Entre el puente de Costa Rica de la M-30 y el punto limpio fijo de Chamartín, gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, hay instalado un improvisado poblado chabolista. Allí, entre la basura, enseres de todo tipo y restos de algunas hogueras resisten unas cuatro o cinco improvisadas construcciones. En esa zona, que se encuentra justo al lado de la plaza de José María Soler y a pocos minutos a pie de la calle Arturo Soria, se han detectado en los últimos años varios asentamientos de este tipo. De hecho, en junio de 2020 algunos medios como ABC y La Razón ya reportaron que se había producido allí una pelea a navajazos entre dos chabolistas, que se saldó con un detenido. 

Una trabajadora del punto limpio cuenta que por las noches los residentes de estas infraviviendas se cuelan en sus instalaciones para robar lo que pueden. También que los han desalojado de la zona varias veces, pero que al poco tiempo vuelven a instalarse. Y es que, a pesar de que el Ayuntamiento ha realizado numerosas intervenciones, hay algunos puntos de la capital donde se siguen reproduciendo esta clase de asentamientos. «Esto no es compatible con el modelo de ciudad que nosotros defendemos. Desde el principio hemos dicho que Madrid iba a ser un sitio donde se pudiera vivir dignamente, y esto no son condiciones dignas para vivir», declaró Begoña Villacís, vicealcaldesa de la ciudad, durante una de las intervenciones en estos poblados.  

«En Madrid ha habido un esfuerzo significativo. Desde 2007 a 2015 se redujo en un 50% el total de chabolas», explica Rocío García, directora territorial de la delegación madrileña de la Fundación Secretariado Gitano (FSG), una plataforma que acaba de poner en marcha la web Chabolista.es para terminar de erradicar estas viviendas. Según explica, es difícil hacer estimaciones sobre la población madrileña que reside actualmente en chabolas, porque no hay datos públicos, aunque calcula que solo en los poblados de la Cañada Real y Las Sabinas pueden residir unas 2.000 personas. Cuenta que la mayoría son gitanos, aunque también hay muchos extranjeros (en especial portugueses y de países del este como Rumanía). 

Desde la FSG consideran que los trabajos en los grandes poblados pueden haber reducido el número de población chabolista en los últimos años. Sin embargo, desde 2019 han detectado que se están instalando pequeños asentamientos itinerantes en lugares en los que antes no eran habituales. «Aunque siempre han existido en los últimos años está aumentando. Es el caso de los márgenes de la M-30, donde antes era desconocido y ahora proliferan las tiendas de campaña y las pequeñas chabolas que cuando se desmantelan se trasladan a otro lugar», sostiene García. 

Desmantelamientos en 2022

El último informe del Servicio de Disciplina Urbanística detalla que durante el pasado año se desmantelaron 301 chabolas en la capital, que estaban ubicadas hasta en 12 distritos diferentes. Según se explica, se incrementaron las actuaciones tanto en los distritos limítrofes con la M-30 Este como en la zona Norte. Además, se consideran áreas «especialmente problemáticas» las inmediaciones de la Estación de Chamartín y los descampados existentes en la futura prolongación de la Castellana, donde «se reproducen los asentamientos que han sido demolidos». 

También se desarrollaron diversas actuaciones en los distritos periféricos, especialmente en Villa de Vallecas y Villaverde, pero también en otros como Carabanchel. «Debemos destacar la actuación constante en el polígono industrial de Villaverde, donde se desalojan y demuelen de forma casi inmediata los asentamientos relacionados con actividades de tráfico de drogas y prostitución callejera», se recoge en el informe. Respecto a la Cañada Real se explica que están actuando principalmente en el sector 6, ubicado en Villa de Vallecas, que consideran que es el que presenta «mayor población en riesgo de exclusión social». 

Previsiones para 2023

Desde el Servicio de Disciplina Urbanística avisan de que los trabajos que desarrollarán este año están condicionados por «la falta de personal, principalmente administrativo». Consideran que «el único poblado chabolista de gran entidad» que permanece actualmente activo es el de la Cañada Real, que «actualmente se encuentra en proceso de desmantelamiento», y explican que centrarán sus futuras actuaciones en cuatro distritos en concreto. 

En Fuencarral – El Pardo impulsarán los desmantelamientos de los asentamientos de las calles Antonio Cabezón, Puerto de Somport y Federica Montseny, además del de la zona verde de Peñagrande. En el Poblado Pilillas Bajas del Parque Cuña Verde de O´Donnell, en Moratalaz, están «pendientes de solicitud de autorización judicial» para desmantelar tres infraviviendas. En el polígono industrial de Villaverde, proseguirán «las actuaciones de respuesta urgente». Y en Villa de Vallecas se demolerán aquellas viviendas cuyos ocupantes se hayan beneficiado de programas de realojo y se seguirá trabajando en la Cañada Real.

«Desde que hay un pacto regional hasta la ejecución de los convenios de realojo hay una demora de años. Y las circunstancias en ese tiempo cambian mucho, porque en Las Sabinas en los últimos años ha habido varias inundaciones y en la Cañada Real hay cortes de luz desde 2020. No se está siendo lo suficientemente rápido para que la población no sufra», se lamenta García. Y añade: «Vivir en una chabola es tener carencia oportunidades. Estás condenado, tu destino está marcado. Por eso hacen falta políticas educativas, sociales y laborales que te permitan salir de ahí».