Los puestos no estaban tan abarrotados como de costumbre. Era lunes, día del mercado. Guernica no sonaba como era habitual las horas en que la feria invadía su plaza. El alcalde del pueblo sabía que estaban cerca. El País Vasco llevaba meses recibiendo ataques y todas las poblaciones se mantenían alerta. Ante el previsible hundimiento del frente en Lekeito y Markina, Guernica se había llenado de desterrados y estaba preparado, le había dado tiempo a construir cinco refugios y había diseñado un sistema de alarma por si aparecían.

Hablamos del 26 de abril de 1937 y de cómo Guernica estaba a punto de arder bajo las bombas incendiarias de la Legión Cóndor alemana que apoyaba al general Franco en la Guerra Civil española. A las cuatro de la tarde empezó una larga agonía con un bombardeo ligero sobre las calles. «Corrimos hacia el centro para prestar auxilio a las víctimas, que sin duda alguna tenían que ser numerosas. Creíamos que el peligro había pasado y que el enemigo se daba por satisfecho con el castigo infligido». Sólo era la primera fase.

El bombardeo de Guernica duró más de tres horas y se dividió en cinco fases, tal y como señala Xavier Irujo en su libro Gernika (Ed. Crítica). Empezaron con ese bombardeo ligero, luego se dedicaron a ametrallar a todo aquel que se encontrara fuera de cobijo, tiraron bombas de 250 kilos y terminaron con 100 largos minutos de balas. «Ni Guernica era una fortaleza, ni las víctimas eran soldados», aclara Irujo. Pero le dieron con todas sus fuerzas.

A día de hoy no se sabe el número exacto de víctimas, se destruyó el registro de la villa para que no se pudiese comprobar la envergadura de la desgracia. Se calculan entre 120 a 300, un 5% de la población que en esos momentos se encontraba viviendo en el pueblo. Un infierno que sin los periodistas ingleses que se encontraban en pueblos aledaños conoceríamos a medias.

Los nacionales mandaron un comunicado asegurando que el ataque no formaba parte de su ofensiva, pero ellos, que años más tarde recordarían el terrible hedor a carne quemaba que emanaba de la zona, ya habían contado la verdad. «La orden de negar el bombardeo y de difundir la idea de que todas las poblaciones afectadas por los bombardeos fueron incendiadas por los rojos en retirada se cumplió y se mantuvo durante las cuatro décadas de la dictadura. Será el propio Franco quien dé la orden de negar que Guernica ha sido bombardeada», asegura Irujo.

Guernica.

Guernica tras el bombardeo. Fotografía del Centro de documentación sobre el Bombardeo de Gernika. Museo de la Paz de Gernika.

Se supo, años más tarde, tal y como asegura Xavier Irujo en su publicación, que fue una prueba. Querían ver cómo funcionaban sus bombas de 250 kilos y se dieron cuenta del éxito. El general Von Richthofen, de la Legión Cóndor, escribió lo siguiente en uno de sus informes: «Guernica, villa de 5.000 habitantes, ha sido literalmente desolada. Las bombas derribaron un buen número de casas y destruyeron las cañerías. Las incendiarias tenían tiempo para desplegar su eficacia. Aún se ven hoyos de bombas totalmente increíbles. Un completo éxito técnico de nuestras bombas de 250 kilos y de las ECB 1″.

Tal fue el éxito de la operación alemana que la villa quedó reducida a un porcentaje mínimo. El 70% de los edificios se perdieron por completo, el 20% estaba gravemente dañado. Sólo un 1% permaneció intacto, justo lo que pertenecía a las familias fieles al general Franco.

«El bombardeo fue ejecutado de acuerdo con una nueva estrategia que combinaba el bombardeo de saturación o carpet bombing y bombardeo en cadena. Richthofen calculó metódicamente la cantidad total de explosivo, la proporción de bombas explosivas e incendiarias así como el orden en que fueron lanzadas y la formación de los bombarderos y cazas», contrasta Irujo. Además, afirma que este ataque estaba dentro de las pruebas que se estaban realizando para las tácticas militares que posteriormente se iban a emplear en la Segunda Guerra Mundial.

Guernica, con el 70% de sus edificios destruidos. Centro de documentación sobre el Bombardeo de Gernika. Museo de la Paz de Gernika.

El autor, profesor de Estudios Vascos en la Universidad de Nevada, también aclara el porqué de elegir esta pequeña villa por parte de los alemanes. «Lo que diferenciaba Guernica de otras localidades era que nunca había sido bombardeada con anterioridad, por lo que los efectos de este singular bombardeo podían ser examinados con mayor precisión. También se trataba de una ciudad abierta, sin defensas de ningún tipo, dedicada al cuidado de los refugiados y de los heridos provenientes del frente», escribe.

La tragedia llenó periódicos, disparó iras, generó angustias y alimentó el arte. «Aparte del pánico, el ataque del 26 de abril de 1937 se convirtió en noticia de primera página de la prensa internacional porque supuso un punto de inflexión en la historia de los bombardeos del terror», añade Irujo. Las noticias llegaron a Francia con rapidez y Picasso sintió aquel bombardeo como propio. No tardó en crear su propio Guernica, de montar la desesperación más atroz, el miedo como bandera y exponerlo en el Pabellón Español en la Exposición Internacional de París de 1937. Ahora, se celebran 80 años de esta desgracia y 80 años de la obra de arte que se llevan disputando instituciones, pueblos y museos desde hace décadas: El Guernica.

Fue un trabajo rápido. Dicen que utilizó un cuadro que tenía a medias, porque, si no, no le iba a dar tiempo a acabarlo a tiempo. Y, también, que las tres mujeres con las que se relacionaba sentimentalmente a Picasso en ese momento están presentes en el cuadro. La República le había pedido una obra que hiciera ver al mundo lo que estaba ocurriendo en España y él lo desarrolló con toda su ira. Cuentan que unos alemanes acudieron a su estudio y le preguntaron por su obra. «¿Esto lo has hecho tú?», y él contestó: «No, lo han hecho ustedes».

El famoso cuadro de Pablo Picasso.

El lienzo viajó durante años tras pasar por la Exposición Internacional de París y él dejó claro que no entraría en España hasta que las cosas cambiaran. Por eso, el MoMa de Nueva York se convirtió en el cobijo perfecto para la obra más grande de Picasso, que llegaba a rebasar los 7 metros de ancho y los 3 de alto. Fue en septiembre de 1981 cuando dos españoles aterrizaron en la ciudad estadounidense bajo la orden de mantener el porqué de su estancia en secreto. Eran Álvaro Martínez Novillo, subdirector general de Artes Plásticas, y José María Cabrera, director del Instituto de Restauración, y volvieron en el avión Lope de Vega de Iberia con el Guernica en la bodega.

Ahora, y desde hace 25 años, el cuadro se encuentra en el Museo Reina Sofía y la institución ha querido conmemorar ambos aniversarios con una gran exposición. Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica abre sus puertas este martes día 6 de abril. En ella analizan esa habitación destrozada, la violencia de cada gesto, cómo todo se desmorona tras la caída de una bomba y lo hacen retrocediendo hasta los años 20. Llevando al visitante al porqué y al cómo de cada pincelada. La violencia y la sexualidad unidas, como sólo Picasso podía hacerlo, se llenan de una ira agria. Para ello cuentan con 180 obras que se encontraban tanto en sus fondos como en otros museos como el Centre Georges Pompidou o la Tate y que muestran la evolución del pintor.

«En concreto, se centra en las raíces del imaginario de Guernica que podemos encontrar en obras previas del pintor, realizadas en los años posteriores a 1925, donde ya aparecen escenas de acción frenética y estática», aseguran desde el museo. También afirman que el trabajo fue arduo, no por la duración sino por la dificultad que supuso para Picasso enfrentarse a una temática que no había reflejado antes.

Pero la idea de expresar el horror, la desgracia, la angustia, el sentimiento de pérdida le embaucó de tal forma que generó una de las obras más representativas de aquella época. No fue el único. El horror que se vivió en Guernica también llamó la atención de poetas y escritores. Blas de Otero es el autor de uno de los poemas más duros, más certeros:

Ved aquí las señales/esparcid los vestigios/el grito la ira/gimiente/con el barabay/el toro cabreado directamente oíd/ira escarnio ni dios/oh nunca nunca/oh quiero quiero que no se trapapelen/el cuello bajo la piedra/la leche en pleno rostro el dedo/de este niño/oh nunca ved aquí/la luz equilibrando el árbol/de la vida.

Y Gabriela Mistral hizo lo propio con el árbol de Guernica, que permaneció intacto tras la catástrofe. Ella mirando al futuro confiando en la recuperación, quizá en nuevos brotes.

Volverá a ser verde y ancho/el roble, el roble nuestro./Mordido de la metralla,/ no del rayo de los cielos,/ volverá a brotar contadas/una hoja por cada Euskaro/y será a la semejanza/nuestra y tierno.