Aceleración, escasez de ideas, exceso de ideología, demagogia, conflicto, crueldad, ignorancia… Estamos en 2021 y el mundo nos sobrepasa, la actualidad nos abruma. ¿Hacia dónde va la humanidad? ¿Dónde estamos? José Antonio Marina acaba de publicar Biografía de la inhumanidad (Ariel), un volumen en el que analiza cómo hemos llegado hasta este punto, cómo hemos evolucionado pese a los graves episodios de inhumanidad por los que hemos atravesado. “Por qué hay una especie de hundimiento total y aparecen las guerras, los genocidios y las brutalidades. Cómo es posible que podamos regresar a este tipo de cosas. Es como si tuviéramos dentro una especie de fuerza peligrosa y de repente emergiera como un volcán”, explica a El Independiente. Nos recibe para una entrevista. Pero con José Antonio Marina apenas se necesita preguntar. Nada sale de su cabeza que no haya tenido años de trabajo, de investigación. Todas las preguntas ya se las ha hecho él antes. En esta ocasión él se las ha lanzado a la historia. “Porque la historia es la fuente de datos de la experiencia de la humanidad”, afirma.

P.- ¿Estamos ante un José Antonio Marina más negativo, casi hobbesiano?

R.- Es verdad que es una historia terrible porque nos hemos acostumbrado a ello y damos por sentado que no lo podemos evitar, que los seres humanos son así. Sin embargo, el final es optimista, el estudio de la historia lo que nos dice es qué soluciones han funcionado. Si queremos evitar que se reproduzcan estas brutalidades, ya sabemos cuáles son las herramientas que tenemos para evitarlo. 

Lo que he visto al hacer el recorrido por los momentos grandiosos y admirables de la humanidad y de los grandes colapsos es que cuando aparecemos como especie aparecemos dotados de dos impulsos contradictorios. Por una parte de agresividad: cuando vemos un peligro, agredimos; por otra parte, la necesidad de convivir, la generosidad y la compasión. La compasión, al principio, está reducida sólo al grupo más reducido, más pequeño. En la historia hemos ido ampliando esa sociabilidad a entornos cada vez más amplios. Ahora nos parece difícil comprender lo difícil que fue entender que toda lo humanidad éramos una única familia. Que al estudiar la historia vemos procedemos de un grupo que salió hace 90.000 años de África y que se repartido por todo el planeta y que olvidó esta relación de cómo entender que todos pertenecemos a una única familia. Entender que tenemos, por lo tanto, cualidades y defectos comunes y derechos comunes ha sido una tarea titánica de la cual debemos estar orgullosos.

Esa noción de que somos seres dignos, hagamos lo que hagamos, es un invento tan sumamente colosal»

La humanidad, para mantener la cohesión, ha intentado frenar el gran peligro que es la agresividad. La agresividad era como una ola a la que había que poner presas para detenerla. Estudiando toda la evolución he descubierto que han sido tres presas, siempre las mismas. La primera es una presa afectiva, fomentar aquellas emociones como la compasión, como el altruismo o la generosidad de la solidaridad y cooperaciones que fomentan el entendimiento con los grupos. Pero como las emociones no son muy de fiar, entonces como segunda presa, establecimos sistemas normativos morales y jurídicos. 

Por último, hay un tercer gran dique en que son las instituciones políticas y sociales que se encargan de proteger los otros diques. ¿Qué ocurre cuando estos diques desaparecen? Entonces la agresividad se desmanda con mucha furia y conduce a la atrocidad y al horror. Así que hay que fortalecer los tres grandes diques, el afectivo, el moral y de las instituciones políticas.

P.- Que en la historia los humanos avanzan y retroceden significa que tienen un destino o al menos una dirección ¿Hacia dónde vamos?

R.- La historia no tiene finalidad, pero los seres humanos sí. La historia es el conjunto de acciones de miles de millones de personas que tienen su propio objetivo, que es conseguir la felicidad personal. Pero hemos descubierto que para conseguir esa felicidad personal necesitamos vivir en un ambiente al que yo llamo objetivamente feliz. La búsqueda de la felicidad política ha sido gran parte de la historia de la humanidad. La búsqueda de la felicidad política ha sido, en gran parte, la búsqueda de las formas de convivencia, formas de familia, formas de organización política, formas de delimitar el poder, formas de aumentar la prosperidad. Eso lleva a lo más inteligente que han hecho los humanos, que es inventar la noción de derechos. La idea de que todos estamos protegidos por derechos. Hemos pasado de ser animales listos a ser animales que quieren ser dotados de dignidad. Esa noción de que somos seres dignos, hagamos lo que hagamos, es un invento tan sumamente colosal. Es un invento salvador, y como salvador que es nos conviene a todos intentar que no desaparezca.

«Cómo es posible que siendo tan inteligentes hagamos tantas tonterías»

P.- En su libro creas muchas ideas marco para comprender lo que ocurre en nuestro mundo, pero seguimos teniendo grandes pecados recientes de la humanidad y de la crueldad.

R.- He dedicado un capítulo a la crueldad porque es un tema no demasiado estudiado. Por desgracia es una exclusiva humana, los animales pueden ser feroces pero no crueles, no disfrutan con el dolor de su víctima. En cambio los seres humanos sí, y sí me ha interesado estudiar por qué funciona y cuáles son sus mecanismos, cuáles son sus motivos.

En el siglo XV hay una protesta de los vecinos de Brujas diciendo que las ejecuciones duraban poco tiempo y que nos les daba tiempo a disfrutar»

Me ha llamado mucho la atención en la historia que siempre hemos disfrutado mucho con los espectáculos crueles. No sólo con los circos en Roma. En las olimpiadas griegas había deporte, el pancracio, en el que se permitían sacar los ojos al contrario. Las ejecuciones públicas han sido un gran espectáculo durante mucho tiempo. En la revolución francesa se hablaba de las mujeres que acudían a ocupar las primeras filas de los cadalsos y para hacer tiempo hacían punto, eran las tricoteuse.  En el siglo XV hay una protesta de los vecinos de Brujas diciendo que las ejecuciones duraban poco tiempo y que nos les daba tiempo a disfrutar. En algunos pueblos en las fiestas había ejecuciones como ahora hay corridas de toros y si no detenían presos compraban presos condenados de otros pueblos para poderlos ejecutar. De manera que el disfrute de la crueldad ha sido terrible y hasta hace no mucho. En España las ejecuciones públicas se terminan en 1900, hasta entonces eran públicas.

Luego hay otra crueldad, que no se da cuenta de que es crueldad, porque previamente ha deshumanizado a la víctima. Se ve al estudiar las matanzas de judíos durante el periodo nazi y se estudian las confesiones de quienes mataban. Hay unas declaraciones de una carta que he recogido en la que explican que cuando fusilaban al último camión había muchos niños, pero que lo hicieron con mucha limpieza porque disparaban a los niños antes de que cayeran. Y esto no lo dice un psicópata, lo dice una persona normal que a continuación habla a su mujer y le pregunta por sus hijos. Cómo personas normales, si están en un determinado ambiente, pueden llegar a cometer tales atrocidades. Esto nos puede pasar a todos, hay que descubrir cómo funciona la cabeza de estas personas que hacen estas atrocidades y luego vuelven a su vida normal como si eso hubiera sido una especie de paréntesis. ¿Qué nos pasa? Descubrir esos mecanismos es importante para intentar desactivarlos, porque son mecanismos que vienen automáticamente sin darnos cuenta. La habituación a la crueldad se puede hacer casi, sencillamente, sin darse cuenta.

P.- Es lo que nos está pasando con los muertos de la pandemia. 

R.- Clarísimamente, es un caso de cómo nos habituamos. Hay una frase que atribuyen a Stalin que dice ‘Una muerte es una tragedia y cien mil muertes es una estadística’, de manera que nosotros nos acostumbramos con mucha facilidad y la habituación es peligrosa porque nos podemos habituar a cualquier cosa.

P- En su análisis de la crueldad, cuando la observa en nuestra sociedad, ¿la ve en el morbo y la telebasura en determinados programas o entrevistas, es una rémora de esa espectacularización de la crueldad? 

P.- Sí, a la gente le gusta ver sufrir a los demás. Pero cuando es en televisión se produce una especie de simulacro de sentimientos. Un ejemplo: si yo veo en televisión una película, estoy sintiendo miedo pero no es real como si el que estuviera realmente amenazado fuera yo. De manera que ante la realidad virtual se producen también emociones virtuales que desaparecen enseguida. Me estoy compadeciendo muchísimo, pero va a desaparecer en dos minutos y no voy a enfrentar, no voy a hacer nada para intentar evitar eso, porque todo pertenece a una especie de dulcificación del espectáculo. Apagó la televisión y voy a preparar el café.

P.- ¿Aunque sean con personas reales?

R.- Son personas espectacularizadas, da igual que sean reales. Está muy bien dicho lo de Reality Shows, son realities sí, pero shows. Por lo tanto entra en dentro del espectáculo, me impresiona como espectáculo, pero no demasiado. Lo malo es que estamos asistiendo a una especie de devaluación del mundo emocional real, por el poder de las redes sociales. En todo el mundo la utilización media de redes sociales es 2 horas y 22 minutos. Es mucho tiempo en una situación un poco rara, de cambio constante de noticias. En China, cada 15 minutos, los estudiantes universitarios consultan su móvil en una red social. El problema que encuentran es que si tu interrumpes aunque sean 15 segundos o un minuto la tarea que estás haciendo para conectar al móvil, has perdido el 40% de la información con la que estás trabajando. De manera que consultar cada 15 minutos el móvil supone un enlentecimiento de los procesos intelectuales fortísimo porque se pierde la atención. Lo que estamos viendo ahora es que el mercado de las redes sociales y las nuevas tecnologías es un mercado para comprar el bien más escaso, que es la atención de la gente. Están construyendo grandes empresas llevadas por gente muy experta y muy inteligente para retener la atención. Además, las redes sociales son una red de difusión del odio muy poderosas.

P.- Para adiestrar el odio es fundamental y en el contexto actual los políticos están metiéndose en ese uso.

R.- Ya ves cómo se está encrespando y haciendo cada vez más tosco y soez el lenguaje político. Cuando de repente ves a una persona que dices que es inteligente y que es normal, cómo ha podido escribir un tuit diciendo que hay cortar la cabeza a fulanito. ¿Pero qué le ha pasado? Entra dentro de un mundo retórico, dicen. Sí, pero igual que las armas las carga el diablo, a los tuits los carga el diablo también. Hay que pensar que lo que nos lleva al horror es una especie de tobogán. Lo malo es que te subas al tobogán, porque como te subas es muy difícil frenar.

La escalada de insultos, la escalada de incomprensión, el yo con este no me puedo entender ni tengo nada que ver, si me entiendo con este soy un chaquetero… Todo esto produce un enfrentamiento que se basa en la idea de que la política tiene como eje el enfrentamiento de amigo y enemigo. Estos son mis amigos y estos son mis enemigos. En cuanto tú consideras que una persona deja de ser una persona para ser un enemigo, al enemigo ni agua. Es una dialéctica que conocemos muy bien. En el momento en que categorizas a una persona dentro de un grupo, estás abriendo el camino para hacer lo que quieras.

Hay un ejemplo que me impresionó mucho hace muchos años. Un asesino de ETA había matado una persona y él decía que no había matado una persona, que había matado a un empresario. De manera que había conseguido dejar fuera a la persona, porque matar a un empresario está justificado, o matar al judío, o un musulmán o a un cristiano. Los he metido, los he encerrado en una especie de paquetito maléfico, tiro el paquetito y ya está. 

P- ¿Y nos estamos subiendo a ese tobogán?

R.- Yo creo que el dique de contención que está más resquebrajado ahora es la afectividad. Por ejemplo la compasión, que es la emoción más específicamente humana. El inhumano es el que ha perdido la compasión. La compasión en nuestra cultura y especialmente en España está desprestigiada. En Estados Unidos un político tiene que ser compassionate. Aquí hemos considerado que la compasión es como dar limosna, es como adoptar una posición de superioridad respecto a otros. No, la compasión es sentirse interesado por el dolor de otra persona, intentar en lo posible limitarlo o evitarlo, y es la gran vacuna contra la agresividad.

Los niños de veintisiete meses ya tienen compasión hacia otros niños y tienen conductas de ayuda. Pero en la escuela se pierde la compasión y eso es un disparate, la escuela tiene que fortalecer la compasión. Un niño o un adolescente que hace bullying no tiene compasión.

«La compansión, la emoción más específicamente humana, está desprestigiada en España»

P.- ¿Se están criando los niños en un mundo menos compasivo?

R.- Los niños están creciendo en un mundo menos compasivo porque están teniendo menos trato directo. Los estudios que tenemos de qué supone desde el punto de vista afectivo el estar tan dependiente de un medio frío y virtual como son las pantallas, está haciendo que se comprendan cada vez menos las expresiones faciales de una persona, que la empatía se reduzca, que se estén perdiendo ciertas formas de comunicación. Porque si yo me acostumbro a una cosa muy cómoda en las redes, que es que cuando me canso hago clic y me voy, pues eso acaba haciéndose también con las personas, y las personas tienen un protocolo de despedida. No puedes irte, adiós que me largo. Si hago eso dirías que soy un grosero. En las redes sociales no, yo me voy y listo. De manera que hay una lejanía respecto del otro que da la impresión de que sí está afectando a la forma de vivir los sentimientos y que está habiendo una especie de desapego básico, y eso no es bueno. Ahora hay un momento con individualismo rampante y el individualismo puede llevar a una insolidaridad muy grande.

P.-Además cada vez estamos más sólo con gente que nos es afín. 

R.- Sí, desde luego. Ir reduciendo el reflejo tribal ha sido siempre parte de nuestra evolución y ahora las redes lo está favoreciendo. A la gente le puede interesar no la información sobre lo que pasa, sino la información de que corroboran mis opiniones. Así que yo sólo veo la información que me interesa porque corrobora mis ideas, la que me interesa para denigrar al contrario y lo demás no me interesa. 

Además está el efecto Google, que ya se llama así desde las investigaciones de [Betsy] Sparrow, que significa que para qué voy a aprender si lo puedo encontrar. Eso desde el punto de vista intelectual es terrible porque si yo no comprendo lo que leo —y para comprender tengo que comprenderlo a partir de lo que sé—  soy un analfabeto completo. Necesitamos comprender las cosas porque se está empezando a pensar que no hace falta comprenderlas. Si yo no comprendo cómo funciona la democracia o cómo se ha generado no entiendo lo difícil que es una democracia. Es un sistema muy difícil porque te exige participar. Ahora se empieza a ver esta especie de pereza a tener un espíritu crítico, yo pienso lo que pienso y si te gusta lo compras y sino, no lo compras. Y no es así, igual que comparas los productos que compras en el supermercado habrá que comparar las emociones y las opiniones y seleccionarlas un poco.

P.- A la luz de cómo estamos gestionando la memoria en España y cómo crecen nuestros hijos ¿hay riesgo de repetir la historia?

R.- Yo no creo que tengamos riesgo de una guerra civil, pero sí de un malestar civil. Un enfrentamiento armado afortunadamente estamos dentro de Europa y es muy poco probable. Pero esta especie de enfrentamientos continuos que exigen una gran cantidad de energía, que no vamos a poder emplear en otra cosa y estamos en un mundo muy competitivo y muy acelerado. Si perdemos las energías en enfrentarnos los unos con los otros, a decir esto para esta región o para esta otra cada vez que emerge el sentimiento tribal y se despierta la agresividad… Afortunadamente tenemos algunos frenos que están funcionando, pero hay que tener mucho cuidado porque el malestar social que crearon los movimientos independentistas vascos, por ejemplo, hizo la vida imposible a muchas personas. ¿Fue eso una guerra civil? No, fue una situación de agresividad y malestar civil que hizo desgraciadas a muchas personas además de producir las muertes que produjo. Esto entra dentro de lo posible. En los movimientos civiles identitarios la tribu emerge otra vez y no es que vayan a acabar con las instituciones, pero hay que tener cuidado porque pueden causar mucho malestar, mucho sufrimiento y vamos a intentar tomarlos con sensatez.

El filósofo español José Antonio Marina, durante una entrevista con El Independiente
El filósofo español José Antonio Marina, durante una entrevista con El Independiente Ignacio Encabo

P.- La ideología no está muerta y está ahora muy polarizada..

R.- La ideología está muy polarizada y encastillada, es decir, yo no me hablo con otras ideologías y el problema está en que empieza a pensarse que la educación tiene que estar ideologizada y eso no puede ser. Por eso no tenemos un pacto educativo, porque todos tiran para hacer el pacto educativo según su ideología. Ahí se ve, claramente, que las ideologías no tienen fundamento. De manera que muchas veces se basan en falsear la figura del otro y falsear su propia figura. Y al final están combatiendo dos cosas que no son reales, a no ser que empiecen a sentarse y desmontar sus propias construcciones.

En España en el terreno educativo, la calidad es un concepto de derechas, de manera que todas las leyes educativas de la derecha usan la palabra calidad. ¿No le interesa al socialismo la calidad? Ellos usan equidad. Y yo me pregunto ¿es que puede haber equidad sin calidad o calidad sin equidad? ¿No tenemos la suficiente inteligencia para sentarnos a discutir seriamente? Pues no, porque cada uno está encastillado en su ideología. 

La tarea de la política inteligente es saber transformar los conflictos en problemas. ¿Cuál es la diferencia? En el conflicto dos fuerzas chocan y uno tiene que vencer, en el problema se busca una solución, no nos peleamos, sino que buscamos una solución. El talento político es convertir los conflictos, que va haber siempre, en problemas. Entre los dos solucionamos el problema. Esto que parece tan de sentido común cuesta mucho entenderlo. 

Hay una idea que me vuelve una y otra vez, ¿cómo es posible que si somos tan inteligentes hagamos tantas estupideces? Y no es solo que hagamos tantas tonterías, sino por qué hacemos tantas brutalidades. Este es el secreto de la inteligencia humana que al final es ver cuál es el secreto de las cosas buenas y saber por qué se equivoca tanto, por qué hacen cosas estúpidas y por qué hacen tantas cosas brutales y sin sentido. 

P.- ¿Qué papel pueden jugar los intelectuales? 

R.- A mí no me gusta la palabra intelectual. El papel de los intelectuales en Europa en el siglo XX fue desastroso, porque se convirtieron en intelectuales orgánicos, cada partido tenía sus intelectuales. Los filósofos son otra cosa. Lo que tienen que hacer es intentar aclarar las cosas, intentar comprender las cosas y eso te obliga a tener muchos conocimientos, a tener en cuenta muchas opiniones y a tomarte el trabajo de comprenderlas. Yo lo he dicho muchas veces, debo ser el más tonto del pueblo porque cuando veo a la gente que lo tiene todo tan claro que además pontifica sobre lo divino o lo humano… A mí me cuesta muchísimo tener ideas claras sobre cualquier asunto. Y digo muchísimo porque tengo que estudiar mucho. Debo ser el más tonto. O no, o los demás fingen certezas que no tienen. 

Vamos a seguir todos el mismo consejo que doy a mis alumnos más pequeños cuando alguien te diga algo, tú pregúntale: ¿Tú cómo lo sabes, explícame cómo lo sabes, cuáles son tus fuentes? Porque estamos metidos en una especie de mejunje de opiniones en que nadie dice sus fuentes, en que se remiten a las redes, es que lo he visto, es que lo sé..   No, tienes que decirme tus fuentes y entonces diré si me fío o no me fío.