Era un viernes cuando la Tierra vibró frente a las costas de Japón. Más de cinco minutos de terremoto en Fukushima aquel 11 de marzo de 2011. Un 9,0 en la escala de Richter, una de las mayores sacudidas que se han registrado jamás. Desencadenó un efecto dominó tremendo: el terremoto generó un tsunami y éste provocó un desastre nuclear cuando embistió la central nuclear de Daiichi.

Murieron casi 18.000 personas y hubo unos 2.000 cadáveres que nunca aparecieron por el terremoto y el tsunami. Además, más de 160.000 personas fueron evacuadas de la prefectura de Fukushima por el accidente nuclear.

Diez años después, 36.000 todavía no han regresado. Hay lugares que se convirtieron en pueblos fantasma desde entonces. Zonas declaradas «prohibidas» por el Gobierno japonés por los altos índices de radioactividad.