Florentino Pérez, Agnelli, Al Khelaifi, Ceferin, Infantino, Glazer y Tebas, protagonistas de la guerra de la Superliga

Carmen Vivas

Deportes

De Londres a Madrid: las claves del fracaso de la Superliga en 48 horas

El rechazo unánime de la industria del fútbol acaba con el proyecto en dos días | "No puede seguir adelante", admite Agnelli, el más fiel aliado de Florentino Pérez en esta efímera aventura

En cuestión de 48 horas, el castillo de naipes se vino abajo. La Superliga, anunciada el domingo por 12 de los clubes más importantes de Europa, está herida de muerte tras el rechazo casi unánime de la industria del fútbol.

Los seis clubes ingleses, Manchester United, Liverpool, Manchester City, Chelsea, Tottenham y Arsenal, dieron marcha atrás en bloque el martes por la noche y este miércoles se sumaron Atlético de Madrid, Milan e Inter de Milán. De los 12 quedan todavía tres en el barco, Real Madrid, Barcelona y Juventus. “El proyecto de la Superliga no puede seguir adelante. Debemos ser francos y honestos, evidentemente no es el caso de insistir», sentenció Andrea Agnelli, presidente de la Juventus, en unas declaraciones a Reuters.

¿Qué ha ocurrido para que la mitad de los clubes cambien de opinión en dos días? ¿Qué han hecho mal los fundadores de la Superliga? ¿Hay alguna posibilidad de que todavía prospere el megaproyecto liderado por Florentino Pérez? Analizamos algunas claves sobre lo ocurrido en las últimas 48 horas.

Al margen de todos

Quizá el gran error de los promotores de esta Superliga fue hacerlo a espaldas de todas las instituciones. La idea llevaba sobrevolando años el mundo del fútbol, pero nadie se atrevía a dar el paso porque había demasiados actores en contra: UEFA, FIFA, Ligas y Gobiernos. Tras el anuncio del domingo por la noche, prácticamente ninguna voz, salvo la de los fundadores, se posicionó a favor.

La UEFA amenazó a los jugadores que participaran, la FIFA se posicionó con su socio europeo, las Ligas defendieron sus intereses y las altas esferas políticas también lo rechazaron. Boris Johnson, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez pidieron a los clubes que recapacitaran. «El anuncio (de los clubes ingleses) es el resultado correcto para aficionados y clubes (…) Debemos seguir protegiendo nuestro preciado deporte nacional», celebró este miércoles el Premier británico la decisión de los equipos de la Premier League.

Los aficionados, los ricos y los pobres

La gran baza que tenía que jugar la UEFA para poder aplastar la Superliga, una idea que amenazaría gravemente sus intereses económicos, era movilizar a los que no llevan corbata en la industria del fútbol. Jugadores, entrenadores y aficionados. Si estos alzaban la voz contra la Superliga, la partida caería del lado del ente rector del fútbol europeo. Y así fue: su mensaje de un fútbol para ricos y otro para pobres y la falta de «solidaridad» de los poderosos surtió efecto por mucho que la UEFA haya contribuido -y no poco- a alejar el fútbol de los hinchas y acercarlo a empresas y patrocinadores.

Leyendas ya retiradas como Luis Figo, David Beckham, entrenadores como Josep Guardiola o Jürgen Klopp y aficionados de todos los rincones rechazaron enérgicamente la propuesta de Florentino Pérez. En Londres, incluso, hubo una manifestación el martes en el estadio del Chelsea. «Inventado por los pobres, robado por los ricos», decía una pancarta.

La balanza entre esfuerzo y recompensa

Lo que menos convencía de la Superliga era su formato de competición cerrada, al estilo de las grandes ligas estadounidenses como la NBA, la NFL o la NHL. La idea de los fundadores es que hubiera 15 clubes fijos y otros cinco que se clasificarían cada temporada por méritos deportivos. «El fútbol no es deporte cuando la relación entre el esfuerzo y el éxito, entre el esfuerzo y la recompensa, no existe. No es deporte cuando el éxito está garantizado de antemano. No es deporte cuando no importa si pierdes», indicó Guardiola antes de que su club, el Manchester City, se bajara de la competición.

Sin estrategia de comunicación

Otro de los puntos negros ha estado en la comunicación. Los 12 clubes fundadores enviaron un comunicado el domingo por la noche a las principales agencias de prensa y después lo anunciaron en sus redes sociales. Eso fue todo: ni una rueda de prensa en la que explicar el proyecto, ni un logo, ni una copa, ni una cuenta en redes sociales.

Las primeras explicaciones de Florentino Pérez, nombrado presidente de la Superliga, llegaron 24 horas más tarde y en El Chiringuito, un programa emitido en el canal Mega y que tuvo una audiencia media de 377.000 espectadores. Ni rastro de Florentino, Agnelli y Joel Glazer en las principales cadenas europeas ni en las redes sociales de sus clubes.

Ceferin: «Estos clubes cometieron un gran error. Pero ahora han vuelto al redil y sé que tienen mucho que ofrecer»

¿Y ahora qué?

Se da por descontado que la Superliga queda enterrada. Como dijo Agnelli a Reuters, «el proyecto no puede seguir adelante». La UEFA saludó la decisión de los clubes ingleses y su presidente, Aleksandr Ceferin, echó la mirada al futuro: «Ayer dijo que es admirable admitir un error y estos clubes cometieron un gran error. Pero ahora han vuelto al redil y sé que tienen mucho que ofrecer, no sólo a nuestras competiciones, sino a todo el fútbol europeo».

Pese a que la Superliga no se llegue a celebrar, es difícil que las cosas se mantengan como están tras lo ocurrido en las últimas 48 horas. Doce de los clubes más importantes han dejado claro que quieren cambios en la Champions League, que quieren más dinero, una porción más grande del pastel. Y la UEFA, tarde o temprano, se verá obligada a sentarse a negociar un nuevo acuerdo para evitar un nuevo levantamiento.

El martes, mientras los equipos ingleses se bajaban de una competición a la que no se habían subido de inicio ni el Bayern Múnich ni el multimillonario PSG, L’Equipe publicaba parte de la hoja de ruta de la UEFA: revisar el modelo del Fair Play Financiero para flexibilizarlo y favorecer la libertad de gasto.

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