El escritor valenciano clasifica las novelas en «novelas insecto» y «novelas mamífero». Escribir una novela insecto era la gran ambición de Juan José Millás, según reconoce. Mi verdadera historia, que acaba de publicar con Seix Barral,  aspira a ser la novela insecto de Juan José Millás. «Un novela insecto es compleja y simple a la vez, a mí me gustan las novelas complejamente sencillas o sencillamente complejas», cuenta.

«Un ejemplo claro de novela insecto es La metamorfosis de Kafka», explica el escritor. Es una novela insecto porque se publicó hace un siglo y puede leerse en nuestro siglo XXI y encajar en nuestro imaginario contemporáneo, no necesita, contexto de tiempo, ni lugar. Si hicieran falta aclaraciones sería una novela mamífero, que son, según el valenciano, lo que caracteriza a las obras que con el paso de los años se van llenando de notas al pie de página. Mi verdadera historia es un insecto.

Novela de iniciación

Un niño causa un accidente mortal tras lanzar una canica desde un puente e impactar sobre un coche en el que fallecen todos sus miembros menos una niña con la que se sentirá morbosamente atraído con el paso de los años. Este es el argumento de la novela. El acontecimiento trágico de la historia «metaforiza el sufrimiento de esas edades, porque en ninguna edad se sufre como en la adolescencia», explica Millás. Mi verdadera historia es un bicho raro. Lo es porque está destinada a los adolescentes, es una novela de iniciación y, según explica el valenciano, «en España no tenemos tradición de novelas de iniciación», asegura Millás. Escasean en la literatura española novelas que narran el paso de la niñez a la vida adulta como sí tienen en la tradición norteamericana como El guardián entre el centeno.

A los adolescentes les gusta lo morboso, solo hay que fijarse en El Guardián entre el centeno

Pero además la novela es rara con alevosía porque, como dice el autor, «a los adolescentes les gusta lo morboso, solo hay que fijarse en El Guardián entre el centeno, un libro que tuvo muchos problemas para entrar en la escuela, pero era el tipo de libro que demandaba la juventud». La editorial ya se ha puesto manos a la obra para que la novela llegue al público adolescente y están en contacto con centros escolares. Nada nuevo en el universo Millás. «Yo confío en que se dé una complicidad entre el profesorado que ya trabaja con textos míos en el colegio, porque son breves y raros, y dan para mucha discusión. Es un profesorado que comprende que lo morboso gusta mucho a esas edades». Y también que un libro con pocas páginas es bienvenido. El libro de Millás es un bicho raro pequeño.

Lo raro y lo normal

«Si hay novelas raras es porque novelas normales», reflexiona Millás que ante ese pensamiento se espanta de la normalización a la que conduce la educación y la sociedad: «La impresión que yo tengo con la edad es que a lo largo de mi vida ha habido un margen en el que se podía trabajar agusto, no estabas en la homologación, no vivías en la normalización, tú no eras normal pero había un margen par vivir confortablemente. Ahora lo que pasa es que el margen se ha estrechado y es muy difícil vivir en él, ser un marginal, porque no hay espacio».

Para el escritor el margen antes era capaz de mover el centro, «como por ejemplo las vanguardias hicieron cambiar la ideología predominante»

Para el escritor el margen antes era capaz de mover el centro, «como por ejemplo las vanguardias hicieron cambiar la ideología predominante». Pero si desaparece el margen, resulta «que el centro se fija y todos ahí tan contentos leyendo novelas y viendo películas que nos dan la razón. Y cuando aparece  un libro raro, se le califica de raro sin caer en la cuenta que si cuando decimos que algo es raro estamos aceptando que existe una novela normal», explica. El libro de Millás es un bicho raro y pequeño, pero parece que eso es lo normal para poder llegar a los adolescentes.