La de Pablo es otra de las muchas historias que reflejan el compromiso social de Clece, inherente a esta empresa desde sus comienzos, que a menudo se concreta en oportunidades de empleo para personas en situación vulnerable que carecen de algo imprescindible para recuperar su autonomía y proyección vital: un trabajo digno.

Marisa, empleada de Clece, no dudó en acudir a su responsable cuando se vio en una situación tan crítica: “Mi hijo Pablo está saliendo de prisión y no consigue trabajo en ninguna parte. Necesito ayuda”.

Cuando le hablaron del chico y le transmitieron la situación asfixiante en la que se encontraba, Asunción, técnica de selección de Clece, se puso en marcha de inmediato. El reto no era sencillo. Además, como ocurre en estos casos, la colaboración y el trabajo de terceros resultan imprescindibles para el logro del objetivo. “Tras varios intentos, ir aquí y allá y mover mucho papeleo, conseguimos establecer una comunicación fructífera con Instituciones Penitenciarias. Y lo primero que solicitamos fue un permiso de unas horas para que Pablo pudiera salir del centro para acudir a una entrevista con nosotros”, recuerda Asunción.

Se lo concedieron y Pablo acudió puntualmente a su cita en una sede de la empresa. “Cuando llegó y lo vi tan joven, tan alegre, exquisitamente educado, optimista y con esa presencia… me descolocó un poco, la verdad. Superó con creces la entrevista y me dejó impactada. Así que consideré que necesitaba que alguien confiara en él y le ofrecí las dos mejores herramientas que conozco para empezar de nuevo en casos como el suyo: el acceso a un contrato de trabajo y nuestra confianza. Y es un privilegio poder hacer esto”, agradece la técnica de selección. 

“El día de la entrevista estaba contento…y precavido”, recuerda Pablo. No quería hacerme ilusiones, ¿sabes? Yo sé que hay entrevistas que te ofrecen por quedar bien, y como la había pedido mi madre… Bueno, pensé que por hacer la entrevista no perdía nada, y mira, ¡tenía mucho que ganar!”, celebra Pablo. 

Entre la encargada general de limpieza y Asunción encontraron un puesto disponible en un centro, así que, con su contrato bajo el brazo y una formación adecuada, Pablo pudo comenzar a trabajar. Cuando terminaba su jornada laboral, volvía a prisión a pasar la noche. “Tuvo que ser duro para él. No me gusta comparar, no es eso, es solo que otras personas en situación vulnerable, que lo han podido pasar mucho peor que él, una vez enfocadas en rehacer su vida, no llevan una pulsera que informa a todo el mundo de que estás en la cárcel”, señala Asunción.

Pablo trabajó durante unos meses en el equipo de limpieza de un centro gestionado por Clece. Tuvo que hacerlo muy bien porque cuando terminó el contrato, y al margen de su situación personal, sus responsables no quisieron perderlo como empleado. Al poco tiempo le ofrecieron una vacante de limpieza en un hospital de la Comunidad Valenciana, que aceptó con entusiasmo.

“Me dijeron que estaban muy contentos conmigo y que querían que me quedara en su equipo. En el hospital tenía nuevo jefe y nuevos compañeros. Ahora soy uno más, me gusta trabajar y me dicen que tengo don de gentes porque los pacientes, enfermeros, celadores, hasta los jefes de los clínicos se preocupan mucho por mí. Y mis compañeros se ríen porque soy una máquina trabajando. Yo es que me concentro en hacerlo bien y me olvido de que pasan las horas. A lo mejor es porque salí de prisión con las ideas muy claras y bien enfocado en ganarme la vida”, reflexiona. “Al trabajo de Pablo durante estos meses no le pongo ni un pero”, afirma con rotundidad Santiago, su responsable inmediato en el servicio de limpieza hospitalaria. “Es puntual, muy trabajador, meticuloso y se lleva bien con todo el mundo”, recalca.

Pablo siente que la vida le vuelve a sonreír. Le han retirado la pulsera. Ha firmado un contrato indefinido en Clece. Acaba de conocer a una chica “muy especial” con la que ya comparte  planes y está a punto de coger vacaciones. “Estoy muy agradecido. Esta vez me lo he ganado”, concluye. Una historia más de los muchos empleados de Clece para los que el trabajo ha supuesto una vía de salida y una nueva oportunidad de salir adelante.