Fue un torero el que les reunió a todos. Era el tercer centenario de la muerte de Góngora y, aunque el poeta y dramaturgo era de Córdoba, el Ateneo de Sevilla, empujado por Ignacio Sánchez Mejías, organizó una serie de conferencias que sirvieron a un grupo de jóvenes para presentarse públicamente. Eran Lorca, Cernuda o Guillén. Los que a partir de ese momento serían conocidos como la Generación del 27 y que entrarían a formar parte de la Edad de Plata de nuestro país. Poetas, pintores, prosistas, dramaturgos. Daba igual, sus disciplinas se entremezclaron, se fusionaron y crearon un lenguaje distinto haciendo de cada una de las páginas que llenaban una auténtica obra de arte.

Aquel grupo de jóvenes inquietos tiró por tierra lo tradicional. Los discípulos de Juan Ramón Jiménez pensaban dejando entrar el aire y en poco tiempo consiguieron darse a conocer gracias al auge de las revistas literarias, gracias a Mediodía, a Gallo, a La Gaceta Literaria, a Litoral. En ellas, su poesía, sus modernas apuestas tipográficas y los distintos libros que entregaban como suplementos -y que marcarían aquella época- les procuraron la difusión que necesitaban. Mezclaban pintura con poesía, poesía con pintura, haciéndolo un todo. Como aseguró Ernesto Giménez Caballero, formaron “el equipo de oro sevillano”.

Mostraron el arte, la música, el cine o el teatro”

La Universidad de Sevilla, a través de CICUS, les dedica ahora una exposición a ellos pero, sobre todo, a las publicaciones que albergaron su trabajo durante aquellos años. “Toda la geografía española se llenó de publicaciones que no se limitaron a difundir la literatura sino que mostraron el arte, la música, el cine o el teatro”, comentan desde la organización de la muestra, Minervas del 27: Las revistas de una generación, comisariada por Eva Díaz Pérez y que se podrá visitar hasta el próximo 23 de febrero.

“Las Minervas, las modernas máquinas de impresión, se unieron a la poesía para crear algo nuevo: versos en páginas que parecían cuadros y papeles en los que sonaban partituras”, explica Eva Pérez en el texto que acompaña a la exposición. Mediodía fue la primera revista que trajo un aire nuevo a la capital andaluza. Por entonces “se empieza a bailar el jazz y el charlestón en una Sevilla aún costumbrista y pintoresca”, añade. También fue esta revista la que acabó con la paciencia de Cernuda.

Revolución del panorama artístico

Unas cartas que se han incluido en la exposición muestran cómo el sevillano rompió la relación con sus editores al sentirse humillado por su falta de cuidado en la edición de los textos. “Cernuda en estado puro”, según la comisaria, que también habla de Gallo. Esta revista tuvo como alma a Lorca y el cuerpo lo puso Dalí. El gallo que le da nombre lo dibujó el catalán y aunque sólo se publicaron dos números, “revolucionó el panorama artístico de la época”.

También Litoral, que se puede seguir encontrado en las librerías, tuvo mucha importancia en la difusión de los textos de esta generación. Fundada por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre en 1926 en Málaga, sus páginas dieron cobijo a Cernuda, Lorca, Guillén y Gerardo Diego. “Además de incluir ejemplares de estas revistas hemos querido dar una visión más global sobre este grupo a través de fotografías, cartas, obras plásticas, partituras y archivos sonoros… que hemos conseguido de distintas instituciones”, añade Díaz Pérez.

Juegos vanguardistas que tomaron forma en exquisitas tipografías”

Instituciones como la Residencia de Estudiantes de Madrid, el Centro de la Generación del 27, la Biblioteca Nacional de España o el Centro de Estudios Juanramonianos. Aunque también de coleccionistas particulares. Gracias a ellos se puede ver una panorámica de aquella época en la que los protagonistas, muchos de ellos amigos entre sí, crearon “juegos vanguardistas que tomaron forma en exquisitas tipografías” y sedujeron a un público con ansias de modernidad, de cambio, de voces rejuvenecidas.

Muchas de ellas, como se ha mencionado antes, influidas por el veterano de las letras Juan Ramón Jiménez, al que la muestra también dedica espacio. Al parecer, tras años sirviendo de referente para estos jóvenes, estos no le perdonaron su negativa a asistir al homenaje a Góngora. “El maestro que tanto había disfrutado como animador de la generación emergente sentirá con amargura el desengaño de los jóvenes”. Un desengaño que expresó con las siguientes palabras: “Algunos pocos me deben mucho, y muchos me lo deben todo”.

Él pensó que le estaban menospreciando y ellos nos dudaron en tomar la mano del matador, de Sánchez Mejías, para comenzar una nueva época, quizás su periodo de madurez como grupo. Aquel torero, alrededor del cual se dieron nombre, moriría de una cornada en 1934. Sería Lorca el encargado de hacer ver al mundo la importancia que había tenido, lo hizo con Llanto, una elegía que dejó al poeta a un lado y encumbró a Mejías en cada verso.