Saber cómo limpiar los radiadores antes de encender la calefacción es una de esas tareas de mantenimiento preventivo que conviene realizar antes de que llegue el frío intenso. Con la bajada progresiva de las temperaturas y la llegada del otoño, poner a punto el sistema de climatización se convierte en una prioridad para garantizar el confort en el hogar.

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Durante los meses en los que permanecen apagados, los radiadores acumulan polvo, pelusas y partículas en suspensión. Al depositarse en las ranuras internas, esta capa de suciedad puede dificultar la correcta circulación del aire y reducir la capacidad del radiador para emitir calor de forma eficiente.

Por qué conviene limpiar los radiadores antes de encender la calefacción

La acumulación de polvo en las ranuras y en la parte trasera de los radiadores afecta tanto al rendimiento del equipo como al ambiente de la estancia. Cuando el polvo permanece sobre los elementos metálicos puede dificultar la circulación del aire alrededor de los paneles calefactores y reducir su capacidad para transmitir el calor de forma eficiente.

A esto se suma un problema de confort ambiental. Al poner en marcha la calefacción tras meses parada, el calor y el movimiento del aire pueden volver a poner en suspensión parte del polvo acumulado, lo que suele generar ese característico olor notable al encenderla después de tiempo sin utilizarla.

Realizar una limpieza en profundidad antes del primer encendido de la temporada ayuda a evitar que parte de ese polvo vuelva a dispersarse y asegura que el sistema funcione de la manera más eficiente posible.

¿Qué se necesita para una correcta limpieza?

Antes de empezar con esta tarea conviene asegurarse de que la calefacción esté apagada y los radiadores completamente fríos al tacto. Limpiarlos en caliente no solo es incómodo, sino que las corrientes de aire térmico provocan que el polvo vuelva a levantarse en lugar de caer al suelo.

Como buena parte de la suciedad acumulada en el interior caerá durante el proceso, conviene proteger la zona inferior antes de empezar. Para ello, es recomendable tener a mano algunos de estos elementos:

  • Una toalla o paño viejo para cubrir el suelo o la tarima justo debajo del radiador.
  • Un paño de microfibra. Colocar una bayeta ligeramente húmeda bajo las rendijas ayuda a frenar las pelusas y evita que vuelen por la habitación.
  • Un cepillo largo para radiadores o plumero flexible para acceder a las zonas estrechas.
  • Un secador de pelo si prefieres utilizar el método del flujo de aire frío.
  • Una aspiradora con boquilla estrecha para retirar los restos caídos en zonas difíciles.
  • Agua tibia y jabón neutro para la higiene de la superficie exterior.

Cómo limpiar los radiadores

El verdadero reto de este mantenimiento se encuentra en las cavidades internas y la parte trasera pegada a la pared, zonas donde la mano no llega con facilidad. Para retirar la suciedad de esos puntos difíciles sin necesidad de desmontar la estructura, existen dos métodos caseros muy prácticos:

  • El truco del secador con aire frío. Si buscas sacar rápidamente las pelusas acumuladas en las zonas inaccesibles, utiliza un secador de pelo ajustado en modo de aire frío. Dirige el flujo desde la rejilla superior hacia abajo para que la fuerza del aire empuje el polvo hacia el suelo, haciéndolo caer directamente sobre el paño de protección.
  • Uso de un cepillo largo o plumero flexible. Para el polvo que permanece adherido al metal, lo ideal es utilizar un cepillo cilíndrico especial para radiadores. Pasándolo de arriba abajo entre las columnas, se arrastrará la suciedad procurando no ejercer demasiada presión sobre la pintura ni los elementos del radiador.

Una vez expulsada la suciedad del interior, se recomienda pasar la aspiradora con su boquilla estrecha por la zona inferior y la pared trasera para evitar que el polvo vuelva a depositarse.

Limpieza de la parte exterior

Tras retirar el polvo del interior, el siguiente paso es acondicionar la cara externa, los laterales y las llaves de paso del aparato. En esta fase basta con utilizar un paño suave humedecido en agua tibia con un poco de jabón neutro o detergente suave.

Es importante escurrir bien la bayeta antes de pasarla sobre la superficie. El paño debe estar humedecido, no goteando, para evitar que la humedad se filtre hacia las conexiones o quede estancada en las juntas. En el caso de los radiadores de la cocina, donde la suciedad puede contener restos de grasa, se pueden añadir unas gotas de desengrasante suave al agua. Para terminar, puede repasarse toda la estructura con un paño seco para evitar marcas de agua o posibles puntos de corrosión a largo plazo.

¿Hay que purgar los radiadores tras limpiarlos?

Si al encender la calefacción notas que el radiador hace ruidos de gorgoteo o que la parte superior permanece fría mientras la inferior se calienta, es señal de que hay bolsas de aire en su interior. En ese caso, conviene purgar el radiador siguiendo las indicaciones del fabricante. De forma general, se abre el purgador con la llave correspondiente hasta que deje de salir aire y comience a salir agua de forma continua.

Con la superficie limpia y el circuito a punto, los radiadores quedarán preparados para afrontar el invierno ofreciendo el máximo confort en el hogar.