¿Tienen fecha de caducidad los símbolos de los partidos? En países como Alemania o Inglaterra, conservadores y laboristas, socialdemócratas y democristianos se reparten el poder desde la II Guerra Mundial. En Italia, los partidos que gobernaron durante más de 50 años desaparecieron en la década de los noventa por los escándalos de corrupción y la aparición de Silvio Berlusconi. En Francia el terremoto Macron acaba de redibujar la geometría parlamentaria, arrinconando a socialistas y gaullistas.

España, en este tormentoso escenario para la política europea, representa una excepción. Las fuerzas surgidas como reacción a la crisis económica, Podemos y Ciudadanos, conviven con los partidos originados en la Transición que, a pesar de todo, siguen gozando de una relativa buena salud.



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Sin embargo, si enseñáramos a un millenial la papeleta electoral de 1977, los únicos símbolos que reconocería,  serían la rosa del PSOE, Esquerra Republicana y el PNV. Son los únicos grandes partidos que han mantenido, casi sin cambios, su marca desde las primeras elecciones democráticas.

Pasear por las salas de la exposición Letras liberadas, sobre la cultura artística y política de los años de la Transición, produce esta sensación de pérdida de orientación cultural y visual. Mucho ha sobrevivido hasta ahora, pero otras cosas parecen poco menos que “jurásicas”. Por ejemplo, además del PSOE existía otro partido socialista, el PSP-US,  con un símbolo: el improbable símbolo compuesto por una paloma con la cola en forma de puño.

Los símbolos de los partidos se han convertido en identidad de marca

“Durante la Transición los símbolos de partidos no eran más que esto, símbolos. No eran ni logos ni marcas. A nivel visual tenían una cierta dureza tanto en las formas como en los colores y sobre todo el protagonismo de las siglas. Hoy los logos son más sencillos”, explica Antoni Gutiérrez-Rubí, director de la agencia de comunicación política Ideograma y asesor de muchas campañas electorales. En 2011 fue el responsable para el PSOE de la campaña de imagen de Alfredo Pérez Rubalcaba y en 2014  asesoró a Juan Manuel Moreno Bonilla, el candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucía.

Cuando acompaña una visita a la exposición Letras liberadas, Francisco Marín, el director de la Imprenta de Madrid, suele empezar  por el cartel con el último mensaje de Francisco Franco antes de morir – según reza la tradición redactado a máquina por su hija Carmen- y el primero del Rey, una declaración de intenciones sobre su reinado.

Tradición y cambio

La muerte del dictador y el nombramiento del nuevo rey se anunciaban con carteles de una grisura hoy inconcebible. Solo se distinguían por el lema que cerraba el texto. El «¡Arriba España! ¡Viva España!» de Franco queda en un, más contenido, «¡Viva España!» de Juan Carlos I.

“Estos carteles se colgaron en las paredes de todos los pueblos y ciudades de España. Incluso se hizo una versión en formato de cuartilla para distribuir en las escuelas. La muerte del dictador no significó un cambio de régimen – el franquismo sobrevivió hasta el referéndum constitucional de 1978 – pero la prensa y la comunicación política dieron un giro paulatino”, explica Marín.

El Partido Popular es un ejemplo de permeabilidad a la transformación

Cada partido respondió como pudo a la recuperada libertad. Para Marín, los partidos que durante la oposición al franquismo habían tenido una larga historia de lucha, como el Partido Comunista, tenían una identidad muy definida y reconocida. Alianza Popular, el movimiento liderado por el exministro franquista Manuel Fraga, apostó sin miedo por los colores de la bandera española: el amarillo y el rojo. Un identidad visual que se conservó hasta 1989, cuando AP se convirtió en el Partido Popular y se cambió al azul, el color predominante entre los partidos conservadores europeos. Para Rubí, el caso del Partido Popular es un ejemplo de permeabilidad a la transformación: ha diluido su identidad gráfica con la presencia del círculo y el uso de una tipografía muy moderna, pero ha mantenido sus siglas, el charrán y recuperado el color azul.

Inventarse desde cero

Al otro lado del espectro estaban partidos como Unión de Centro Democrático, el movimiento de Adolfo Suárez, que nació durante la Transición sin ser heredero de ninguna gran tradición política. Tuvo que construir desde cero su iconografía, símbolos, colores, emblema, lemas de una manera parecida a la que han hecho hoy partidos como Ciudadanos y Podemos. “Los partidos con una larga tradición política parten con la ventaja de que el concepto y la imagen van unidos: la rosa en el puño es un símbolo de la revolución de los partidos socialistas, por ejemplo”, dice Rubí

Un caso aparte es el del PSOE. Durante muchos tiempo titubeó entre la recuperación de antiguos iconos del socialismo hasta dar con la figura del artista infantil José Ramón Sánchez, que diseñó los carteles para las elecciones del 1977 y del 1979. “Supo encontrar la imagen naif, amable que el PSOE de Felipe González necesitaba para presentarse como formación de gobierno”, explica Marín.

Los artistas han aprendido a diferenciar su faceta personal del lado artístico

Entonces, para los artistas, sumarse a la renovación política y social del país no suponía un gran un desgaste de imagen que pudiera resultar perjudicial. Al revés, el arte podía representar la transformación en curso. Sin embargo, para Rubí, el panorama hoy ha cambiado. “Las marcas políticas, nacen en los estudios de diseño y los artistas han aprendido a diferenciar su faceta personal del lado artístico. Por ejemplo Jon Bon Jovi se posicionó  -como persona, pero no necesariamente como artista- a favor de Hillary Clinton en las pasadas elecciones de Estados Unidos”.

Para este asesor de comunicación, los movimientos políticos han tomado los lenguajes propios de la transición, como los panfletos o la pegada de carteles, y los han renovado a través de las redes sociales o de los servicios de mensajería instantáneas como whatsapp. “Han podido crear marcas nuevas desde cero -dice Rubí- con un punto más de espontaneidad en un ámbito cada vez más controlado”.