Los ruteros están en pie guerra. Llevan una semana sin repartir la prensa a los quioscos. El 30 de agosto finalizan los contratos mercantiles que tienen casi 250 transportistas autónomos con la distribuidora DIMA, del Grupo Boyacá. Ellos, los ruteros, son los responsables de que cada madrugada los periódicos lleguen puntualmente a los 1.500 quioscos de la capital. Hace una semana que sus furgonetas permanecen aparcadas. Protestan porque llevan tiempo procurando negociar las condiciones de su nuevo contrato. Dicen que la empresa no les escucha. Además, para renovar el contrato desde la empresa ponen una condición, “quieren reducir la plantilla un 50% y que los que se queden reduzcan su facturación el 50%”, confiesa un repartidor. Las situación resulta muy dolorosa, pero ellos no son más que el último eslabón de una cadena, el último eslabón de la prensa de papel que desde hace más de una década vive en permanente crisis y, ya se sabe, la crisis salpica sin piedad.

Los ruteros no están en huelga porque no tienen derecho, lo suyo es un paro patronal. Mientras se ponen, o no, de acuerdo con la empresa, los quiosqueros sufren las consecuencias de sus protestas ya que llevan el mismo tiempo sin vender periódicos. Las pérdidas de este paro patronal se calculan en 270.000 euros diarios.

La prensa diaria es la principal fuente de ingresos de un quiosco, y la falta de ella ha puesto en una situación muy difícil a los quiosqueros

“Estamos dispuestos a repartir mañana mismo si la empresa se sienta a negociar”, sostienen desde una nota emitida este sábado 28 de julio a traves de Twitter. Una nota en la que se comprometen “a recuperar la normalidad de la distribución del la prensa escrita y avanzar en el espacio de negociación en el que nos hemos comprometido todas las partes: los repartidores autónomos y la empresa Bocaya”. Un reunión que parece que está prevista para el próximo martes 31 de julio.

Así las cosas, los quiosqueros se sienten entre la espada y la pared, porque según detalla la Agrupación Nacional de Vendedores de Publicaciones (ANVP) en un comunicado: “la prensa diaria es todavía la principal fuente de ingresos de un quiosco, y la falta de ella y de las revistas mensuales ha puesto en una situación muy difícil a muchos quiosqueros”. A lo que se suma el hecho, de que «la mayoría de los vendedores van al día y si no hacen caja, no pueden hacer frente a sus gastos diarios”, confiesa Rafael Artacho, presidente de la ANVP.

Crisis

Desgraciadamente, este conflicto es heredero directo de la tormenta perfecta que viven los periódicos desde hace más de una década. Una tormenta provocada por la crisis que estalló en 2008, la aparición de internet y los nuevos actores que ha modificado el consumo de la información. El mismo que está sufriendo la televisión.

Las cifras cantan. El País, La Vanguardia, El Mundo, ABC, El Periódico y La Razón han perdido el 61% de su difusión en una década. Se han dejado casi un millón de ejemplares en el camino, 54.000 solo durante el año pasado.

Las seis primeras cabeceras han perdido el 61% de su difusión en una década

La crisis económica, unida a la crisis del modelo, de la que los periódicos todavía no han podido recuperarse, continúa pasando factura. En los últimos 10 años, el sector se ha enfrentado a una constante caída en su difusión, un indicador que mide la salud de una publicación en papel, puesto que es el resultado de la suma las ventas en quiosco y las suscripciones. La aceptación comercial que tienen un medio entre sus lectores.

Estas seis cabeceras representan el 35% de la difusión total de la prensa española y sus pérdidas demuestran que, desgraciadamente, la caída de la prensa mantiene un lento descenso lento y continuado.

Miguel Ángel Jimeno, doctor y profesor de la Facultad de Comunicación en la Universidad de Navarra, confiesa que lo que verdaderamente le preocupa es el futuro del periodismo. “Las nuevas generaciones no leen información en papel, pero tampoco en digital; no escuchan ni ven informativos en radio y en televisión. Aunque el panorama da miedito, todo el mundo se fija en el papel. Es muy cierto que desde hace muchos años el papel tendría que haber cambiado su modelo editorial porque el actual no sirve, pero, a pesar de todo, no todos los diarios en papel pierden dinero y muchos diarios han dejado de ganar un buen dinero para financiar sus todavía deficitarias ediciones digitales. El futuro del papel parece complicado, pero, ¿y el futuro del medio on line, no peligra? Porque qué pocos medios on line ganan dinero”.

Las nuevas generaciones no leen información en papel, pero tampoco en digital; no escuchan ni ven informativos en radio y en televisión»

Sostiene Jimeno que el problema lo viven todos los medios. “Creo que siempre habrá prensa de papel, pero no como la actual. Desde hace muchos años he defendido la idea de diarios con muchas menos páginas, con muchos menos temas, con cero periodismo convocado, con solo apuestas… Diarios quizá sin publicidad. Diarios quizá sin venta al número y sí con suscripción”.

Nada de todo lo que fue sagrado se sostiene hoy en día. Seguimos editando periódicos. Creemos en los periódicos a pesar de que profesionales como Martin Baron, director de The Washington Post, bautizado como el mejor director de periódicos del mundo, no tenga ninguna duda sobre el futuro de la prensa de papel. Así lo manifestó en su conferencia el pasado 26 de enero de 2017 dentro del foro Conversaciones con. “Los periódicos en papel no van a sobrevivir. Vivimos en un mundo digital dominado por el teléfono móvil. La gente lee las noticias mientras camina por la calle, mientras espera el autobús, mientras hace cola en el supermercado… La mayoría de ciudadanos, y especialmente los jóvenes, recibe la información de manera digital y a través de la redes sociales. Esa es la realidad, y tenemos que vivir en la realidad. Obviamente los periódicos existirán por un tiempo, pero lo cierto es no hay muchas evidencias de que el papel vaya a ser el futuro. Y sin embargo, sí que hay muchas evidencias de que el papel puede no ser el futuro. Ha llegado el momento de reconocer que nuestro sector está cambiando a fondo y rápidamente. Tenemos que lidiar con esa realidad”.

Jimeno no es tan derrotista en sus predicciones. “Los primeros que hablaron de la muerte del papel fueron los gurús tecnológicos tipo Bill Gates. No les entraba en la cabeza que la gente comprara papel si ya tenía ese contenido en una máquina. En su máquina, claro. Lo que Bill Gates y compañía nunca tuvieron en cuenta es que la información casi nunca ha sido el principal motivo de compra de un diario. Hay otro motivo antes: la costumbre, la tradición. Por eso los diarios en papel están aguantando mejor de lo previsto el terrible panorama. Aunque dentro de poco ya no habrá tradición que valga porque no hay nuevas generaciones de lectores y solo mandará la información”.

«Paren las máquinas»

“Paren las máquinas”. Con este titular The Indenpendent cerraba el 26 de marzo de 2016 su edición impresa. El periódico, que en la década de los años 90 había alcanzado los 400.000 ejemplares de tirada, cerraba la edición en papel con una pérdida del 85% de sus lectores.

Para Jimeno, uno de los grandes errores de las empresas de comunicación ha sido pensar antes y centrar todas las decisiones en el modelo de negocio y haber olvidado lo más importante: el modelo editorial. “Casi todos, por salvar un negocio que daba grandes beneficios y que comenzaba a menguar primero y a hacer aguas después, han tomado medidas que han afectado a la esencia de ese negocio: la información. Es decir: la redacción”. Negocio y visión a corto plazo igual a menos periodistas, menos periodismo, menos calidad, menos ventas, menos publicidad. Y así al primer ere le siguió otro, y otro…

Negocio y visión a corto plazo igual a menos periodistas, menos periodismo, menos calidad, menos ventas, menos publicidad

“Si se piensa primero en el modelo editorial —qué diario tengo que hacer hoy en papel (si es que hay que hacerlo en papel), cuál en on line (si es que decido ser multimedia, porque… ¿porqué no puedo ser monomedia?)—, de la mano vendrá qué número de periodistas necesito para hacer un buen diario, si me la juego con la suscripción o con la publicidad, si voy a 64 páginas o a 32, si mantengo las secciones de toda la vida o invento un nuevo orden. La casa hay que empezarla por los cimientos. Hasta la fecha, casi todas las empresas la han empezado por el tejado. Y cuando se empieza por el tejado, todos sabemos el final: muchísimos menos periodistas tienen que hacer el diario de antes (porque sigue con igual modelo) más la página web, más la tableta, más… Y si ya es difícil hacer muy bien un soporte, hacer cuatro con menos personas…”.

Si algo ha quedado claro es que el modelo de negocio publicidad por información no funciona, no es suficiente. Parece que el futuro está en la suscripción, tanto para el papel como para los periódicos digitales. “Creo que es el único modelo posible. Es fácil decirlo, pero para suscribirme a algo, ese algo tiene que ser muy bueno. Hay que ofrecer calidad y, luego, poder cobrar por ella. A veces he escuchado esta idea: ‘si mañana todos las ediciones on line de los diarios de Madrid fueran de pago, se obligaría a la gente a suscribirse’. No creo que la vida sea tan sencilla. Quizá —sin quizá— ahora muchísimos entran al medio porque es gratis. La gente se suscribirá… si la información es de calidad. Y la calidad ahora es más exigente que antes, porque fuera de los medios hay y habrá buena información gratuita”.

Credibilidad y confianza

Credibilidad y confianza son las palabras mágicas, casi sinónimos si hablamos de comunicación. El lector cree en determinado periódico porque a lo largo de los años se ha ganado su credibilidad. Hoy la profesión vive un desprestigio que no le está ayudando mucho para superar esta crisis. “Esa carencia, en mi opinión, viene sobre todo de la mano de la progresiva ideologización de los medios. Y pienso que, sobre todo, afecta a los medios de Madrid. Cada vez leo más opinión, más propaganda. Cada vez veo que primero se tiene el título y luego se escribe la noticia. Cada vez veo más que se ocultan informaciones que no interesan y se da toda la cancha del mundo a las que interesan… La credibilidad no depende del número de periodistas sino de la información. Ahora hay diarios que no se escriben para los ciudadanos sino para la hinchada”.

Asegura Jimeno que Twitter no ayuda. “Cientos de periodistas opinando sin parar. Y piensas: ese periodista que está todo el día poniendo a parir al PP o al partido que sea en Twitter, ¿me voy a fiar de él —por mucho que escriba en su cuenta que sus opiniones son personales— cuando hable en su radio o escriba en su diario? Además, los periodistas no solo opinan, es que además se atacan, se meten unos con otros, hablan mal de los medios… Es un panorama desolador que, desde luego, atenta contra el prestigio”.

Ahora hay diarios que no se escriben para los ciudadanos sino para la hinchada”

Un detalle más que llama mucho la atención. “Los periodistas y medios hablan de todo y, sobre todo, saben y pontifican de todo (de una sentencia, de inmigración, de tráfico…), pero no hay manera de que sepan qué hacer para que sus medios sean rentables”.

Ante la avalancha de nuevos medios digitales vivimos una burbuja que con el tiempo explotará, desaparecerán medios, otros se fusionarán y otros sobrevivirán convertidos en líderes. Pero, ¿son los medios digitales la alternativa a los periódicos o son otra cosas?

“Los digitales creo que son medios que, en general, aún andan buscando qué ser. Ahora son como un diario en papel: un gran contenedor. Pero ese contenedor no tiene la jerarquización del papel y empieza a tener demasiados textos que no son noticia. Y algunos de esos textos son basura. Me preocupa que cada vez se titule peor, pero me preocupa aún más que no se note la presencia periodística en cada vez más textos y vídeos de los digitales”. Para el autor del blog La buena prensa los digitales no saben cómo hablar al lector. “Alardean de que tienen millones de visitas, pero eso hace que no sepas para quién escribir. Los digitales se llenan la boca con las nuevas narrativas, pero qué raro es encontrar nuevos modos de contar”.

Ojalá cada vez les importe más lograr la permanencia de los lectores que el número de visitas”

Está convencido de que los digitales o espabilan o no serán alternativa de nada. “Ojalá cada vez les importe más lograr la permanencia de los lectores que el número de visitas”. En el fondo, mira al futuro y es optimista. “Hay modelos digitales que apuestan —una palabra muy periodística y llena de futuro— por modelos editoriales más concretos”, concluye.