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El estigma del poliamor: "Mi mejor amigo dice que soy una viciosa"

Dos personas dándose la mano

Dos personas dándose la mano Freepik

Sol tuvo su primera pareja con tan solo 15 años. Desde esa primera experiencia ella notaba que «algo iba mal», quería mucho a su novio, pero tenía «sentimientos paralelos» y quería hacer «más cosas». Sus amigos le decían que tal vez no estaba enamorada de verdad o que le frustraban cosas de su relación, pero todos coincidían en que algo no iba bien. Hasta que, investigando, descubrió el poliamor. «A partir de ahí empecé a tener relaciones con nombre y apellidos, hasta entonces yo pensaba que era rara y que no podía tener relaciones normales», explica. 

Son muchos los prejuicios que giran en torno al poliamor. Como la falta de compromiso al «por qué le llaman poliamor y no polisexo, pero una cosa es buscar relaciones afectivas y otra relaciones sexuales», apunta Arola Poch, psicóloga y sexóloga especializada en relaciones no monógamas. Es el caso de Aurora. Su mejor amigo no concibe este tipo de relaciones y cree que es «imposible que salga adelante». «Me dice que soy muy guarrilla y una viciosa, lo respeta, pero no lo ve bien, no lo entiende. Todavía queda mucho por deconstruirse», explica. Muchas veces se juega con la idea de que este tipo de modelo no puede funcionar, «pero es que hay muchas relaciones monógamas que tampoco funcionan y acaban en divorcio», apunta la psicóloga.

Salí de los dos armarios a la vez con mis padres, del armario bisexual y del poliamoroso”

Otra de las confusiones habituales es «pensar que el poliamor son 3 personas que viven juntas, pero eso es más de película que de realidad», indica Poch. Hay muchas posibilidades dentro de este modelo. «La principal diferencia con las relaciones abiertas es que el vínculo que se tiene con los demás es amoroso y no solo sexual. Se van construyendo diferentes vínculos con diferentes personas, pero no todas pueden aportar lo mismo ni requerir el mismo tiempo. No es una suma de relaciones monógamas o de parejas», recuerda Poch.

Dentro del poliamor, por ejemplo, se puede tener una relación jerárquica, es decir, la relación principal la tienes con una persona y, además, ambos pueden tener más vínculos con otras personas. Sol tenía 22 años cuando puso punto final a las relaciones monógamas y, desde entonces, durante estos 7 años ha tenido varias relaciones poliamorosas. Estuvo 5 años saliendo con un chico mientras estaba con una chica. Entre ellos se conocían y se llevaban bien. Cuando en un primer momento Sol le comentó a su novia que no era monógama, «le pareció bien, pero en realidad no era así, tenía muchos problemas de celos».

A Aurora siempre le había llamado la atención el tema del poliamor, pero no llegó a tener una relación como tal hasta hace un par de años. Actualmente tiene una pareja estable con la que vive, y desde el primer momento dejó las cartas sobre la mesa. Ella era una persona no monógama y aunque él nunca había tenido una relación de este tipo, lo aceptó. Aurora no está con más personas aparte de su novio, pero las puertas están abiertas y no descarta que pueda enamorarse de otra persona a corto o largo plazo. Es algo en lo que coinciden las personas que defienden este modelo de relación, y es que te puedes enamorar de varias personas a la vez. 

Cuantas más personas se meten en la ecuación, más complicadas se vuelven las cosas

Si algo está claro es que el poliamor no es un camino de rosas. «Cuantas más personas se meten en la ecuación, más complicadas se vuelven las cosas», cuenta Poch. «No es lo mismo gestionar el tiempo o las emociones con una que con dos personas», indica la psicóloga. Para Sol, por ejemplo, «es más complejo, pero no más complicado». «A lo mejor surgen más problemas del día a día porque como con las amistades, con cuantas más personas te relacionas, más planes surgen, pero tienes una red de apoyo más grande», explica. En su caso, si no hubiera estado con su pareja «principal» con la que estuvo 5 años cuando pasó por la ruptura de la otra novia que tenía, cree que «hubiera sido mil veces peor», «fue un gran apoyo». «Nuestra relación nació, vivió y murió durante el tiempo en el que yo seguía con mi pareja principal», cuenta.

La comunicación, la clave del poliamor

La psicóloga ha tenido muchos pacientes que estaban comenzando a tener relaciones poliamorosas, pero no se sentían del todo a gusto. «Al principio están perdidos porque no saben cómo gestionarlo, yo les oriento cómo pueden construir esa relación para que sea sana y beneficiosa para todas las partes», indica. Una de las consultas frecuentes son los celos. «Somos personas humanas y aunque estemos en una relación poliamorosa podemos ser celosos», apunta. Y es que, como explica Noemí Casquet, periodista especializada en divulgación sexual, en su canal de YouTube, «hay una pérdida de privilegios. El tiempo que pasabas antes con tu pareja ahora se lo está dando a otra persona, y las palabras bonitas que te decía ahora se las está diciendo a otra». 

Sol y Aurora, por ejemplo, reconocen que en ocasiones son celosas. «Entiendo que es parte del estilo de vida que quiero llevar. Si estoy celosa lo hablo con mi pareja porque la mayoría de las veces son inseguridades mías», reconoce Sol. Ambas coinciden en que la clave del poliamor es la comunicación y la sinceridad. Tanto Aurora como Sol, desde el primer momento de la relación «sentaron las bases» sobre el tema con sus respectivas parejas. Aurora, por ejemplo, recomienda el «acuerdo de relación» que tiene la periodista Noemí Casquet para que los primerizos en el poliamor puedan orientarse.

Salir del armario de la monogamia

Uno de los miedos con el que conviven las personas que defienden este modelo de relación es la reacción que tienen tanto sus amigos como su familia. «Hay personas que no lo dicen a la familia porque no quieren sentirse señaladas o por miedo a que crean que su relación no es tan seria como una monógama, pero depende de cada familia», explica Poch. Mientras que Aurora ha pasado «un poco por encima» y no lo ha llegado a comunicar abiertamente a su familia, Sol sí lo hizo.

«Salí de los dos armarios a la vez con mis padres, del bisexual y del poliamoroso», explica. Ella prefirió contárselo antes de que se enteraran por otras personas. Cuando les contó que además del novio que ellos conocían estaba saliendo con otra chica, su padre se lo tomó muy bien. «No tardó ni un segundo en reaccionar y como estábamos cerca de Navidades me preguntó si mis parejas iban a venir en Nochebuena a casa», cuenta. Su madre, en cambio, «se quedó callada en una esquina de la cocina y no abrió la boca el resto del día hasta que me fui. Lo asumió poco a poco, pero le costó más tiempo. No hablaba ni me preguntaba sobre el tema, ahora lo lleva mejor, le cuento mis cosas y cotilleamos», relata Sol.

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