos cogen al animal desprevenido.

¿Por qué les afecta tanto el ruido?

En primer lugar, su capacidad auditiva es mucho mayor que la nuestra. Los perros pueden escuchar tres veces más alto que los humanos y a una distancia cuatro veces mayor, por tanto, estos ruidos les generan el conocido como «estrés acústico». Además, ellos no son capaces de interpretar ni comprender la razón de estos sonidos y lo entienden como una amenaza, algo así como supondría para las personas un bombardeo.

Este miedo genera en los animales una reacción física: su sistema nervioso libera mucha adrenalina y cortisol, la hormona del estrés. Por esta razón, se producen síntomas como jadeos, temblores, vómitos y taquicardias. En alguno casos se producen desórdenes emocionales como depresión y ansiedad que provocan un aumento de la presión sanguínea, dilatación de pupilas, insuficiencia respiratoria o cansancio repentino.