Fiel a su cita madrileña, Plácido Domingo regresa a casa. Al Teatro Real. En esta ocasión lo hace metido en la piel de Macbeth, el protagonista de la ópera que cierra la temporada coliseo madrileño. Una temporada redonda que se ha abierto y cerrado con el tándem Shakespeare-Verdi. Si Othello levantó el telón, Macbeth lo bajará.

Plácido Domingo encabeza un reparto, dirigido por James Conlon, en el que destacan también la soprano italiana Anna Pirozzi, el bajo Ildebrando D´Arcangelo y el tenor Brian Jadge. Se trata de la tercera vez que Macbeth se presenta en el Teatro Real desde su reinauguración. Después de las producciones de 2004 (Jesús López Cobos-Gerardo Vera) y 2012 (Teodor Currentzis-Dmitri Tcherniakov) ahora llegan tres funciones (11, 14 y 17 de julio) en una versión en concierto muy particular. Casi un híbrido. La orquesta permanecerá en el foso, como en una representación, mientras que los artistas pulularán por el escenario acompañados por un coro griego.

No va a haber distracciones, se trata de representar una versión dramatizada, pero sin escenografía”

“No va a haber distracciones y creo que será un acierto. Se trata de representar una versión dramatizada, pero sin escenografía”, explica el tenor reconvertido a barítono. “Hoy en día se hacen, a veces, unas producciones que no se entienden y que no tienen ningún sentido. En estos casos, siempre se critica al director artístico. Yo voy a ir más lejos y voy a acusar al director del teatro. Es él el que tiene la obligación de controlar. A la hora de contratar a un director de escena, es su responsabilidad conseguir que el montaje tenga sentido. Hoy en día se hacen barbaridades con las escenografías y la culpa es del director del teatro. El público está tan acostumbrado que abuchea la primera noche, pero luego se topa con unas voces valiosas y ya no dice nada”, matiza Domingo con esa cadencia chilanga que se ha apoderado de su voz al hablar en castellano.

De esta peculiar apuesta, coordinada por Justin Way, director de producción del Teatro Real, surge un Macbeth minimalista, sin florituras que contará con pequeños elementos de vestuario para reforzar la historia. “Creo que estamos logrando algo en lo que la música va a tener una fuerza extraordinaria y será un acierto”, recalca.

Plácido Domingo, que celebra este año sus bodas de oro en el escenario, confiesa que para él cada noche se convierte en un reto distinto. “El público viene a verte con entusiasmo, espera lo mejor de ti y siempre estás intranquilo pensando en si estarás a la altura, o si las condiciones físicas y vocales no te juegan una mala pasada”.

Siempre estás intranquilo pensando si las condiciones físicas y vocales no te juegan una mala pasada”

Acompañado de sus miedos confesables, el próximo 11 de julio Plácido Domingo celebrará su función 3.900. “Tomé la costumbre de celebrar las funciones que terminan en cero cuando llegué a la 700, una representación de La Traviata en la Scala de Milán. A ver lo aguantamos y si llegamos a las 4.000”, bromea.

Plácido Domingo, que viene interpretando en los últimos años algunos de los más grandes papeles para barítono de Giuseppe Verdi  (los roles titulares de Simon Boccanegra, Nabucco, Rigoletto, y Macbeth; Miller, en Luisa Miller; Francesco Foscari, en I due Foscari; Conte di Luna, en Il trovatore; Giorgio Germont, en La Traviata; o Rodrigo, en Don Carlo) encarnará ahora al atormentado personaje shakespeariano.

Doble estreno

El Macbeth que aterriza en el Teatro Real es la segunda versión de la obra de Verdi, pero en italiano, como suele ser habitual desde que la ópera se ha instalado en el repertorio de los teatros de ópera. En esta ocasión, sin embargo, se incluirá el aria de la muerte de Macbeth Mal per me, de la partitura original de 1847.

La primera versión de la partitura se estrenó el 14 de marzo de 1847 en el Teatro della Pergola de Florencia, tras un largo período de ensayos en los que Verdi trabajó obsesivamente. El éxito fue tal que el compositor tuvo que salir a saludar al escenario 38 veces. Sin embargo, para la reposición de la ópera en París, en 1865, Verdi decidió escribir una nueva versión de la partitura, en francés, con cambios estructurales y añadidos importantes. Pese a la indudable mejora de la dramaturgia y de la música en esta segunda versión, el estreno parisino de Macbeth no obtuvo el éxito esperado y la partitura fue perdiendo fuelle, pasando a ser la menos representada de la trilogía shakesperiana.