Volvieron de ver a su hija en el hospital, prepararon la cena y él cayó desplomado. Le había dado un infarto que se lo llevó al instante y dejó a Joan Didion (Sacramento, 1934) haciendo de malabarista entre el dolor y la locura. Su luto lo manejó con una hija inconsciente, esperando a que saliera de su enfermedad para que pudiera despedirse de su padre, el escritor John Gregory Dunne, para que ella pudiera enterrar a su marido.

Pasaron unos días hasta que Quintana Dune, su hija, volvió y, tras el funeral, Didion decidió recomponerse escribiendo El año del pensamiento mágico, un libro que terminó en 82 días y del que ella misma aseguró que se trataba de un viaje sin mapas hacia la muerte, un tema del que había rehuido a toda costa.

En algunas de sus entrevistas explicó el porqué de ese pensamiento mágico, de esa culpa que te echas sobre la espalda pensando que quizás tú podrías haber hecho algo, de ese sentimiento de negación que la llenó durante muchos meses. Llegó a asegurar que no movió los zapatos de John, no los guardó, porque era guardarle a él, hacer palpable que ya no estaba.

Ahora son muy pocas las cosas negativas que me pueden suceder»

Tras pasar unos meses de duelo conjunto, Quintana y su madre intentaron volver a la normalidad. Pero el destino tiene más de cruel que de amable y al poco tiempo de volver a su hogar, Quintana sufrió una embolia y murió. Didion despidió a los dos pilares de su vida en tan sólo dos años.

Se quedó inmersa en la oscuridad, en una situación que decidió llamar Noches azules, porque como bien explicaba Sergio del Molino en su libro La hora violeta, perder a un hijo es tan doloroso que ni siquiera hay una palabra que lo defina. No eres viudo, ni huérfano. No eres nada. «Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre), uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido», escribió presentando el libro.

Este viernes, Neftlix presenta un documental sobre la vida de esta mujer que tanto permaneció en la sombra y que tanto deslumbró como periodista, guionista, como narradora. Didion, ahora a sus ochenta años, no tiende a hablar, pero para esta ocasión se ha puesto en manos de uno de sus sobrinos, del hijo del hermano de John, y se ha desnudado dejando visibles cada uno de los pliegues, de sus miedos, de sus faltas.

Joan Didion: El centro cederá, que se estrena el 27 de octubre, muestra a una de las figuras claves del Nuevo Periodismo estadounidense. A la mujer que pensó que el mundo había que contarlo viviéndolo y reflejando esa vivencia en sus textos. Realidad y experiencia como base de cada narración. Griffin Dunne, el director, entrevista a su tía y tira de material de archivo para contar la vida de esta mujer que comenzó a escribir con tan sólo cinco años y que todavía con 82 deslumbra con cada palabra. Habla lento, pensando, con esa elegancia del que tiene claro la importancia cada sílaba que sale de su boca. Parece escribir en vez de vocalizar, como si lo primero le fuese más fácil.

Joan Didion.

Joan Didion.

La infancia de Joan Didion, hija de un miembro del Cuerpo Aéreo del Ejército de EEUU, se caracterizó por los constantes cambios de residencia por culpa de la profesión de su padre. Fueron estos los que le hicieron aprender más en casa que en el colegio y gracias a los que se formó llenándose de literatura. Su primer trabajo lo consiguió muy joven, cuando ganó un concurso de relatos de la revista Vogue con tan sólo 22 años. Pasó de ayudante de redacción a editora asociada en poco tiempo, las palabras eran lo suyo y todos lo vieron enseguida. Y sin haber alcanzado los treinta ya publicaba su primera novela Run, river; justo antes de casarse con John y poner rumbo a California, donde exprimió las letras hasta la genialidad.

Ahí escribió el resto de sus libros, publicó recopilaciones de artículos, trabajó para obras de teatro, para guiones. Y, sobre todo, creó sus ensayos que la convirtieron en referente para el Nuevo Periodismo. Desde la cultura hippie de los 60 hasta sobre su viaje de dos semana a El Salvador, Didion se convirtió en el referente de esa nueva manera de informar. Se encerró con Jim Morrison en su estudio de grabación, cenó con una de las mujeres de Charles Manson y se fue de fiesta con Janis Joplin. Vivir y contar.

Todas esas historias se las cuenta a su sobrino en este documental, que ella ya ha visto. Como aseguró Griffin Dunne a Vanity Fair: «Incluso un par de veces, y le conmovió y gustó mucho. Creo que percibe cuánto amor se ha invertido en su creación. Ha sido un viaje muy personal para mí, como cineasta, como sobrino y como miembro de nuestra familia». Para ella, quizá, una forma de expresar a viva voz lo que sólo había dejado escrito, lo que no había sido capaz de verbalizar.