Es su ópera póstuma. Nikolài Rimski-Korsakov compuso El gallo de oro, la última de sus 15 óperas, impresionado por la guerra sin futuro iniciada por Rusia contra Japón en 1904, una guerra que causaría miles de muertos injustos gracias a las ansias de poder de un monarca autárquico. Korsakov, el mismo que antaño había insuflado aire al Gobierno, se sentía defraudado por la corrupción y la represión del zarismo, vivía afectado por la abortada revolución de 1905 y era consciente de que aquel Domingo Rojo se gestó el embrión de la futura Revolución de 1917. Korsavov apoyó las manifestaciones estudiantiles, se alejó de los postulados nacionalistas que le había llevado a formar parte del grupo de los cinco y con su actitud consiguió cierta enemistad con sus colegas compositores, además de perder la cátedra en el consevatorio de San Petesburgo.

El Teatro Real estrenará el próximo jueves 25 de mayo El gallo de oro, un coproducción con la Ópera Nacional de Lorena y el Teatro de La Monnai de Bruselas, de la que ofrecerá nueve funciones con doble reparto, bajo la batuta de Ivor Bolton y con la dirección escénica de Laurent Pelly.

A través de sus personajes de cuento, Korsakov denunció la arbitrariedad de los tiranos, los abusos de poder y el conformismo de los sometidos

El gallo de oro rezuma turbación, desconcierto, amargura y rabia, es todo sarcasmo. Los personajes de Korsakov son un fiel reflejo de la sociedad con la que convivió. La obra, entendida como un «cuento subversivo», está basada en la fábula homónima de Aleksander Puskin, que a su vez se inspiró en uno de los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving. Con esas herramientas, este maestro de la orquestación fue capaz de construir una historia en la que no hace falta ser muy avispado para descubrir entre los personajes a miembros de la decadente estirpe de los Romanov y su corte.

El hilo conductor de la fábula es un patético zar, caprichoso, haragán y egocéntrico, que gobierna desde su cama y somete los designios de su reino al canto de un gallo de oro. Sus dos hijos, dos vagos, majaderos y necios, acaban matándose uno a otro por pura codicia, mientras un astrólogo astuto y manipulador es el que verdaderamente mueve los hilos del poder con la complicidad de una zarina perversa y lasciva… Ni siquiera los súbditos merecen la compasión del compositor.

¿Quién se atrevería a hacer ahora una ópera sobre Trump o Putin, por ejemplo?», se pregunta Pelly

A través de sus personajes de cuento, el compositor ruso denunció la arbitrariedad de los tiranos, los abusos de poder y el conformismo de los sometidos. Vigilado por los censores zaristas, Korsakov utilizó todos los recursos expresivos para decir con la música lo que no podía contar con palabras. ¿Le suena de algo? Poco ha cambiado el ser humano. «¿Quién se atrevería a hacer ahora una ópera sobre Trump o Putin, por ejemplo?», se pregunta Pelly, que repite en el coliseo madrileño después de sus versiones de La hija del regimiento (2014) y Hansel y Gretel (2015).

Pelly, responsable también del diseño de los figurines, rehúye una lectura moralizante y deja intacto el halo misterioso e irracional que se vislumbra en el cuento, sin prescindir de su burla de la traición, la mentira y el comportamiento esperpéntico de los déspotas, cuya ceguera ególatra los hace vulnerables a la manipulación.

gallo de oro

Laurent Pelly, director de escena de ‘El gallo de oro’, en un momento del ensayo con el coro.

Pelly no ha querido reducir la obra a la «mera actualidad» para que prime el relato frente a la actualidad y no cerrar la puerta a otras interpretaciones que caben en la historia. «No quería disfrazar al protagonista de Putin o Trump», ha matizado. A pesar de todo, Joan Matabosch (director artístico del Teatro Real) sostiene que el espectador encontrará en escena elementos conocidos de la vida política actual.

Laurent Pelly rehúye de una lectura moralizante y deja intacto el halo misterioso e irracional que se vislumbra en el cuento

El Gallo de Oro arranca de una manera socarrona y a medida que avanza la trama se va tornando oscura. Para Pelly uno de los hilos conductores de la obra es el miedo. «El rey tiene miedo a los enemigos, el pueblo tiene miedo al rey y a los enemigos. Todo el mundo tiene miedo. Vemos que el miedo conduce al caso, algo que el tiempo actual no ha desmentido”.

Para dar voz y alma a esta parodia, Korsakov se aparta de su esencia, abandona cualquier conato de vanidad, para poner la escritura vocal e instrumental al servicio de la dramaturgia. El autor se coloca al otro lado de la realidad y, como en el callejón del gato, devuelve una imagen desfigurada, pero absolutamente real. Su obra es un ir y venir de melodías sencillas y prodigiosas; un cóctel de armonías violentas y elaboradas, canciones populares y apuntes de inspiración wagneriana.

El maestro Bolton, que dirigirá su novena ópera en el Teatro Real, en esta obra da un paso más y en el interludio, entre el segundo y el tercer acto, toca el piano. “Algo que me tiene bastante nervioso, es mi ópera preferida dentro del elenco ruso”, concluye.