El 1 de febrero del año 2013 Netflix puso la primera piedra de su multimillonario imperio. La compañía ya llevaba años en marcha, pero fue esa fecha la que convirtió a la plataforma en un verdadero éxito global. Era el día en el que se estrenó su primera producción propia: House of Cards.

Desde entonces, los bombazos han ido uno detrás del otro. Orange is the New Black, Bloodline, Narcos, Unbreakable Kimmy Schmidt, Love, Stranger Things... La lista es larga. Todos estos títulos comparten la característica de que han sido un éxito de crítica y público disparando el prestigio de la compañía de Los Gatos. Los premios no tardaron en llegar, los últimos por la gran factura de The Crown, la serie sobre la vida de Isabel II de Inglaterra.

Hasta ahora.

La racha se ha roto con Iron Fist (tranquilos, no habrá spoilers), la última colaboración entre Netflix y Marvel. Es la cuarta serie en la que colaboran la plataforma y la Casa de las Ideas, después de los estrenos de Jessica Jones, Daredevil y Luke Cage, el resto de los integrantes de The Defenders. Esta joint venture cerrará el círculo con una trama en la que estarán presentes los cuatro héroes que habitan en diferentes barrios de Nueva York.

Este viernes, pasado un minuto de las 9 de la mañana en España, se podrá ver la serie basada en las aventuras de Danny Rand, el puño de hierro, y su lucha contra La Mano, la organización ninja que vive oculta en la urbe estadounidense, pese a que su base de operaciones está en Japón.

A nivel técnico hay poco que reprocharle a Netflix. Como ya viene siendo habitual, la factura es más que buena, pero de poco sirve que la presentación del plato sea brillante si luego cuesta una barbaridad tragarlo.

Eso es lo que sucede con Danny Rand y su vuelta a Nueva York, buscando reconquistar la empresa que levantó su padre y que ahora controlan sus dos amigos de la infancia.

Esta dupla, formada por Joy y Ward Meachum, la prole de Wendell, el otro fundador de Rand Enterprises, continúa con la tónica de Marvel de presentar malos malísimos que dan verdadera pena. Sólo se salva el Kingpin de Vincent D'Onofrio en Daredevil y la primera media hora del Kilgrave que le hace la vida imposible a Jessica Jones. Y si al personaje de David Tennant le quitan el acento británico, ni eso.

Lento arranque

Ya desde la primera escena se ve una narración de la historia lenta, con una presentación de los personajes y su papel en la trama demasiado torpe para lo que nos tiene acostumbrados Netflix. En los episodios iniciales es complicado ver una evolución de nada, incluidos unos primeros compases con situaciones enrevesadas que no se acaban de comprender. El segundo capítulo, sanatorio mental mediante, es casi dantesco.

Comentario aparte merecen los poderes del protagonista. En teoría, Iron Fist puede concentrarse en su chi y así convocar el poder del puño de hierro, que puede destruir prácticamente todo lo que se le ponga por delante. Además, está entrenado en artes marciales por monjes guerreros del Himalaya. No se entiende, entonces, que el bueno de Rand esté postrado en una cama sujeto por cuatro correas de pacotilla, como cualquier hijo de vecino.

El tedio de los primeros episodios se disipó un instante cuando apareció en escena Carrie-Anne Moss, la legendaria Trinity de Matrix, pero el sopor volvió con fuerza cuando se presenta como una abogada que ayuda a Rand en unas negociaciones corporativas para mantener sus acciones en la empresa que fundó su padre.

¿Un tío que viene de un universo paralelo y que ha derrotado a Shou-Lao el Inmortal para conseguir el poder del puño de hierro tiene que negociar por sus acciones? De toda la vida esto se ha solucionado con un enfrentamiento épico con el villano de turno, no en un despacho rodeados de abogados. Tras años aprendiendo artes marciales en la ciudad mística de K'um-Lun, a uno se le supone cierto poso para solventar los problemas a mamporro limpio.

La narración que ha planeado Scott Buck, creador de la serie, es también algo torpe. La serie de flashbacks con la que nos cuentan cómo fue el accidente que acabó con la vida de la familia del protagonista se van sobreponiendo sin demasiado sentido a la vez que avanza la acción, pero en realidad no muestra nada más allá de un choque aéreo.

Es cierto que la colaboración entre Marvel y Netflix ha tenido sus luces y sombras. Jessica Jones abrió las hostilidades con una serie sobria, de final decepcionante, y Daredevil marcó el camino con un buen debut y una brillante segunda temporada. Luke Cage, que levantó expectación, comenzó la cuesta abajo de la que no se ha librado Iron Fist.

https://www.youtube.com/watch?v=wBZtM8q2Z1g

Ahora sólo queda fiarlo todo al batiburrillo que van a formar este peculiar cuarteto combatiendo en las calles para salvar Nueva York de una amenaza de la que todavía sabemos bien poco. Las primeras informaciones sí revelan que la serie se estrenará este año, aún sin fecha fija, y que los showrunners serán Douglas Petrie y Marco Ramirez, los responsables de la segunda temporada de Daredevil. Ya es algo a lo que agarrarnos.