Una habitación cerrada y un tiempo para salir de un sala llena de zombis, para salvar el mundo o para evitar la explosión de una bomba. Ese es el planteamiento de la nueva moda en el sector del ocio: las scape rooms o salas de escape. Son espacios cerrados en los que el jugador tiene que superar pruebas de lógica, resolver puzzles y hallar la respuesta a acertijos para poder abrir la cerradura que le devuelva a la libertad y superar, de esta manera, el desafío.

La afición por estos espacios no ha parado de crecer en los últimos meses. De hecho, ya está proyectado en Barcelona el mayor centro de ocio de este tipo de todo el continente europeo.

Situado en la zona de Port Fòrum, recibirá el nombre de Game Point Center y la idea es que, con el paso del tiempo, acabe siendo la sede de espacios dedicados a la realidad virtual y a otro tipo de actividades de ocio. De momento, en cualquier caso, acogerá 18 salas de escape que estarán repartidas en un espacio de más de 3.000 metros cuadrados.

La inversión inicial será de tres millones de euros, pero con el tiempo los planes pasan por dedicar hasta 15 millones de euros que acaben destinados a mejoras y a la sostenibilidad del espacio. Se crearán 35 puestos de trabajo y las previsiones hablan de 100.000 visitantes en los dos primeros años.

En Madrid hay actualmente 23 espacios dedicados a salas de escape, si bien hay muchos que cuentan con varias de ellas para que el jugador pueda probar nuevas aventuras, mientras que en Barcelona hay hasta 42.

Una de las más populares es Fox in a Box, que está en la zona histórica de Madrid. Está enfocada sobre todo en una cuidada ambientación que sirve para lograr que el jugador se meta de lleno en la historia. Como en casi todas, cuentan con un equipo de especialistas que ayudan al usuario si está atascado en algún momento. Desde su apertura en el año 2015, más de 10.000 personas han jugado a las aventuras de esta sala de escape, pero apenas un 50% han conseguido resolver todos los acertijos.

Una de de las salas de escape de Fox in a Box.

Una de de las salas de escape de Fox in a Box.

Otra de las que se encuentra en la capital de España es Hermético, que abrió sus puertas el pasado mes de septiembre. Aficionados a los juegos de escape, se decidieron a poner en marcha su propia idea a comienzos del año pasado, pero tardaron algo de tiempo en tenerlo todo en marcha. «Vimos una oportunidad en este tema y nos pusimos manos a la obra», cuentan a El Independiente. «Dos de nosotros teníamos un negocio previo y lo vendimos para embarcarnos en este proyecto, al que luego se sumó el tercer socio».

Poner en marcha un negocio de este tipo no es fácil. «La inversión inicial puede cambiar mucho, según el tipo de negocio que se quiera desarrollar», cuentan. Una sala de escape se puede crear sin demasiada inversión inicial, pero la factura va engordando según se quiere mejorar la ambientación, aumentar el número de espacios o introducir elementos tecnológicos.

«Nosotros, por temas legales, queríamos un espacio bien habilitado para no tener problemas con la administración», dicen. «También decidimos que buscaríamos un local céntrico con suficiente espacio para tres o cuatro salas. Eso fue difícil y se prolongó mucho en el tiempo ya que hay que tener mucho cuidado con los permisos para locales, sótanos, altillos…». El espacio y la situación, como en muchos otros negocios, es clave. Tener cuatro o cinco aventuras diferentes hace que los jugadores vuelvan si su primera experiencia les ha gustado.

Más popularidad

Los comienzos para Hermético, como para todos, fueron difíciles. «Hay que echarle muchas horas, darse a conocer poco a poco y hacer las cosas bien para que funcione el boca a boca», explican. La experiencia del jugador es clave para que difunda entre sus conocidos si la sala cumplió sus expectativas, es una actividad que se basa mucho en la recomendación entre conocidos.

Las salas de escape están ganando una fama que, hace unos pocos años, no podían imaginar. «La actividad es relativamente nueva, pero la gente ya empieza a conocerla», dicen en Hermético. Lo cierto es que los aficionados van visitando nuevas aventuras y están exigiendo unos estándares de calidad que los organizadores deben satisfacer. «La calidad de la ambientación de las salas es mayor, hay que cumplir con los clientes. Probablemente, hace dos años no habría problema con tener unos escenarios algo más pobres, pero no ahora».

En el caso de los chicos de Hermético, decidieron optar por abaratar los costes ya que «nos encargamos nosotros mismos de la obra. No es algo nuevo, sabemos que hay otras salas que también han hecho lo mismo». Esta es una manera tan buena como cualquier otra de abaratar costes y de conocer a la perfección la aventura, creando la ambientación y el escenario. «Los gastos se disparaban bastante, así que nos liamos la manta a la cabeza sin tener demasiada experiencia», afirman.

Tras eso, sólo quedaba que el público respondiera. Y lo está haciendo. «Estamos contentos de cómo ha ido la evolución, los comentarios e impresiones que recibimos de nuestros clientes son buenos y muchos han venido a hacer el resto de salas», cuentan.

La mezcla de pruebas de ingenio y lógica con la adrenalina que va creciendo según el reloj continúa su cuenta atrás hacen de las salas de escape una gran opción de ocio. Son una buena alternativa para los planes habituales y crean una buena atmósfera entre los jugadores. La clave está en si serás capaz de escapar de escapar de la sala antes de que el crono marque Game Over.