Era un miércoles 1 de junio y sobre las taquillas de Las Ventas colgaba el cartel de No hay billetes. Esa tarde, el quinto toro, Dalia, cayó en el lote de José María Manzanares, que hizo levantarse a los tendidos tras una faena memorable premiada con las dos orejas y una salida a hombros en la Beneficencia que no ocurría desde hacía 25 años, con la doble Puerta Grande de Ortega Cano y César Rincón.

Victoriano del Río, el ganadero al que pertenecía Dalia, no perdía ojo para ver el juego de ese toro que le pegaba otro empujón a su ganadería en la plaza de Las Ventas. «Se le veía desde el primer momento, desde la manera que cogía los capotes y entraba al caballo», asegura desde la finca El Palomar, en Guadalix de la Sierra (Madrid), donde sus toros esperan a ser requeridos para las grandes citas taurinas de la temporada.

 

«Dalia fue un milagro. Hay toros muy buenos que luego no consiguen entrar en Las Ventas o que no funcionan como esperamos, pero no fue su caso. Yo he estado toda mi vida esperando un toro como aquel. El ejemplar soñado. Fue una faena que permanecerá durante muchos años en la memoria», asegura el ganadero, que considera que este toro -el mejor de San Isidro’2016- rayaba la perfección.

«Analizando desde la salida hasta el arrastre, vemos que en el tercio el toro ya va diciendo lo que es nada más abrir el capote. Se entrega de una manera maravillosa», un mérito que el ganadero relaciona directamente con José María Manzanares. «También el toro tuvo la suerte de encontrarse con un torero que se adaptó a él perfectamente. Me habría encantado que lo indultaran, hubiera dado media vida por tener un semental así, pero Madrid es muy severo y tiene que seguir siéndolo», añade quien montó esta ganadería desde cero en los ochenta adquiriendo la de El Retamar y formándola con ejemplares de Juan Pedro Domecq, Jandilla, Luis Algarra y vacas y sementales de El Torreón.

Desde 2006 la divisa de Victoriano el Río ha posibilitado seis Puertas Grandes en la plaza de Las Ventas

Una gran selección que desde 2006 ha posibilitado seis Puertas Grandes en Madrid, e inolvidables toros como Cantapájaros, que con la lidia que llevó a cabo El Juli hizo «la evolución de mi ganadería», o Comunero, y que ahora, en este mes de mayo, lidiará en Las Ventas hasta 14 totos: dos en la pasada corrida del Día de la Comunidad, una corrida el 31 y la de Beneficencia del 16 de junio.

Estarán en La Beneficencia con El Juli, José María Manzanares y Alejandro Talavante y el 31 de mayo con Miguel Ángel Perera, López Simón y Roca Rey. «Los toros de San Isidro prácticamente se eligen ellos. Hay muchos toros que no puedes llevar, esta feria es el cénit, un premio que obtenemos algunos porque estamos en el momento álgido, aunque también podemos desaparecer del foco. Los nuevos empresarios quieren el mejor espectáculo posible», afirma señalando a los posibles candidatos que embarcarán en breve rumbo a Las Ventas o los que pasaron este viernes por La Maestranza con dos ejemplares de éxito: a Derramado, lidiado por Sebastián Castella, le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre, mientras que Roca Rey desorejó al tercero, Soleares, tras una de las mejores faenas de la Feria de Abril.

El viernes en la Feria de Abril dieron la vuelta al ruedo en el arrastre al cuarto toro de Victoriano del Río

«Ya tenemos seleccionados a los de Madrid. Tienen que tener una buena preparación física, un peso correcto gracias a una alimentación pensada… El seguimiento al toro es constante, hay que estar pendiente de absolutamente todo». Astados que él caracteriza por su movilidad y nobleza. «Esa personalidad con la que he dotado a mi toro se debe a la facilidad que ofrece la sangre Domecq de llevar al toro al tipo que quieres, tanto en hechuras como en comportamiento. Digamos que intento que se muevan más que los demás, que humillen, trasmitan y generen profundidad. Si lo consigo todo, el ejemplar es la pera», asegura este criador de bravo que recibe el grueso de su demanda de las ferias principales.

Sus toros son también muy valorados en los encierros, algo que el ganadero defiende como positivo. «Una vez que han terminado el encierro, han consumido toda la adrenalina, ya no tienen miedo. Están tranquilos y son mejores para las corridas de la tarde. Aunque en ese tipo de eventos las corridas no son las protagonistas de la Fiesta», alega.

Victoriano del Río expresa un lamento sobre la situación actual: «Estoy seguro de que llegará un momento en el que la gente vuelva a creer en la Fiesta, en todo lo que aporta y dejemos de ser varias Españas para volver a ser una. Quiero creer que tiene la suficiente fuerza para mantenerse. Ahora vamos muy para atrás pero llegará un momento que iremos hacia delante. Volveremos a creer y a saber que esto es lo más bonito, el espectáculo más grandioso», asegura casi a modo de súplica.

Para él, su esencia recae en la muerte del toro. «Los antis piden que no se mate al toro, eso lo hicieron en Portugal y desaparecieron. No tienen sentido las faenas si el toro no muere. A esta situación le dará la vuelta un nuevo torero que arrase con todo y devuelva el entusiasmo».

Estoy seguro de que llegará un momento en el que la gente vuelva a creer en la Fiesta»

También analiza y se queja más templado de la situación del gremio de los ganaderos, que considera el más denostado. «Los ganaderos somos unas personas muy entusiastas, muy aficionados. Nos gusta lo que hacemos y sufrimos las consecuencias de un péndulo. Un día estamos arriba y otro abajo. Nos pasamos el día corrigiendo los problemas de nuestras ganaderías, nos pasamos el día seleccionando y eso provoca que dejes atrás algunas cosas. Además nos movemos en unos límites muy estrechos; si te pasas los toros no tienen transmisión o cogen demasiado genio y ya no sirven para la labor del toreo».

Su visión es ahora una de las más exitosas, la ganadería de Victoriano del Río vive un momento dulce y el ganadero espera mantener los números. «Mi pequeño acierto ha sido creer en lo que yo hacía y no he cambiado. Y eso ha hecho que esté en esta situación», explica. Ahora San Isidro espera a doce toros suyos, en los que él ha puesto el alma.