La historia del arte español de la segunda mitad del siglo XX empieza y termina con dos capítulos museológicos que muestran la capacidad transformadora del arte en la sociedad: la apertura del Museo de Arte Abstracto de Cuenca en 1966 y la apertura del Museo Guggenheim en 1997. La mutación cultural y urbanística asociada a la creación del museo bilbaíno se conoce como efecto Guggenheim; un cambio que dejó atrás la imagen internacional del País Vasco de crisis y crímenes terroristas. Un caso paradigmático al que se han aferrado ciudades de todo mundo para contratar un famoso arquitecto, construir un centro de arte con prestigio espectacular y dejar atrás el pasado para abrazar la reconversión económica en forma de pelotazo cultural y turístico.

Pero esa forma de tomar el arte como palanca para impulsar a la sociedad hacia el futuro ya se vivió antes, de otra manera, en Cuenca. Cuando abrió el Museo de Arte Abstracto de Cuenca la ciudad apenas era conocida en el mundo y dentro de España lastraba el estigma de un solo crimen, el crimen de Cuenca, que ni siquiera existió. Quizá porque la inversión no fueron miles de millones de pesetas, quizá porque su museo no tiene paredes de titanio y sólo recuperó unas casas del siglo XV de piedra, madera y teja, pero el caso es que la transformación de Cuenca que hizo Fernando Zóbel al crear el Museo de Abstracto no es conocida como el efecto Museo Arte Abstracto de Cuenca. Sin embargo el museo, que abrió en junio de 1966 y cuya colección ampliada y reestructurada se presenta al público el 4 de noviembre para celebrar sus 50 años, cambió profundamente a la ciudad e impactó decisivamente en el renacimiento cultural de un país instalado en el erial intelectual del franquismo.

Casas Colgadas de Cuenca

Casas Colgadas de Cuenca

“Cuenca era la ciudad del crimen, me lo decían cuando viajaba por España y ahora es la del arte y la gente ya no ve a éste como una cosa rara y ves casas con cuadros abstractos colgados porque hay una familiaridad”, cuenta el nonagenario Gustavo Torner, artista fundador junto con Fernando Zóbel del museo. “Cuando hice mi primera exposición en Cuenca en 1955 no había una sala en toda la ciudad en la que poder exponer. Me dejaron un espacio junto a la Diputación que estuve limpiando durante días porque había hasta ratas”, añade Torner.

Cuenca era la ciudad del crimen, me lo decían cuando viajaba por España, ahora es la del arte”

La llegada a la deprimida, envejecida y empobrecida parte alta de la ciudad de los años 60 de un grupo de creadores decididos a abrir el primer espacio expositivo de arte contemporáneo en España fue todo un advenimiento para la pequeña capital de provincia. Fuencisla Zomeño Torner, sobrina del escultor y directora de Espacio Torner, un pequeño museo con la obra del artista ubicado en la antigua iglesia de San Pablo de Cuenca, vivió el nacimiento del museo con 11 años: “Aquello fue un acontecimiento, nos convertimos en una ciudad con arte moderno que cambió la parte alta de la ciudad, y dejamos de ser la ciudad del crimen”. Zomeño vivió su infancia y su juventud rodeada de artistas y estudiosos del arte, algo que no era generalizado, pero describe el ambiente cercano al centro de arte: “yo estaba siempre en la parte alta, nos sentábamos en las escaleras de la catedral y allí se formaban corrillos alrededor de artistas en la plaza Mayor, no era raro ver a Zóbel hablando con jóvenes”.

La llegada del museo no fue comprendida ni bien recibida por todos, “los del Casino de la parte baja de Cuenca llamaban a los artistas los maricones de la parte alta”, recuerda Zomeño. Claro que en aquel momento tampoco se valoraba suficientemente la belleza de la ciudad por la que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996. “Cuando mi tío se compró una casa en la parte alta la gente decía que si estaba loco, que para qué quería una casa allí. La parte alta era un lugar muy pobre y abandonado y no tiene nada que ver a como es ahora que siempre hay turistas”, asegura Zomeño.

El museo fue una necesidad para España y para el arte del momento. Vivimos de Cuenca durante muchos años”

La modernidad que se instaló en Cuenca en 1966 requería, como el país en general, una cocción a fuego lento desde el punto de vista del cambio social, pero en el mundo del arte tuvo efectos inmediatos. Así lo cree Soledad Lorenzo, la galerista por cuyo espacio ha pasado el arte contemporáneo más importante del mundo hasta su cierre en 2012: “El museo fue una necesidad para España y para el arte del momento. Vivimos de Cuenca durante muchos años. Nos nutrimos de lo que estaba pasando allí. El arte contemporáneo estaba revolucionando todo el mundo y llegó a España gracias a este museo, en vez de en Madrid llegó a Cuenca. En aquel momento España no tenía nada y se convirtió en una referencia necesaria que cubrió durante muchos años ese vacío. Nos ayudó a tener algo de arte del presente ya que el Estado estaba muy perdido. En Cuenca se creó un mundo en el que el artista era el gran protagonista y se profesionalizó el arte con mayúsculas. El proyecto de Zóbel fue muy ambicioso porque señalaba y marcaba qué se consideraba arte y había que plantearlo en una sociedad que en ese momento era muy ignorante”.

Zóbel dibujando en su estudio.

Zóbel dibujando en su estudio.

En ese “vivir de Cuenca” que señala Lorenzo llegaron los visitantes del museo: “era muy agradable hacer excursiones a Cuenca a ver exposiciones”, recuerda la galerista. Rosa María Castells, conservadora del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), incide en cómo la ciudad se convirtió en una fuente de modernidad artística y estética para España: “Cuenca transformó el arte en todo el país, todo el mundo iba a Cueca a ver el museo y volvía con un cartel con una reproducción de alguna de las obras. Y esos póster se veían en casas, bares o consultas de dentistas de toda España”. Si bien la modernidad sociopolítica seguía otro ritmo “dio una imagen de España renovada que entraba en contradicción con el régimen existente, aunque éste se benefició de lo que pasaba en Cuenca y sus artistas porque mostraban la cara más moderna del país en aquel momento”, añade Castells.

Cincuenta años después de la apertura del museo, Cuenca es la capital del arte abstracto

Cincuenta años después de la apertura del museo, Cuenca es la capital del arte abstracto, la estación del AVE está dedicada a la Fernando Zóbel, son varios los centros de arte que alimentan la programación cultural de la ciudad y “hasta las vidrieras abstractas de su catedral tienen su raíz es la influencia del museo”, como atestigua el artista Rafael Canogar, uno de lo creadores presentes desde el día uno en la colección permanente. “Cuenca tiene una formación en el gusto y en su educación por causa del museo. Vas a comer a un restaurante y tienen reproducciones del museo. La taxista que me ha llevado a la estación me ha dicho, cuando se ha dado cuenta de que era Canogar que tenía reproducciones de mis cuadros en su casa. El museo ha impregnado a la ciudad de una forma que no es corriente”.

Una generación única

Alfred H. Barr, fundador y primer director del MOMA de Nueva York describió el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, cuando lo visitó en 1967 como “el museo pequeño más bello del mundo”. Unos años antes de la inauguración del espacio, “el MOMA y el Guggenheim se disputaron poder ofrecer una exposición colectiva del nuevo arte que se estaba haciendo en España, pese a ser arte abstracto el mundo observó características y raíces propias entre los artistas”. Así lo recuerda Canogar, quien atribuye un especial mérito a Zóbel a la hora de seleccionar las mejores obras de la nueva generación de artistas que estaba deslumbrando al mundo “supo recoger las obras más significativas de estos artistas para el museo, me acuerdo perfectamente cuando eligió en mi estudio mi cuadro Toledo, fue algo muy inusual”. Como apunta Soledad Lorenzo “el museo lo creó un artista, junto con otros artistas y amigos, pero sobre todo lo creó un amante de lo que estaba ocurriendo”.

Fundación Juan March

Fundación Juan March Foto: Fundación Juan March

Además del especial entorno de Cuenca y la particularidad de las Casas Colgadas de las que mantuvieron sus intrincadas habitaciones y espacios “una de las cosas que más gustaba eran las habitaciones blancas y espaciosas, ahora la mayoría de los museos son así pero entonces fuimos unos pioneros en lo que ahora llaman museografía, cuando abrimos el museo la gente pudo ver lo que era la modernidad”, recuerda Torner.

En la inauguración del museo estaban presentes las tendencias fundamentales del arte abstracto español

En la inauguración del museo estaban presentes las tendencias fundamentales del arte abstracto español. Contaba con obras de los miembros de El Paso como Rafael Canogar, Luis Feito, Martín Chirino o Manolo Miralles; también estaban algunos de los artista de Dau al Set, como Modest Cuixart y Antoni Tàpies; además estaban creadores clave para la renovación del lenguaje artístico español Eduardo Chillida, José Guerrero, Gerardo Rueda, Gustavo Torner, Eusebio Sempere y Fernando Zóbel.

Obras de Guerrero, Torner y Zóbel en el museo

Obras de Guerrero, Torner y Zóbel en el museo

Cincuenta años después el museo, por el que ha velado la Fundación Juan March la mayor parte del tiempo, se ha puesto al día tras acometer reformas y cambiar la presentación de la colección, que en términos generales mantiene las líneas que trazó Zóbel. “La idea no ha variado esencialmente desde su nacimiento y la fórmula de éxito no se va variar con cincuenta años a sus espaldas. Zóbel tenía una idea de museo pequeño en el que lentamente fueran rotando sus fondos. Y eso es lo que se ha mantenido estos 50 años y lo que la redistribución de la colección se mantiene desde el 4 de noviembre. La inmensa mayoría de las obras ya han estado colgadas y la exposición actual es fiel a la filosofía que impulsó Zóbel: ver pocas obras, pero verlas bien; mostrar mejor lo que ya había y mostrar algunas obras más e igual de bien que en los últimos años”, explica Manuel Fontán, director de Exposiciones de la Fundación Juan March.

Valioso legado generacional

Además de transformar la ciudad y traer la modernidad al Arte en España el legado generacional y la expansión del espíritu de Cuenca se ha extendido en museos, fundaciones y salas que muestran las obras de sus creadores que o bien las donaron a instituciones creadas por ellos o por sus familiares o directamente las han entregado a museos e instituciones para que las mantengan y exhiban. Hoy son 15 los centros de arte que en toda España acogen colecciones monográficas o generacionales de estos artistas, instituciones como la Fundación Chirino de Las Palmas, la Fundación Tàpies de Barcelona, el Centro José Guerrero de Granada, o el Espacio Torner de Cuenca. Eso sin contar, como señala Manuel Fontán, que “hay obras de estos artistas en casi todos los museos de arte contemporáneo y en calles de ciudades de toda España”.

El primero en continuar con el espíritu de Cuenca fue Eusebio Sempere que donó a la ciudad de Alicante, hace 39 años, su colección de arte contemporáneo formada por obras de artistas presentes en Cuenca y otros coetáneos para crear el Museo de la Asegurada. “Sempere como otros artistas de la época sentían que tenían que acercar las creaciones contemporáneas a los ciudadanos como su contribución a los cambios que vivía el país”, explica la conservadora del MACA, institución que nació de la renovación del museo que creó Sempere en el centro histórico de la ciudad.

El Espacio Torner iba a ser una sucursal en Cuenca del Reina Sofía, pero cambió el Gobierno y se paró el proyecto

Se trata de espacios con diferente nivel de recursos, unos están apoyados por instituciones y otros como el Chillida Leku y el Espacio Torner han estado cerrados por falta de recursos. El propio Torner tuvo que vender obras de su colección para reabrir su espacio, “ahora no colabora nadie, ni siquiera el Ayuntamiento que antes pagaba la luz y ahora ni eso”. Cuando Torner abrió su sala lo hizo por invitación del Ministerio de Cultura y su espacio “iba a ser una sucursal en Cuenca del Reina Sofía, pero cambió el Gobierno y se paró el proyecto”.

En este sentido apunta la opinión de Canogar: “a mí me han ofrecido un espacio en Toledo, pero estas cosas hay que tomarlas con cautela, especialmente si el centro no es privado y tienes que tratar con políticos. La política es peligrosa porque hoy está un político pero luego cambia…”

La generación de los abstractos españoles es una generación que ha evolucionado en el tiempo con apoyo institucional y con el reconocimiento social, pero como señala Canogar “el tratamiento a unos y a otros artistas de esta generación ha sido desigual, unos han sido mejor tratados que otros pero ha sido algo circunstancial. El tiempo es quien hace la criba y el arte hay que verlo con distancia, pero en aquel momento todos los artistas de Cuenca fueron importantes2. Con 50 años de distancia es posible ver, en la ciudad y en el arte español, el efecto que causó un grupo de artistas que se subió a las casas viejas de la parte alta de Cuenca a exponer arte abstracto.