Si nos ceñimos a la Historia, casi a la leyenda, el griego Filípides recorrió los 42 kilómetros que separan la ciudad de Maratón de las murallas de Atenas para avisar de que el ejército persa estaba atacando la ciudad. Justo después de, a grito pelado, alertar a sus compatriotas, Filípides murió desfallecido por el esfuerzo. Todo un héroe.

Desde entonces, la mítica distancia se ha convertido en la obsesión de cientos de atletas profesionales y, tras la popularización del running, también de millares de mortales. Cada uno tiene sus objetivos a la hora de seguir las huellas de Filípides, los primeros, correr cada vez más rápido y los segundos, correr cada vez más lejos.

Lo cierto es que batir los 42.195 metros no es fácil. La distancia, que no fue la que recorrió nuestro buen griego, es la que se recorrió en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, cuando se estableció la salida a las puertas del Castillo de Windsor para que la Familia Real británica pudiera ver la salida. Desde allí había esos 42,195 kilómetros hasta la meta en el estadio olímpico, distancia que quedó así definitivamente en 1921.

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El ser humano que más rápido ha recorrido esa distancia es el keniata Denis Kimetto, que en septiembre del año 2014 paró el crono en 2h2’57» en Berlín. Eso suponía mejorar en 26 segundos el tiempo que había fijado su compatriota Wilsong Kipsang apenas un año antes en la capital alemana.

Hasta ahora. Todavía de madrugada, al filo de las seis de la mañana, Zersenay Tadese, Lelisa Desisa y Eliud Kipchoge se citaron para bajar de las dos horas en maratón. Y el último de ellos estuvo a punto de conseguirlo.

Con un ritmo infernal, Kipchoge llegó a la meta en dos horas y 24 segundos. Entró pidiendo perdón, casi arrepentido de simplemente haber hecho una proeza al alcance de sólo unos pocos seres humanos. Sus compañeros de reto no pudieron seguirle, descolgados pasado el kilómetro 32.

La marca, que rebaja en más de dos minutos el actual récord de Kimetto, no será homologada, como ya advirtió la federación internacional. Los tres atletas han corrido en un circuito cerrado -17,5 vueltas a Monza-, con avituallamientos motorizados y las liebres divididas en seis grupos que entraban y salían del recorrido para nunca perder el ritmo. Por si fuera poco, un coche rompía el viento y servía de guía para los corredores.

Pese a no conseguirlo, Kipchoge ha desafiado los límites del ser humano y ha demostrado que se puede bajar de las dos horas, justo lo que quería Nike con su programa Breaking2. ¿Quién será el próximo en intentarlo?

Los atletas

En el año 2014 Nike comenzó su programa Breaking2, que arrancó con 60 corredores de los que saldrían los tres elegidos. Cada paso que daban estaba medido, estudiado y analizado por un grupo de científicos y entrenadores que decidieron que el mejor emplazamiento para batir el récord es el circuito de Monza. Incluso han estudiado la línea que debe seguir cada corredor para optimizar sus cualidades.

El primero de ellos es Eliud Kipchoge, que en el verano de 2016 se alzó como campeón olímpico de la distancia en los Juegos de Río de Janeiro, donde empleó dos horas, ocho minutos y 44 segundos para recorrer los 42.195 metros. Nacido en 1984 en Kapsisisywa, en el legendario Valle del Rift de Kenia, Kipchoge pesa 56 kilos repartidos en 170 centímetros de altura. En su haber figuran otros logros, como la plata en los 5.000 metros lisos de los JJOO de Pekín en 2008, y su mejor marca la consiguió en el maratón de Londres del año 2016, una de las citas más importantes del calendario mundial, cuando se hizo con el triunfo parando el crono en 2h03’05». Esos registros han quedado pulverizados.

Lelisa Desisa es algo así como el rey de Boston. Este corredor etíope de apenas 27 años ha ganado dos veces la carrera de la ciudad estadounidense y ha quedado segundo en otra ocasión desde que debutara en sus calles en el año 2013. Tres meses antes de llevarse la victoria en dicho año se estrenó en la mítica distancia sorprendiendo al mundo. Con sólo 23 años, una edad muy temprana para un corredor de larga distancia, ganó la maratón de Dubai con un crono de 2h04’45». Ahí ya dejó claro que algún día intentaría batir el récord. El reto fue demasiado para él: superada la medio maratón perdió comba con las liebres y acabó por ser doblado por Kipchoge. Su tiempo superó en más de 14 minutos el de su compañero.

El más experimentado de la terna de asaltantes al reloj era el eritreo Zersenay Tadese, que a sus 35 años es el que peor marca presentaba de cara a conseguir el reto. Sus credenciales, eso sí, son casi inmejorables. Es cuatro veces campeón del mundo de media maratón (21 kilómetros) y todavía posee el récord de la distancia que consiguió en Lisboa en 2010, cuando entró en meta con un tiempo de 58 minutos y 23 segundos. Es un viejo conocido de la afición española, ya que en el año 2006 ganó la San Silvestre Vallecana y rompió el récord del mundo de 10 kilómetros tras finalizar en 26 minutos y 54 segundos en la nochevieja madrileña. Su mejor marca en la distancia a batir es un modesto 2h10’41» conseguido en el año 2012 en Londres. Tadese también ha corrido más rápido que nunca en su carrera, pero sus 2h06’48» se quedaron lejos de lo que exigía el reto, después de sufrir tras el kilómetro 32.

Monza: el templo

La elección de Monza como lugar para batir el récord no es casual. Los corredores necesitan no perder el ritmo y cerrar una ciudad sería demasiado complicado. En una competición ya fijada en el calendario tampoco se darían las condiciones adecuadas, por las molestias que pueden causar otros corredores. Las curvas graduales del circuito propician el mantener una alta velocidad, además de que el clima ayudará sin demasiado calor.

Aún así, eso no es garantía de nada. Durante años la ciencia, y el propio cuerpo humano, han dicho que no es posible bajar de las dos horas y que no lo será en muchos años. Se trata, en cualquier caso, de reducir la mejor marca actual en dos minutos y 58 segundos. No se ha quedado lejos.

Si viajamos atrás en el tiempo podemos ver que hicieron falta 16 años para reducir tres minutos la mejor marca mundial en la distancia, desde las 2h06’05» del brasileño Ronaldo Da Costa en Berlín hasta el récord actual fijado en 2014. El hito sólo se podría comparar a cuando Roger Bannister bajó de los cuatro minutos en la milla (poco más de 1,6 kilómetros) en 1954, todo un logro por entonces.

El equipo de expertos de Nike ha analizo hasta el más mínimo aspecto de los tres corredores que van a enfrentarse al ser humano. Una de las métricas clave será la velocidad sostenible, que es el tiempo que un atleta puede mantener la velocidad sin necesidad de bajar el ritmo. Para alcanzar el punto óptimo en este aspecto será muy importante el VO2 Max, que es el nivel de oxígeno que absorbe el cuerpo durante el esfuerzo.

Está claro que los expertos pueden ayudar a hacer más fácil el reto, pero hay una cosa que no se puede controlar: el muro. Cualquiera que se haya enfrentado a la mítica distancia sabe que tendrá que superarlo. El muro es el momento, habitualmente entre el kilómetro 30 y el 35, en el que el cuerpo humano se queda vacío, sin reservas. El azúcar en los músculos está en mínimos y es cuando se producen los calambres. «Debemos preguntarnos cómo mantener el nivel de azúcar elevado», ha reconocido Brett Kirby, psicólogo del equipo de expertos del NXT Generation de Nike.

Este momento marcó a Desisa y a Tadese, que no soportaron la exigencia de los infernales tiempos. También a Kipchoge, que en los últimos 10 kilómetros tuvo que ver como poco a poco se le iban escapando las opciones de bajar de las dos horas. Kipchoge desafió los límites del ser humano y casi sale victorioso. Una proeza.