El pasado fin de semana será recordado por la inmensa nevada que dejó a su paso la borrasca Filomena en el centro y este peninsular del territorio nacional, especialmente en la Comunidad de Madrid. Las carreteras sepultadas, los vehículos abandonados a la intemperie y el bloqueo del transporte, público y privado, obligaron a muchos de los ciudadanos a recorrer varios kilómetros a pie, bajo el temporal, para intentar llegar a su domicilio.

Pero en los centros de trabajo dedicados a atender personas en situación vulnerable, de enfermedad o dependencia, no se mueve nadie y la actividad no cesa. Es un hecho. A pesar de la pandemia o la nevada del siglo. Incluso de ambas.

Limpieza hospitalaria

La limpieza y desinfección en hospitales juega un papel esencial en la lucha contra la pandemia del coronavirus. De ello era plenamente consciente Ana María Antón, encargada general del servicio de limpieza que presta Clece en el Hospital Universitario de Getafe, cuando el viernes 8 de enero de 2021 decidió quedarse a trabajar, sin saber hasta cuándo, al comprobar lo que estaba ocurriendo en el exterior: “Era imposible que vinieran los compañeros de relevo. Y no podemos olvidarnos del Covid y abandonar un servicio tan importante como la limpieza. Estoy muy agradecida a las compañeras que se ofrecieron a quedarse conmigo el fin de semana y hasta a coger pico y pala para retirar la nieve. Han sido tres días de intenso trabajo”.

Me tocaba librar el fin de semana de Filomena, pero me ofrecí porque vivo cerca»

Lo confirma María Ángeles Durán: Me tocaba librar el fin de semana de Filomena, pero me ofrecí porque vivo cerca. Para mí es una satisfacción haber podido ayudar a mis compañeras porque en un hospital todos somos necesarios. Somos una plantilla que estamos a una”, afirma esta profesional de Clece que trabaja en el Hospital de Getafe desde hace 10 años.

A unos 20 kilómetros, y en similar situación, estaba el equipo de limpieza Clece en el Hospital Universitario de la Princesa, en Madrid. Una de sus trabajadoras desde hace 16 años, Petra Cobos,pasó todo el fin de semana en las instalaciones del hospital. “Empezó a nevar, vivo en Arganda y no podía volver a casa. Fue una noche difícil. Nos quedamos tres compañeras a dormir en el hospital. El domingo por la noche, al volver a casa, me sentía desorientada tras haber estado tres días completos en el hospital”. Y a pesar de todo, reconoce: “Estoy muy satisfecha del trabajo desempeñado. Ni cansada estaba. Lo haría otra vez”, asegura.

Servicio de Ayuda a Domicilio, ningún usuario sin servicio

Los responsables y coordinadores del Servicio de Ayuda a Domicilio que presta Clece en ocho distritos de Madrid intensificaron al máximo su contacto y atención a los usuarios durante y después del paso de la borrasca Filomena. Los equipos de los distintos turnos se ofrecieron para sumar recursos y, todos a una, se organizaron rápidamente para contactar desde sus móviles con todos los usuarios y/o familiares del servicio y hacer llamadas de seguimiento durante todo el fin de semana, priorizando a las personas con mayor vulnerabilidad.

“Ningún usuario se ha quedado sin servicio. Hemos atendido a los más vulnerables gracias a las auxiliares que viven cerca, en los mismos distritos, y que se han ocupado de los aseos personales, movilizaciones, atención doméstica, alimentos y preparación de comidas. El resto fueron acompañados por sus familias, que así lo ofrecieron, puesto que todos éramos conscientes de que la movilidad habitual de este servicio era inviable en la ciudad de Madrid”, relata una responsable del distrito de Puente de Vallecas, Laura Madrigal.    

Servicios de Seguridad, al pie del cañón

La magnitud del temporal Filomena provocó un gabinete de emergencia en Clece Seguridad con el fin de establecer comunicación constante con todos los vigilantes para comprobar que se encontraban bien, además de buscar soluciones para paliar la situación. Los distintos responsables contactaban cada dos horas con los profesionales de su equipo que se habían quedado atrapados en sus puestos.

Mientras tanto, los compañeros que no estaban de servicio, comenzaron a ofrecerse voluntarios para acompañar, sustituir o llevar comida a esos otros vigilantes que no podían salir, ya que la cercanía de sus domicilios a distintos centros de trabajo se lo permitía. Así, confeccionaron mapas de rutas de voluntarios y servicios, y fueron al encuentro de sus compañeros en todos los casos en los que fue posible.

El vigilante más afectado fue Antonio Santamarta, que estuvo 47 horas de servicio en una nave de un polígono industrial de Chiloeches, en la provincia de Guadalajara. Una vez se quedó sin alimentos, pudo acceder a las máquinas dispensadoras que hay en la nave. “He probado todos los sándwiches, a pesar de que el cliente me llamó para ofrecerme un queso y un buen vino que tenía en su despacho”, relata Antonio, agradecido. “Durante esos dos días me sentí muy acompañado por mis compañeros y mis responsables, y por la empresa a la que prestamos el servicio, todos han estado al pie del cañón”.