Empezó su ejercicio con un salto triple que casi aterriza en el suelo. Kamila Valieva, la adolescente prodigio, regresó al hielo de Pekín tras una semana desquiciante. Se elevó a la historia con su oro por equipos el lunes y bajó a los infiernos el martes tras confirmarse su positivo por trimetazidina, un fármaco prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje, en un control del mes de diciembre. De heroína a proscrita. La justicia deportiva le permitió competir en el programa individual a última hora, dando por buena la suspensión de su sanción decretada por las autoridades antidopaje rusas. Una decisión que causó estupor en el Comité Olímpico, que anunció que no celebrará ninguna ceremonia de medallas en la que participe Valieva. Es la protagonista incómoda de unos Juegos geopolíticos, con más peso en los hombros de los que debería soportar una niña de 15 años.

Valieva terminó su ejercicio como pudo. Estuvo muy lejos de su nivel (su mejor marca de la temporada eran 90.45 puntos y se quedó en 82.46) pero fue suficiente para terminar primera en la calificación y meterse en la final con el oro ya casi al cuello. Su primera reacción fue echarse a llorar, en la que posiblemente será la imagen más recordada de Pekín 2022.

La primera mujer en conseguir un cuádruple salto en la historia de unos Juegos Olímpicos se ha convertido en un ariete político más que deportivo. Tras conocerse la sanción -después levantada en base, entre otras cosas, a su condición de menor de edad- el primer apoyo llegó desde el Kremlin.

«Le decimos a Kamila: no ocultes la cara, eres rusa, mantente siempre orgullosa y, lo más importante, compite y gánales a todos», dijo en rueda de prensa el portavoz del gobierno ruso, Dmitri Peskov. Esta última semana, Moscú se ha llenado de gigantes carteles en edificios y marquesinas con imágenes de la patinadora de 15 años y el mensaje «Kamila, estamos contigo».

Carteles en apoyo a Kamila Valieva en grandes edificios de Moscú.

El patinaje artístico, además, es emblema del deporte ruso, al nivel de la gimnasia en los Juegos de verano. Valieva llega a la final con la mejor nota, por delante de su compatriota Anna Shcherbakova -17 años-, la japonesa Kaori Sakamoto –21 años- y la también rusa Alexandra Trusova -17 años. La mejor norteamericana es Alisa Lyu -16 años, octava, muy lejos de la pelea por las medallas-.

Las reacciones de algunas de sus rivales hablan por sí solas. «Es completamente injusto para el resto de competidores. Y también para ella, es una patinadora increíble y no hay ninguna necesidad de doparse», declaró antes de la calificación la china Zhu Yi. «La situación es muy triste», añadió la sueca Josefin Taljegard. Ambas quedaron fuera de la final.

El asunto Valieva se ha convertido en una cuestión de orgullo nacional. Rusia compite sin nombre y bandera desde los escándalos de dopaje de los Juegos de Sochi 2014. Un destierro olímpico que lleva a sus atletas a competir bajo las siglas ‘ROC’, sin himno ni símbolos.

Rusia dice que pudo consumir la trimetazidina por compartir vaso con su abuelo

El enredo con la patinadora es diabólico porque es precisamente esa situación el origen del laberinto. Como los laboratorios rusos no cuentan con la confianza de las agencias internacionales, el positivo de Valieva en diciembre se envió a una sede de la Agencia Mundial Antidopaje en Estocolmo. Sin conocer los resultados de ese contraanálisis clave, la patinadora preparó los Juegos Olímpicos con normalidad y asombró al mundo el 7 de febrero. Un día después llegó la confirmación del positivo desde Suecia, con un timing difícil de comprender.

La agencia antidopaje rusa le aplicó una sanción provisional, que le retiró inmediatamente tras la apelación de Valieva. Los argumentos principales son que el código mundial antidopaje la protege por su condición de menor de 16 años y que además no ha dado positivo en ninguna de las pruebas realizadas en Pekín. Hoy mismo se ha conocido que la defensa de la patinadora asegura que la contaminación por trimetazidina se pudo producir al beber del mismo vaso que su abuelo. El diario ruso Pravda asegura que se trata de una sustancia un poco «rara» para su edad, pues sólo está recetada para mayores de 18 años.

El fármaco detectado en el control de diciembre, la trimetazidina, es un tratamiento contra las anginas de pecho incluido en la lista negra en 2014, tras comenzar a detectarse en números altos y ante la sospecha de que pueda actuar como estimulante de la eficiencia cardiaca. Es el mismo fármaco por el que dio positivo la rusa Nadezhda Sergeeva, que competía en bobsleigh en PyeongChang 2018. Y está emparentado como modulador hormonal con el meldonium, otra de las sustancias que han tenido a Rusia en el ojo del huracán y que provocó la sanción de la tenista Maria Sharapova.