“Cuando la gente trabaja y desarrolla su talento en libertad salen cosas. Cuando no salen es porque hay un entorno social que no ayuda, que no lo permite y no lo fomenta, como en los últimos años con la crisis. A finales de los años ochenta existía la sensación de que si tú te querías dedicar a pintar, ibas a pintar; si querías ser diseñador, ibas a ser diseñador; que querías ser escritor, te iban a publicar”.

Quien habla así es Felix Cábez, productor, director de cine y comisario de la muestra La generación del 87. Orígenes y destinos. 1987/2017. Una exposición de fotografías que provienen del número de enero de 1987 de la revista La Luna de Madrid. Una revista que en los años 80 hizo las veces de boletín oficial de la vanguardia cultural que había llegado con la democracia, principalmente en Madrid. La Luna era la revista de la Movida madrileña.

 

En La Luna de Madrid se se recogían las iniciativas culturales de la gente que pintaba, que hacía fotos, que hacía diseño. “La revista empezó a canalizar todo eso y se convirtió en un éxito de ventas. Para celebrar su quinto año de vida lanzó un número especial que coincidió con el año 1987. Así que los editores hicieron el juego con esa cifra y pusieron a Los 87 del 87. En aquel número editaron una foto a toda página con un pie en el que explicaba quién era la persona fotografiada. Eran todo figuras emergentes, escritores, actores, directores, pintores, etc. Y lo que hacía la revista era apostar por ellos, los consideraba una renovación y una apuesta de futuro”. Entre los seleccionados hay nombres como Agustín Ibarrola, Rossy de Palma, Vicente Molina Foix o Coque Malla.

Hace unos años Cábez se encontró la revista en su casa y pensó que podía ser un buen documental y una exposición. La que abre ahora en Conde Duque y que está compuesta por las 87 fotografías de la revista y su versión actualizada. “Lo que hemos hecho ha sido volver a fotografiar 30 años después a los que hemos podido, porque hay quién ha muerto o que ha desaparecido y no hemos podido dar con ellos”, explica el comisario.

Para este productor en aquellos años “había un caldo de cultivo en el que como no había dinero, no había una ambición económica nadie hacía estas cosas con la ambición de hacerse rico, la gente tenía otros estímulos. Esto hizo que la gente tuviera una gran libertad creativa que cuando va unida al talento, al trabajo y también un poquito de suerte, termina llegando a algún sitio. La gran mayoría de las personas que aparecen en la publicación ha continuado trabajando en lo mismo y ha vivido de lo que querían hacer. Los escritores viven de la escritura, los pintores de la pintura, con altibajos porque son 30 años”, explica.

La comparación con la actualidad es inevitable. “En aquellos años no había precariedad, porque partíamos de cero, las generaciones que empiezan a desarrollar su creatividad desde la muerte de Franco venían de la nada, no había infraestructuras, no había ayudas, no había locales, no había editoriales y con el tiempo eso se va consiguiendo. En los noventa y en este siglo hay un escenario distinto. Con la crisis mucho de lo conseguido se pierde y entonces hablamos de precariedad. En aquella época eran precarios pero porque, de alguna manera, eran pioneros. Tampoco se pensaba que el estado tuviera que estar detrás de las iniciativas de la gente, no se pedía cuentas a nadie, todo se hacía por una necesidad. Te dabas por contento con que tu círculo más cercano valorara lo que hacías; eso sí, siempre estaba el sueño de que aquello fuera trascendiendo y llegando a más gente. Entonces un grupo conseguía que pusieran su maqueta en la radio y aquello era un gran triunfo”.

Un retrato del país

En el contraste entre las fotos del pasado y las actuales surgen multitud de lecturas porque hay gente de todo tipo, pero entre todos juntos lo que se tiene es un retrato de cómo ha ido evolucionando cultural, social y estéticamente España. A Cábez le llama la atención que entre las profesiones que se representa en la selección de 1987 haya muchos diseñadores de moda, “algo que en aquel momento tenían mucho prestigio porque estaba en pleno boom la Moda de España, que era la punta de lanza de la recién nacida marca España”.

El creativo publicitario también era una profesión en boga porque “la publicidad estaba llamada a renovar estéticamente el país y la publicidad contribuyó a dar una imagen de una España moderna, activa y conectada con Europa”. Los creativos estaban muy cotizado. Hoy en día no tienen el peso que tenían en 1987. Observa Cábez que el hecho de que no hubiera cocineros en la selección hoy sería impensable: “En el año 87 se apostó por la moda pero no se apostó por la gastronomía y luego ha sido de los campos que más satisfacciones y alegrías ha dado a la cultura española y su proyección internacional”. Que los chefs sean hoy como estrellas de rock en los años 80 ni se intuía.

Una lección para las nuevas generaciones

Según Cábez, los jóvenes pueden aprender con esta muestra: “La exposición no tiene vocación nostálgica, se trata de un retrato de gente que ha vivido con coherencia, con fe en sus ideas, que ha crecido en libertad y quien lo supo aprovechar, en términos artísticos ha consolidado su trabajo. Hubo gente que no supo hacer uso de esa libertad, muchos de los que aparecen en la muestra me han hablado de la gente que se ha quedado por el camino, por ejemplo, con las drogas. Gente que no tenía claro el cauce de su vida”.