El domingo a eso de las 8.50 de la mañana habrá más de 35.000 personas en la Plaza de Cibeles mirando en la misma dirección, esperando un gesto que de comienzo a lo que para muchos será un disfrute y para otros un verdadero sufrimiento. Pero para todos será una aventura. Es la 40 edición del Maratón de Madrid, una de las carreras populares más importantes de España.

Desde que en el año 1978 un grupo de amigos se decidiera a correr la mítica distancia en la capital española han pasado muchas cosas. Entre ellas, la fiebre del running que ha acabado por concentrar a casi 15.000 valientes para afrontar los 42.195 metros que pavimentan un infernal camino hacia el cielo. Este domingo, estarán además acompañados por los 7.000 participantes de los 10 kilómetros y por otros 15.000 pares de piernas que volverán a casa cargadas con 21 kilómetros más.

La cita será especial porque Madrid estrena la Gold Label de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) de la que apenas pueden presumir 20 carreras en todo el mundo. Eso distingue el EDP Rock and Roll Madrid Maratón, que es el nombre oficial de la carrera, como una de las competiciones de más alto nivel, con lo que eso significa a la hora de atraer atletas de renombre.

Este año estarán 108 nacionalidades representadas entre todas las distancias, seguramente gracias a esa nueva distinción que recibido la carrera.

El maratón reina

Los casi 15.000 valientes que recorrerán poco más de 42 kilómetros no cubrirán una distancia similar a la que se atribuye al griego Filípides. Cuenta la extendida -y errónea- leyenda que éste corrió desde Maratón a Atenas para avisar del ataque de los persas y que, una vez que llegó a las murallas de la capital griega, murió desfallecido por el esfuerzo.

La épica que tiene esta historia es perfecta para una distancia así, si bien es cierto que los 42.195 metros quedaron así establecidos en los primeros Juegos Olímpicos de Londres, después de que la familia real británica decidiera cambiar la salida y llegada de la carrera para verla desde los ventanales de su palacio.

Una vez más, los atletas africanos serán los grandes dominadores de la prueba, aunque entre ellos peleará el español Carles Castillejo para intentar dejar la victoria en España. Castillejo se retiró de la competición al más alto nivel tras participar en la maratón de los Juegos Olímpicos de Río, pero ni mucho menos ha dejado de correr y prepararse. El catalán afronta la prueba “con tranquilidad y ganas. Corriendo con esa presión que cada uno nos marcamos pero sin necesitar una marca”.

Con una gran experiencia a sus 38 años, Castillejo tiene unas sensaciones similares a las que van a asaltar a todos los que partan al filo de las 9 de la mañana del domingo. “Tengo la incógnita de saber cómo me encuentro y si las cuestas me afectarán mucho, sobre todo en los kilómetros del 34 al 40”, explica, señalando que la clave en Madrid “es llegar fresco al kilómetro 33”.

Castillejo aspira a ser el primer español en hacerse con la corona desde 2008, año en el que Chema Martínez fue profeta en su tierra al cruzar la meta del Parque del Retiro parando el crono en 2:12:42. Era la etapa en la que el recorrido antiguo destrozaba piernas e ilusiones casi por igual, tanto a los más preparados como a los neófitos en la distancia. Aún así, Chema recuerda que “me encontraba fenomenal. Me acuerdo de todos los kilómetros”, explicando que se vio ganador “a partir del kilómetro 31”.

Una cita popular

Los hay, como Chema y Carles, que tienen el objetivo de ganar, pero la inmensa mayoría de los 15.000 participantes partirán con motivaciones distintas. Todos ellos tendrán sus marcas y sus motivaciones, pero absolutamente todo el mundo debe tener en cuenta lo que hace diferente a Madrid.

La capital española es un sitio difícil para correr. Lo sabe la organización, que no quiere perder la esencia de su recorrido, y deben tenerlo muy presente todos los que afronten la distancia más larga del atletismo popular. La difícil orografía de las calles se suma a la altitud, que siempre hace más difícil la actividad física de alta exigencia. En cualquier caso, por muy lejos que esté el mar, el verdadero reto está en las muchas cuestas que hay por Madrid. Al final uno ya no sabe si odia más las subidas, que te rompen el ritmo y los gemelos, o las bajadas que te quiebran las rodillas.

Para los que se vayan a estrenar en los 42,195 kilómetros hay algunos consejos básicos:

  • Comer y beber a la mínima oportunidad. Hay que coger la bebida, ya sea isotónica o agua, que ofrecen los voluntarios cada cinco kilómetros. Es esencial aunque no se tenga sed, ya que la deshidratación es un enemigo que ataca sin dar pistas. El domingo habrá máximas de 26 grados en Madrid, por lo que los líquidos serán vitales. También habrá diferentes puntos kilómetros, sobre todo a partir del 21, en el que se entregará fruta a los corredores. Los geles también serán una gran ayuda según avancen los kilómetros.
  • Tener todo planeado. Poco puede quedar a la suerte en el día en el que el entrenamiento y el sacrificio debe dar sus frutos. Debe estar bien planificado el momento en el que tomar el gel, en el que se van a situar los familiares y amigos para animaros, o en cuándo nos podemos permitir unos segundos de respiro en caso de necesitar unos pequeños estiramientos.
  • Marcarse retos. Si en el kilómetro 22 el corredor se entrega a pensar que aún quedan 20 por delante, va a ser un infierno. Hay que marcarse pequeños retos. Uno muy popular es dividir la distancia en tramos de cinco kilómetros, los que pasan desde un avituallamiento a otro, con el objetivo de que una vez que pasen esos 5.000 metros tendremos la recompensa de beber agua de nuevo.
  • Dosificarse. Es muy normal que, una vez dentro del ambiente con miles de corredores y la adrenalina por las nubes, el corredor menos experimentado se deje llevar y marque un ritmo más alto del que debe. Los excesos en el maratón se pagan y es mucho mejor ir de menos a más, ya habrá tiempo para aumentar la velocidad si el fondo nos lo permite. Lo mejor para eso es hacer los primeros kilómetros viendo la ciudad y observando a público que habrá a pie de calle.

El maratón es la meca del atletismo popular y siempre se cobra su precio por alcanzar la meta. Son 42,195 kilómetros en los que, por mucha preparación que haya hecho el corredor, el sufrimiento será el primer protagonista. El temido muro, en el kilómetro 30, se cobra sus víctimas. Una vez superada esa meta ya no se corre con las piernas, se corre con la cabeza. ¡Ánimo!