Va a ser el mejor cumpleaños de su vida. Por fin llegó el corazón que tanto esperaba. Salvador Sobral, el cantante portugués vencedor del último festival de Eurovisión, fue sometido con éxito a un trasplante de corazón en el Hospital Santa Cruz de Lisboa y evoluciona «muy bien» tras la operación. Sobral cumplirá 28 años el próximo 28 de diciembre y la celebración, aunque sea en el hospital, promete ser inolvidable.

El jefe del equipo médico que le operó, Miguel Abecassis, explicó en una rueda de prensa que Sobral está ingresado en la unidad de cuidados intensivos del centro, pero «se está recuperando bien». Abecassis desveló que está «muy animado» y que, aunque el proceso de recuperación será largo, confían en que pueda volver a tener una vida «completamente normal».

Cuentan los sanitarios que lo último que hizo Sobral antes de la operación es desear suerte a los cirujanos y pedir que en el quirófano sonara música clásica durante la intervención. Su pasión por la música es incombustible.

Salvador Sobral lleva ingresado desde septiembre en el Hospital de Santa Cruz en Carnaxide, cerca de Lisboa. Permanecía enchufado a una máquina a la espera del órgano que por fin llegó el pasado 8 de diciembre y le liberó del cautiverio.

Salvador Sobral nació y creció en Lisboa rodeado del cariño de una familia, pongamos normal, nada fuera de lo común. Creció arropado por el amor de sus padres y la devoción de su hermana Luisa. Sus amigos le definen como un joven tímido y melancólico, al tiempo que un bromista empedernido. Su extrema sensibilidad le llevó a bucear en el universo de la Psicología.

Su extrema sensibilidad le llevó a bucear en el universo de la Psicología

Adora a su hermana Luisa y por ella, en 2009, se presentó a Idolos, el concurso de televisión que busca promesas entre rostros desconocidos. Su amor por la música y la personalidad que le dotó a sus versiones de temas de Stevie Wonder, Ray Charles o Rui Veloso le colocaron entre los 10 finalistas (su hermana quedó la tercera, en una edición anterior). Tenía 19 años y aquello le vino grande.

Salvador Sobral esperaba más de sí mismo. Decidió viajar a Mallorca con una beca Erasmus para enterrar la decepción. «Aquella etapa fue muy turbulenta», recuerda el joven cada vez que habla de su estancia en España. En Mallorca se suponía que debía continuar con sus estudios de psicología en la Universitat de les Illes Balears (UIB), pero Sobral se dejo seducir por una la vida crápula. Cantaba en los bares de la capital, llevaba los ritmos de Chet Baker por todas las jam sessions de la isla y flirteó con las drogas para ahogar sus penas.

Paradójicamente, su disoluta vida en España le ayudó a reconciliarse con la música. Ya lo tenía claro, le iba a decir adiós a la Psicología para dedicarse en cuerpo y alma a la música, su pasión.

Su disoluta vida en España le ayudó a reconciliarse con la música

Se trasladó a Barcelona y estudió en el Taller de Músics. Regaló sus composiciones en las calles de la ciudad hasta que formó el grupo Noko Woi junto a su amigo Leo Aldrey. Cuando su carrera parecía despegar, tras cinco años en España, Sobral regresó a Lisboa. Ya sufría problemas de salud, pero luchó por alcanzar el éxito que le negó la televisión.

Excuse Me, su debut en solitario, fue aclamado por los críticos, pero le faltaba la fama, el apoyo de la audiencia, por eso se postuló como candidato para representar a Portugal en el Festival de Eurovisión.

Salvador Sobral sedujo a Europa el pasado 13 de mayo y se alzó con el micrófono de cristal con Amar pelos dois (Amar por los dos), una balada heredera de la bossa nova de Caetano Veloso, incluso con reminiscencias del maestro brasileño Ivan Lins. La dolencia cardíaca de Sobral le impidió participar desde el principio en la promoción de la candidatura. Fue su hermana, la compositora de la canción, la que se presentó en Ucrania y la que lo sustituyó en los primeros ensayos para evitar todo tipo de estrés puesto que, según la prensa lusa, Sobral llevaba un marcapasos conectado a unas baterías en su cintura, de ahí su enorme y estrafalaria indumentaria.

El inmovilismo de Sobral se compensó con la pasión y el alma que rezumó este joven de 27 años a la hora de defender su música. Quieto, tan pequeño en ese inmenso escenario, ante los 11.000 espectadores del Centro de Exposiciones de Kiev, Sobral regaló una actuación absolutamente espléndida a la que se entregó con pasión y que le colocó en el primer puesto. El Micrófono de Cristal viajó por primera vez a Portugal.

“Vivimos en una época en la que prevalece la música de usar y tirar. La música no son cohetes, la música es sentimiento y así hay que entenderla”. Con estas palabras recibió el premio que le convirtió en el ídolo de Portugal (con el permiso de Cristiano).

Desde entonces, Sobral estuvo sometido a una vigilancia constante por los especialistas. A pesar de su mala salud, el joven se pasó el verano regalando música. Hasta que, en septiembre, el equipo médico le advirtió que tenía que hacer un alto en su carrera musical para descansar. Y es que el estrés de las actuaciones y demás le estaban perjudicando sobremanera.

Salvador Sobral se despidió de sus fans a través de un desgarrador vídeo de Youtube.  “No es un secreto para nadie que mi salud es frágil. Tengo un problema y debo entregar mi cuerpo a la ciencia, y retirarme de los escenarios y de la música en general. Ir a un mundo en el que se resuelvan mis problemas. Seguramente el problema quedará resuelto, pero no sé cuándo”, explicó el cantante. En el vídeo, Sobral se muestra convencido de que será “un adiós temporal” y pide respeto y privacidad. “Todo irá bien, que nadie se preocupe”, concluye mientras se sienta al piano.

La música no son cohetes, la música es sentimiento y así hay que entenderla»

Como despedida, antes de ingresar ofreció un espectáculo gratuito en los Jardines del Casino de Estoril, a 25 kilómetros de la capital portuguesa. Allí, cuando su hermana subió al escenario para cantar Amar pelos dois se rompió y no pudo contener las lágrimas.

Ahora Portugal y Europa entera espera reencontrarse con el joven que conquistó Eurovisión y cuyo reinado debe continuar.