Cuando el 17 de febrero de 1980 pusieron los pies en la cima del Everest (8.848 metros) los montañeros Krzysztof Wielicki y Leszek Cichy en la primera ascensión invernal aún le quedaban casi dos años para nacer a Alex Txikon, el menor de 13 hermanos de una familia de Lemoa (Vizcaya). Casi 36 años después de la gesta polaca, el alpinista vasco intentará una hazaña inalcanzable para el hombre hasta ahora: hollar la montaña más alta del planeta en invierno y sin oxígeno artificial, que sí utilizaron Wielicki y Cichy.

Se trata de un desafío deportivo, sí. Pero es mucho más. En la práctica será también una suerte de experimento científico: conocer la resistencia del ser humano ante unas condiciones de frío severo (hasta 50 grados bajo cero), viento extremo (las rachas pueden superar los 150 kilómetros por hora) y escaso oxígeno por la altitud. Nadie ha conseguido hacer cumbre en el Everest en esta época del año sin ayuda de bombonas, lo que constituye uno de los retos pendientes en el himalayismo. Y nadie se ha atrevido siquiera a intentarlo desde hace 23 años, lo que da una idea de que es un sueño difícilmente alcanzable. Un «reto sobrehumano», como Txikon ha apellidado la expedición que está a punto de emprender.

Bien lo sabe este aizkolari, que en un ejercicio de sinceridad reduce a no más de un 10% las posibilidades reales que tiene de pisar el techo del mundo antes del próximo 20 de marzo, cuando se despide el invierno. Sólo tener la oportunidad de lanzar un ataque a cumbre lo consideraría un éxito. Incluso menos: alcanzar los 7.000 metros, ligeramente por debajo de la cota que marca lo que se conoce como ‘zona de la muerte’ por el riesgo que sufre el cuerpo humano al reducirse el nivel de oxígeno por la altitud. Ello espesa la sangre y dispara el riesgo de edemas.

Claro que tampoco era fácil lo que el italiano Reinhold Messner y el austriaco Peter Habeler consiguieron el 8 de mayo de 1978: conquistar la cima del Everest sin ayuda de oxígeno artificial. «También se veía imposible y lo lograron», expone Txikon casi cuatro décadas después de aquella hazaña, reservada exclusivamente para los grandes alpinistas y no para los turistas de las expediciones comerciales que cada año hacen cola en las laderas de la montaña camino de la cima.

El montañero vasco Alex Txikon, durante la presentación de la expedición este viernes en Bilbao.

El montañero vasco Alex Txikon, durante la presentación de la expedición este viernes en Bilbao. EP

El próximo 25 de diciembre, Día de Navidad, Alex Txikon pondrá rumbo a Nepal para afrontar su expedición más comprometida desde que con tan sólo 21 años coronó su primer ochomil, el Broad Peak (8.051 metros). Si todo se cumple según lo planificado, estará instalado en el campo base en torno al 5 de enero, con lo que dispondría de más de dos meses para aclimatarse a la altura, inspeccionar el estado de la montaña y esperar pacientemente una ventana de buen tiempo que le permita ir a cumbre con ciertas garantías.

Para este reto, se apoyará en un reducido equipo de colaboradores y no contará con la ayuda de ningún gran alpinista internacional, a diferencia de lo que ocurrió este año cuando formó cordada con el italiano Simone Moro y el paquistaní Muhammad Ali ‘Sadpara’ para firmar la primera cumbre en invierno en el Nanga Parbat (8.126 metros). En 2015 tuvo que darse la vuelta cuando se encontraba a 275 metros de la cima.

Carlos Rubio, la gran promesa

Desde el campo 2 (6.750 metros) en adelante, Txikon tan sólo estará acompañado por el joven madrileño Carlos Rubio, una de las grandes promesas del montañismo español. Entre sus últimos logros está la escalada en los Alpes de la ruta conocida como Divina providencia, considerada la vía más difícil de roca en el ascenso al Mont Blanc y que le valió el premio de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) en la categoría de alpinismo europeo en la edición de este año.

La expedición sí incluye a cinco escaladores nepalíes que se encargarán de equipar la peligrosa cascada de hielo del Khumbu, situada entre el campo base (5.400 metros) y el campo 1 (6.200) y uno de los grandes escollos de la ruta de ascenso. Una avalancha provocada por el derrumbe de un serac causó allí la muerte a 16 sherpas el 18 de abril de 2014, uno de los días más negros en la historia del himalayismo.

Alex Txikon, en el campo 3 del Nanga Parbat durante el exitoso ascenso del pasado invierno.

Alex Txikon, en el campo 3 del Nanga Parbat durante el exitoso ascenso del pasado invierno. ALEX TXIKON

Entre conferencia y conferencia, Alex Txikon ha planificado de forma meticulosa durante los últimos meses esta expedición, sin duda espoleado por el formidable éxito conseguido en el Nanga Parbat el pasado 26 de febrero. Ésta se convirtió en su segunda cumbre invernal, tras haber coronado el Laila Peak (6.096 metros) tres años antes.

Entre los once ochomiles que ha ascendido no figura el Everest, como tampoco el Kangchenjunga y el K2, montaña ésta que ha intentado dos veces y en la que ha llegado a alcanzar los 7.400 metros. Pero el montañero vasco conoce bastante bien el techo del mundo ya que hasta los 7.500 metros comparte ruta con el Lhotse (8.516 metros), pico que holló el 21 de mayo de 2013. La subida la hará por el collado Sur -la que utilizaron Edmund Hillary y Tenzing Norgay cuando estrenaron en mayo de 1953 el historial de escaladores que hicieron cumbre- y su intención es colocar el último campo de altura (el 4) a 8.000 metros, con lo que el día del hipotético lanzamiento a cumbre tendría que superar un desnivel de algo menos de 900 metros.

«El día de intento de cumbre trataríamos de tirar muy pronto para estar arriba a las cuatro de la tarde como tope, de modo que podríamos estar a las 12 de la noche en el campo 4 de vuelta. Pero no me quiero presionar. Quiero vivir cada momento, no poner fecha y tener paciencia», observa Txikon. Éste no es muy optimista con la previsión meteorológica y está convencido de que el viento les dará poco margen para plantearse el ascenso final. «A lo que más temo es a las condiciones climáticas. Para las técnicas estamos preparados», añade.

Documental de la gesta

Entre los expedicionarios también figuran un director y realizador, Aitor Bárez, y un cámara especialista en filmaciones en altura, Pablo Magister, que tomarán imágenes con la intención de hacer un documental «llamado a ser una referencia sobre las grandes gestas humanas».

A las 14.25 horas del 17 de febrero de 1980, con voz cansada el polaco Leszek Cichy se dirigía por radio al campo base: «¡Adivinad dónde estamos!». Junto a Krzysztof Wielicki, acababa de firmar una gesta en la historia del montañismo al convertirse en los primeros escaladores en subir al Everest en la temporada invernal. Al cabo de 36 años, Alex Txikon sueña también con poder comunicarse con su equipo de apoyo en el mismo campo base para anunciar que han hecho cumbre en invierno y sin oxígeno. Será prácticamente imposible, pero el aizkolari de Lemoa es duro como un tronco y buscará su opción para escribir una página gloriosa.