Hay gente que se levanta todas las mañanas para ir a la oficina y hay otros que se van a Kirguizistán. Pero solo de camino para ir más allá. Destino final, Mongolia. Julia Del Olmo, madrileña de 30 años, ha conseguido convertir su vida en un viaje sin billete de vuelta. Nació como trotamundos en solitario con 24 años gracias a la crisis económica y una licenciatura en Historia de casi nulo valor. Después de un año de trabajo au-pair en Suiza consiguió el dinero suficiente para volar a Argentina. Desde ahí empezó a recorrer toda América Latina, subiendo hasta California y llegando al Caribe. La siguiente etapa fue Asia Oriental, Vietnam, Camboya y Tailandia.


Vídeo: G. M. Piantadosi

“Los miedos ajenos son el mayor inconveniente para las mujeres que quieren viajar solas. Cuando ya estás en la carretera todo cambia. Las personas, en cualquier país donde he estado, se preocupan y se entregan para ayudarte”. Los viajes de mujeres en solitario son uno de los temas que más de frecuentemente trata en su blog Camino Salvaje.

Los miedos ajenos son el mayor inconveniente para las mujeres que quieren viajar solas.

El viaje a Mongolia salió casi por casualidad. Ella estaba preparándose para recorrer la ruta de la seda siguiendo el camino de Marco Polo cuando le llegó un mensaje de Gonzalo. Porteño de 26 años, lleva tres lejos de Argentina. Después de Nueva Zelanda, decidió cruzar Vietnam en moto. Fue ahí donde conoció a Julia.

Planificar el viaje

Aquel mensaje, después de muchos años, contenía una propuesta: alargar su viaje por Asia Central hasta Mongolia, donde existe una aldea que lleva su apellido, Delger. Para Julia será su primer viaje acompañada. La próxima semana saldrán de Madrid, hasta donde ha llegado Gonzalo para poner rumbo a Turquía. De ahí, pasarán por Georgia, Armenia, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán, Kazajistán y finalmente Rusia y Mongolia.

“No tenemos ningún objetivo preestablecido que no sea llegar a Mongolia. No hay ruta ni calendario de viaje. Esperamos llegar a Ulan Bator en verano pero la clave para un viaje como éste es organizar lo mínimo posible. Nos desplazaremos según las circunstancias”, explica Julia Del Olmo.

“No tenemos ningún objetivo preestablecido que no sea llegar a Mongolia. No hay ruta ni calendario de viaje”, dice Julia Del Olmo

Más allá de la moto – una Honda de segunda mano, llevarán consigo justo lo necesario para acampar y los mapas de carretera. El obstáculo más grande que tienen por delante serán las fronteras. “Son países con fronteras relativamente difíciles porque se abrieron hace poco al resto del mundo.

Todos los países de Asia Central requieren visado y en algunos de ellos obtener el permiso para transitar en carretera es complicado. En Turkmenistán, por ejemplo, se puede cruzar el país sólo durante cinco días y se requieren fechas precisas y mucha antelación para obtener el permiso. Pero en un viaje como el nuestro dar fechas concretas es muy complicado porque nunca sabes lo que puede ocurrir en ruta”, explica Julia.

Imprevistos en el camino

Durante todo este tiempo vivirán de los ahorros y buscarán trabajos esporádicos a lo largo del viaje. Para Gustavo Delger, a medida que se acumula experiencia, los viajeros se vuelven más austeros: “Como equipaje llevamos lo estrictamente necesario. Nos adaptaremos a la climatología local según entremos en los diferentes países. Iremos comprando ropa y comida a lo largo del camino”.

“El equipaje será lo estrictamente necesario. Iremos comprando ropa y comida a lo largo del camino”, dice Gonzalo Delger

El camino, de hecho será largo. Más de 20.000 kilómetros. Gonzalo, que tiene experiencia de viajes en moto en solitario, da por hecho que la moto tendrá fallos y roturas, por esto han elegido un modelo para el que será fácil encontrar repuestos. Ambos creen que la mejor manera de enfrentarse a un imprevisto en viaje es ser flexible. “Es muy importante saber improvisar y arreglarte por el camino con lo que hay”, dice Julia Del Olmo.

Confían en que la moto aguante hasta Mongolia pero han tomado en consideración que pueda abandonarles en el medio de algún desierto. “Hemos preparado unas alforjas rígidas que se pueden convertir en soportes para mochilas – dice Julia – en el peor de los casos, si un día la moto dice “basta”, continuaremos andando”.