Ópera o musical? Ópera de Broadway. Eso es Street Scene, la obra de Kurt Weill que aterriza el próximo 13 de febrero en el Teatro Real. Se trata de una coproducción con los teatros de ópera de Montecarlo y Colonia, dirigida por John Fulljames como director de escena y bajo la batuta de Tim Murray.

Kurt Weill compuso Street Scene con la intención de que se estrenara en Broadway (1947), pero se empeñó en que fuera calificada como una ópera y no un musical. El asunto provocó gran desconcierto ya que era una «obra imposible para el sistema de producción de Broadway y también un producto absolutamente atípico para un teatro de ópera”, confiesa Joan Matabosch, director artístico del coliseo madrileño. Aún así, Street Scene inauguró los premios Tony y Weill donde se alzó con el galardón a la Mejor Partitura Original. Paradojas del destino.

Street Scene nació de la pluma de Elmer Rice (Premio Pulitzer en 1929) como obra teatral (Margarita Xirgú la estrenó en 1930 en Madrid) y dio el salto al celuloide, de la mano de King Vidor, en 1931 antes de convertirse en ópera de la mano del tándem Weill-Rice.

Una obra de mestizaje cuya paleta de ritmos pivota del jazz al blues y del swing al verismo de Puccini

La acción se desarrolla durante los años de la Gran Depresión en el Lower East Side de Nueva York, el barrio elegido por los miles de inmigrantes que se asentaron en la isla de Manhattan en busca una vida mejor. La pobreza, la marginación, el racismo y las escasas perspectiva de futuro rezuman entre las notas de una partitura que puede parecer un cabaret en la superficie, suena a rhythm & blues, ragtime, jazz y blues, pero más allá bulle una gran estructura teatral compleja y musicalmente una sencillez aparente que no lo es tanto.

Confiesa John Fulljames que la mayor dificultad de esta obra, además de coordinar los 25 personajes que pululan por ella, es “la necesidad de conjugar el realismo y el lirismo que desprende la obra, pensada para grandes teatros».

“Kurt Weill inventó un género, la ópera de Broadway, y Street Scene es su obra cumbre. Es un espectáculo completo en el que conviven la música y la fuerza”, afirma Fulljames. Efectivamente, se trata de una obra de fusión, una obra de mestizaje cuya paleta de ritmos pivota del jazz al blues y del swing al verismo de Puccini.

No era la primera vez que el compositor alemán utilizaba las armonías del jazz. En Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (estrenada en el Teatro Real en 2010) ya se vislumbraba cierta querencia. “En su etapa alemana, Weill lo hizo con ironía. Aquí no. Aquí surge como una liberación. Weill buscaba la forma de expresar los dramas de los personajes a través de la música. Convencido de que vivimos en un mundo  en el que ya no existe el dogma, se sintió libre para fundir todos los estilos. Resulta innegable la influencia de Kurt Weill en el treatro musical y probablemente Street  Scene sea el resultado de ese trabajo”, explica Tim Murray.

Desde los primeros acordes se masca la tragedia fruto de las contradicciones del entorno

El tándem Murray-Fulljames, que ya estrenara un montaje menor en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en 2013, recupera la esencia del Nueva York de entre guerras y cuando se alza el telón surge frente al espectador uno de esos típicos edificios de escaleras exteriores, un ecosistema del que brotará lo peor de la naturaleza humana, chismorreos, mezquindad, peleas; pero, como desvela Matabosh, la obra acerca al espectador “en un efecto zoom a una historia concreta, la del matrimonio Maurrant”.

Mary Bevan y Joel Prieto, en una escena de ‘Street Scene’.

La pareja acarrea su propio drama de incomunicación, soledad, maltrato y celos. Desde los primeros acordes se masca la tragedia fruto de las contradicciones del entorno. Al finalizar la obra, con la la desgracia reciente, resulta inevitable preguntar por el futuro de esos dos huérfanos. Al pequeño Willy le han robado la infancia de un plumazo y a su hermana Rose, convertida ahora en cabeza de familia, le han arrancado el amor y los sueños de juventud con cinco tiros a bocajarro. Desgraciadamente, los gritos de Kurt Weill continúan siendo actualidad 70 años después.

El matrimonio Maurrant está interpretado por la soprano estadounidense Patricia Racette, que debuta en el Real, y el barítono brasileño Paulo Szot.

Los gritos de Kurt Weill continúan siendo actualidad 70 años después

Racette dio sus primeros pasos profesionales en en cabaret, antes de cantar en templos de ópera como el Metropolitan Opera de Nueva York, la Royal Opera House de Londres o el Liceu de Barcelona. «La verdadera historia es que mi amor por la música empezó en el cabaret y el pop. Hasta que no llegué a la Universidad no me topé con la ópera. Allí descubrí mi afinidad. Esto es algo muy valioso cuando te enfrentas a una ópera que está a caballo entre los dos mundos ya las cualidades vocales que se emplean en uno y otro estilo son completamente diferentes».

Lo mismo le sucede al barítono que puede presumir de tener un premio Tony al Mejor Actor por su trabajo en South Pacific. “Tras mi trabajo en South Pacific se me abrieron todos los teatros de ópera”, concluye Szot.

  • Street Scene se representará entre los días 13 y 18 de febrero, y entre el 26 de mayo y el 1 de junio. El 16 de febrero el canal de televisión Mezzo retransmitirá la en directo. La ópera será editada en DVD, ofrecida en Palco Digital y distribuida internacionalmente en una coproducción audiovisual del Teatro Real con Bel Air.