Vista de la Plaza Mayor de Madrid al amanecer.

Vista de la Plaza Mayor de Madrid al amanecer. Javier Domínguez García

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Una caja vacía llamada Plaza Mayor

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Una caja vacía llamada Plaza Mayor

La peatonalización de la Gran Vía y del Paseo del Prado los domingos. La remodelación de la Plaza de España. Grandes empresas que dejan sus oficinas en edificios históricos por los estrictos reglamentos urbanísticos y antiguos comercios que echan el cierre para convertirse en franquicias. El casco histórico de Madrid tiene un valor material y cultural inestimable, pero su encaje en la ciudad moderna es complicado. A la sombra de un desarrollo a menudo caótico, hay zonas que padecen de una explotación agresiva y otras que caen en el umbral de la marginalidad.

Es el caso de la Plaza Mayor. Envidia de muchas capitales europeas, punto de partida en una visita a Madrid en todas las guías turísticas, es al fin al cabo un cajón tan espectacular como vacío. “Un lugar de paso y tránsito, no de hacer actividades o de reunión de la ciudadanía”, según la propia alcaldesa Manuela Carmena.



Vídeo: G. M. Piantadosi

Más fea, pero más moderna y mejor conectada con el resto de la ciudad, la Puerta de Sol ha suplantado por importancia a la Plaza Mayor y puede apuntarse con mérito el título de centro cívico de la capital española. Aquí se desarrollan las principales manifestaciones oficiales, aquí se congregaron los indignados. Estas dos plazas representan las dos almas de Madrid.

Lugar simbólico sin identidad

¿Qué futuro, entonces, le aguarda a uno de los lugares más icónicos de España? “La Plaza Mayor tiene problemas estructurales que hay que abordar sin más retraso”, dice Carlos Sotos, promotor del Proyecto 2020 y dueño del restaurante Casa María, ubicado en la misma Plaza. Proyecto 2020 es una iniciativa impulsada por los Amigos del IV Centenario de la Plaza Mayor como colofón a las celebraciones para los 400 años de la plaza. El objetivo de Proyecto 2020 es favorecer la implantación de un Plan Director para abordar las cuestiones que no están resueltas con la participación de todos los actores, públicos y privados.

Es un bien histórico de inestimable valor que no está adecuadamente protegido

De los ocho millones de personas que pasan por la Plaza Mayor, la mayoría son turistas, extranjeros o de otras regiones de España. Sin embargo, además de los cafés, restaurantes y tiendas de souvenir no hay atractivos culturales que favorezcan un disfrute más completo del lugar. Empezando por la señalización cultural inexistente. “El mobiliario urbano y la iluminación son inapropiadas para un bien de interés cultural como la Plaza Mayor -explica Carlos Sotos-. No hay control sobre algunos aspectos de los comercios privados, a veces chirriantes con el entorno”. La Plaza tampoco es un espacio de actividad social, a pesar de que sobreviven dos históricos mercadillos: el de Navidad y el Filatélico.

El retraso en abordar la cuestión de la Plaza Mayor es evidente: sólo en 1985 fue declarada bien de interés cultural. Su futuro no dependerá solo de las decisiones del consistorio, sino también de la participación de todos los actores presentes en el terreno. Paloma Sobrini, directora general del Patrimonio Regional, está convencida de la necesidad de debatir con la mayor amplitud posible las herramientas necesarias para la conservación y la solución de los problemas que sufre.

Retrasos históricos

“El centro histórico de Madrid ha vivido muchas fases”, explica Juan Barranco, alcalde de Madrid hacia el final de los años ochenta. Ha pasado del abandono y la huida hacia las afueras, que dejaron el centro en una situación de “chabolismo”, a la especulación indiscriminada. Rodeada por un sistema de plazas y calles más pequeñas con las que conforma un sistema conjunto que sufre de los mismo problemas, el Presidente del Distrito Centro, Jorge García Castaño, considera que este es un espacio de “enorme densidad social, vecinal, política, histórica y turística”. Una suma de intereses que no será fácil de conciliar, en el que las partes tendrán que escucharse obligatoriamente.

Hay que estimular que siga viviendo gente. La mejora de la imagen de los comercios de la planta baja es clave

Para el arquitecto y presidente de la Asociación Amigos del IV Centenario, Francisco Pol, no es malo que la Plaza Mayor sea una caja vacía. Fue pensada así para que pudiera acoger el mayor número de actividades posible. Dice que el 2017 ha sido un buen año. En defensa de la Plaza se han movilizado instituciones, vecinos, comerciantes y el mundo de la cultura: «Para el aniversario se han rehabilitado las fachadas monumentales, ahora el siguiente tema a tratar es la seguridad y la iluminación». Pero las mejorías físicas no son todo. «Hay que estimular que siga viviendo gente. La mejora de la imagen de los comercios de la planta baja es clave. Con rincones que recuerdan más a Shanghai que a una ciudad histórica europea, hay que admitir que la situación no es muy buena». Para lograrlo, destaca Pol, se necesita la colaboración de instituciones, comerciantes y hosteleros.

Con cuatro siglos de historia, la Plaza Mayor ha sido testigo de las vicisitudes de España. Se recordará por su pasado más negro: los autos de fe y las hoguera de la inquisición. Sin embargo la Plaza Mayor tuvo muchas vidas. Destruida tres veces por los incendios, cambió de nombre otras tantas: plaza de la Constitución, plaza Real, plaza de la República antes de volver a su antiguo nombre después de la Guerra Civil. La primera edificación se llevó a cabo en solo tres años, de 1617 a 1619.  Y tres son los años que pide el Proyecto 2020 para lanzar un plan de recalificación coherente y compatible con todas las actividades que se desarrollan en ella.

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