Suenan los primeros acordes de Casta diva y resulta imposible no acordarse de María Callas. No hace falta ser un erudito, no es necesario ser un musicólogo, ni siquiera es obligatorio saber de ópera, la Norma de Bellini inmortalizó a María Callas, aunque, quizá sería más correcto decir que la Callas inmortalizó a Norma, ya que hasta que la soprano griega nacida en Estados Unidos no incorporó el rol de Norma a su repertorio, la obra de Bellini parecía estar destinada al olvido.

La divina cantó Norma en más de 80 ocasiones, de las que quedan innumerables grabaciones de diferente calidad, por supuesto ninguna en el Teatro Real, donde la última vez que se representó fue el 28 de diciembre de 1914.

Un siglo después, el 20 de octubre de 2016, el coliseo madrileño levanta el telón de Norma con la dirección escénica de Davide Livermore y bajo la batuta de Roberto Abbado, una representación que podría calificarse como un estreno puesto que es la primera vez que se representa después de su remodelación.

La ausencia de ‘Norma’ en el escenario del Teatro Real es algo “difícil de creer”

Para el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, se trata de una “obra cumbre” y una de las más populares del repertorio italiano, cuyo prestigio contrasta con su ausencia en el escenario del Teatro Real después de 102 años, algo “difícil de creer”. La obra está protagonizada por uno de los personajes más complicados de interpretar del repertorio belcantista. Norma es una mujer de sentimientos encontrados y múltiples facetas. Es la sacerdotisa, guía espiritual de su pueblo, mujer poderosa, valiente y violenta pero, a su vez, es también madre abnegada, amante abandonada y rival vengativa cuyo inevitable y trágico final es una de las escenas más estremecedoras de la Historia de la Ópera.

Norma se estrenó un 26 de diciembre de 1831 en el Teatro de la Scala de Milán, fue un rotundo fracaso, pero sedujo a un joven Wagner que, aún siendo enemigo acérrimo del belcantismo, encontró en la música del compositor italiano ”auténtica pasión y sentimiento a pesar de su pobreza”.

El reparto principal está encabezado por Gregory Kunde, Maria Agresta y Karine Deshayes

La octava ópera de Bellini ha envejecido con clase y casi dos siglos después de su estreno se han convertido en uno de los títulos más aplaudidos por los aficionados de la ópera. Llega al coliseo madrileño para seducir con una partitura perfecta, llena de emoción y de riqueza melódica; cuenta con un montaje de evocación celta, tan sencillo que recalca los sentimientos de los personajes y un triple reparto de los que emocionan. 

Tres de las grandes voces del momento defenderán el papel protagonista: Maria Agresta, Angela Meade y Mariella Devia. Junto a Gregory Kunde darán vida al romano Pollione los tenores Roberto Aronica y Stefan Pop. Completan el trío protagonista las mezzosopranos Karine Deshayes, Veronica Simeoni yKetevan Kemoklidze en el rol de Adalgisa.

Roberto Abbado sostiene que se trata de una “obra maestra que contiene un respiro muy amplio y es ahí donde reside uno de sus mayores retos”.

Por su parte, Davide Livermore presenta una escenografía discreta y al mismo tiempo impactante. Su apuesta es de una fuerza escénica brutal. ”La idea era poner el enfoque en un objeto: el árbol sacro, que representa un objeto totémico. En este árbol empieza la vida de una sacerdotisa, es donde puede ver el futuro y, al mismo tiempo, es el lugar en el que se puede imaginar el fin de su historia llena de contradicciones”.

Para Livermore, la mayor dificultad de este trabajo ha sido convertir en hechos una partitura que está llena de pasión. “Este tormento maravilloso no podía ser una puesta en escena estática, necesitaba un soporte de cuerpo, de acción, de sangre y pasión que van implícitos en la partitura”.