Vendía libros de libertad. Lo hizo contra viento y marea, contra amenaza, acoso y coacción.  El próximo mes de marzo habría cumplido medio siglo al frente de la librería que convirtió en un símbolo contra la dictadura, la del franquismo primero y la de ETA después. María Teresa Castells simbolizaba por si sola la resistencia a la imposición. Y lo hizo con una sonrisa, también con letras y argumentos, sabedora de que la cultura y el conocimiento son el mejor antídoto contra el totalitarismo que ella sufrió.

Intentaron asesinar a su marido, José Ramón Recalde, no lo lograron. La ‘kale borroka’ de la parte vieja de San Sebastián se empeñó en amedrentarla y forzar su claudicación en la particular batalla que libraba desde su pequeña librería. Pero María Teresa se había recompuesto de todas ellas. La muerte le esperaba en un lugar y momento mucho más inesperado. Ayer Castells falleció por un atragantamiento mientras almorzaba en un centro comercial. Un final impensable para quien resistió a décadas de pintadas, de dianas amenazantes, de ataques violentos a su librería y al intento de asesinato a su marido.

María Teresa Castells falleció ayer tras una vida dedicada a su librería ‘Lagun’, símbolo de la lucha contra el totalitarismo

Cuando en 1968 la librería ‘Lagun’ (Amigo en euskera) abrió sus puertas lo hizo con mucho tiento. Aún restaban siete años para que Franco muriera. Pero los nuevos aires de libertad y apertura empezaban a percibirse, también en la San Sebastián que tanto quiso. Nunca imaginó que derrotada la dictadura aún le restaban cuatro décadas de amenaza terrorista que superar y resistir por el simple hecho de defender la libertad a través de la literatura y la razón.

Algunos de los responsables de ‘Lagun’ recuerdan a menudo cómo se habían convertido en la librería más atacada de Europa. Levantar la persiana cada mañana y encontrar una pintada amenazante (“Que se vayan… preparando”, fue una de ellas), una diana, o en el peor de los casos, el escaparate roto o un coctel molotov para acabar con todo se había convertido en una dura rutina. Sólo en el año 1996 la librería, ubicada en la Parte Vieja de San Sebastián –uno de los puntos calientes de la ‘kale borroka’-, fue atacada en una veintena de ocasiones. El 12 de enero de 1997 María Teresa vio cómo un grupo de encapuchados accedió a la librería tras romper el escaparate y sacar decenas de libros para apilarlos en la calle antes de prenderles fuego.

Símbolo de la resistencia

Aquella pila de la intolerancia no hizo sino elevar la preocupación. Pero hacía meses que la inquietud se había instalado en el corazón de los Castells, en especial en el de José Ramón Recalde, el intelectual vasco que llegó a ser consejero de Educación y Justicia en el Gobierno de coalición PNV-PSE que presidió José Antonio Ardanza. Había motivos. A finales de los 90 la presión del entorno radical contra las formaciones constitucionalistas en Euskadi se intensificó y para entonces la librería Lagun y el matrimonio Castells se habían convertido en un referente de libertad y resistencia a la violencia radical demasiado incómodo para quienes aplaudían a ETA. El 14 de septiembre de 2000 (el jueves se cumplirán 16 años) una militante de ETA disparó contra Recalde. La rápida reacción del ex consejero y la falta de pericia de la terrorista permitieron que salvara la vida, aunque con graves secuelas en su garganta.

‘Lagun’ fue símbolo de resistencia ante el franquismo y contra ETA. Sufrió decenas de ataques de ‘kale borroka’. El esposo de Castells fue tiroteado por ETA

Aquello fue la gota que casi colmó el vaso. No lo hizo. Ni siquiera entonces el matrimonio Castells-Recalde arrojó la toalla de su particular batalla por la libertad. Sólo dio un paso a un lado, un cambio de ubicación. Tras un paréntesis de reflexión e impulsado por el respaldo de amigos agrupados bajo una asociación de apoyo a la librería ‘Lagun’, el establecimiento volvió a abrir sus puertas. Lo hizo en una ubicación diferente a la que había ocupado en la Plaza de la constitución de San Sebastián durante 32 años. A regañadientes, Castells, junta a su inseparable socio Ignacio Latierro (ex parlamentario socialista), volvieron a ponerse en pie en la calle Urdaneta de la capital guipuzcoana. Una zona “más tranquila”, reconocieron entonces que la siempre agitada parte vieja donostiarra. Pero los ataques no desaparecieron.

Y allí continúa hoy para mantener vivo el legado de quienes apostaron por defender la libertad, por quienes apelaron a los libros, a la literatura y al pensamiento frente a quienes se decantaron por las balas y las bombas. ‘Lagun’, la misma librería por la que se podía ver a Ernest Lluch o al escritor José Luis López de La Calle (ambos asesinados por ETA) y a no pocos luchadores antifranquistas ha perdido a su alma mater.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez ha calificado a Castells como una mujer a la que definía su “coraje y firmes convicciones, su pasión por la libertad”. El ex lehendakari Patxi López ha recordado su lucha “incansable” y ser una persona “excepcional”. También desde la Diputación de Guipúzcoa se ha lamentado la pérdida de Castells y se ha recordado la aportación que hizo al frente de ‘Lagun’, una librería a la que el Ente foral quería rendir homenaje el próximo mes de marzo coincidiendo con el 50 aniversario de su apertura.