La ópera, a lo largo de su historia, ha cantado a muchos tipos de amor, al romántico (El barbero de Sevilla, Tosca), al prohibido (La Traviata), al familiar (Rigoleto), al amor al poder (Roberto Deveraux), incluso, al amor a la patria (Andrea Chenier). Probablemente el que más se eche de menos, el que más escasea es justo el más ritualizado: el amor conyugal. Ochenta años antes de que Beethoven ensalzara la lealtad matrimonial con su Fidelio, Georg Friedrich Händel se dejó seducir por la fidelidad de la reina de Lombardía y plasmó su historia en Rodelinda, obra que se convirtió en una de sus composiciones más respetadas desde su estreno en Londres en 1725.

El Teatro Real apuesta por esta obra que rezuma una música cautivadora, una historia repleta de coherencia y solidez dramática que se presenta en su primera versión escénica en España con nueve funciones entre el 24 de marzo y el 5 de abril. Se trata de una coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, la Ópera de Fráncfort y la Opéra de Lyon que cuenta con Claus Guth como director de escena y que sonará bajo la batuta de Ivor Bolton.

Basada en la obra del dramaturgo Pierre Corneille, Pertharite (1652) en Rodelinda Händel reivindica como indestructibles los cimientos del matrimonio. La historia se desarrolla en Milán, en el palacio de los reyes de Lombardía, donde Rodelinda, devastada por la aparente muerte de su esposo, el rey Bertarido, y ante su miedo por el futuro de su hijo, trata de desafiar al dictador Grimoaldo, quien ha usurpado el trono y pretende convertirla en su esposa para consolidar su poder.

Esta obra fue escrita en un periodo «muy floreciente y de gran explosión» creativa de Georg Friedrich Häendel

Ivor Bolton, director musical del coliseo madrileño, destaca que esta obra fue escrita en un periodo «muy floreciente y de gran explosión creativa» de Händel, un tiempo en el que escribió otras dos obras esenciales: Julio César y Tamerlano. “Händel contaba con los mejores cantantes de la época, no en vano su posición como empresario le permitió contar para el estreno con la soprano Francesca Cuzzoni, el tenor Francesco Borosini y Senesino”, uno de los mayores castrati de la historia, uno de los cantantes favoritos de Häendel por la tesitura de su voz y sus magníficas florituras. Curiosamente, la pareja Cuzzoni-Senesino fue también la responsable de estrenar, el 20 de febrero de 1724, su versión de Julio César.

En el siglo XXI, Rodelinda cuenta con un elenco formado por las sopranos Lucy Crowe y Sabina Puértolas, que se alternarán en la interpretación de la reina lombarda; los contratenores Bejun Mehta y Xavier Sabata (Bertarido) y Lawrence Zazzo y Christopher Ainslie (Unulfo), los tenores Jeremy Ovenden y Juan Sancho (Grimoaldo), las mezzosopranos Sonia Prina y Lídia Vinyes-Curtis (Eduige) y los bajos Umberto Chiummo y José Antonio López (Garibaldo).

Para explicar la complicada nomenclatura de los personajes, tan extraños al oído actual (Bertarido, Gundeberto, Eduige, Grimoaldo o la propia Rodelinda),  Claus Guth, director que debutó en el Teatro Real el año pasado con su particular versión de Parsifal, arranca la representación con «una genealogía que la hace entendible».

El hijo de Rodelinda, un personaje sin voz en la partitura, resulta fundamental en la versión de Guth

Si el año  pasado Guth trasladó la acción de la ópera de Wagner a un sanatorio repleto de supervivientes de guerra, en esta ocasión pulula por un escenario indeterminado en el que se asienta una gran mansión con diferentes niveles donde todos los personajes luchan por ascender. “Rodelinda es teatro puro, respira una fascinante actualidad”, explica. No es para menos. Nos encontramos ante la eterna lucha por el poder, un asunto incombustible, que en esta ocasión se narra a través de los ojos de Flavio, el hijo de Rodelinda, un personaje sin voz en la partitura, pero fundamental en la versión de Guth, ya que a través de sus pesadillas, de su mirada y de sus dibujos infantiles proyectados sobre los muros de la casa, se clarifica la trama y se transporta al espectador para ayudarle a comprender el perfil psicológico de cada personaje.

Para Guth la batalla librada en el palacio de los reyes de Lombardía, la supuesta muerte del monarca, la desolación de su viuda y la lucha fratricida de dos hermanos por el trono, no es nada que sorprenda al espectador del siglo XXI “sobresaturado de información y acostumbrado a seguir en los medios las peleas por el poder incluso dentro de los partidos políticos”.

Se trata de una historia atemporal con situaciones de absoluta actualidad que, además, ponen de relieve conflictos familiares»

Guth sostiene se trata de una «historia atemporal con situaciones de absoluta actualidad que, además, ponen de relieve conflictos familiares”. Lo que más le atrae de Rodelinda es que “a pesar de ser prisionera en su casa, consigue manejar la situación desde su propia debilidad para transformarla en fortaleza”.

En este sentido, Bolton matiza que Rodelinda refleja los grandes conflictos. “Nos permite reflexionar sobre el hecho de que el ser humano repite siempre los mismos errores. Al igual que ocurre en Reino Unido con el Brexit, que está dividido de forma visceral entre quienes quieren quedarse y quienes quieren irse».

Acostumbrado a nadar en muchas aguas, especialista en música barroca y reputado clavecista, Ivor Bolton confiesa que le habría resultado muy fácil “contratar a una orquesta barroca» pero, aunque se ha contratado a un especialista en esta época y se utilizarán réplicas de instrumentos de la época, ha preferido que sean los músicos del Real quienes interpreten la partitura de Händel. “Adoro la filosofía de la orquesta del Teatro Real, su capacidad de trabajo y su ambiente, además soy absolutamente leal a la orquesta con la que trabajo”, concluye.