Dice que sus libros están “cabreados”. En realidad, están celosos. En la estantería de casa cada uno de ellos pugna por recuperar el protagonismo robado. Hace dos años que todos comenzaron a sentir que ya no se les prestaba la misma atención, que el recién llegado era el más leído, el más alabado y sobre todo, el más aplaudido. Es comprensible. Ser ‘hermano’ y vecino de estante del autor de la novela más vendida en nuestro país conlleva vivir en una sombra casi perpetua. Fernando Aramburu lo sabe. Su editor le recuerda en cambio que ha sido precisamente ‘Patria’ (Editorial Tusquets) la que ha suscitado un interés por el resto de sus trabajos que de otro modo quizá nunca hubiese generado.

El escritor donostiarra afincado en Alemania lleva dos años de bolo en bolo, de feria en feria, explicando por qué y cómo escribió el relato que ha estremecido a Euskadi y al resto del país. Todos quieren conocer la receta del éxito. Aramburu asegura que no la tiene, que es incapaz de detallar los ingredientes. El pasado jueves le citaron en Bilbao para hablar de lo “imprevisible” de los éxitos editoriales. Afirmó que es el primero que sitúa lo ocurrido con ‘Patria’ en esa categoría de éxito inesperado. “Cuando me dijeron que la tirada sería de unos 50.000 ya me pareció demasiado y mira…”.

Interpelar al lector. En las jornadas tituladas El Autor en el nuevo mundo de la edición, el escritor intentó desgranar las razones por las que ‘Patria’ supera ya los 800.000 ejemplares vendidos. Uno de ellas cree que es haber acertado a la hora de “interpelar al lector”. Señala que a lo largo de las 642 páginas se intenta sumergirle en un tiempo, un lugar y unas circunstancias de la Euskadi sometida a la violencia terrorista. Es eso lo que lleva al lector a preguntarse “qué haría yo en esa circunstancia”, apunta: “Además, la historia provoca unas valoraciones de carácter emocional que si se acompañan de una sensación de veracidad logras llegar a la gente”.

Es importante lograr interpelar al lector, que se cuestione qué haría en una circunstancia determinada”

Oportunidad y fortuna. Aramburu no obvia que en ocasiones la fortuna también juega un papel determinante en el devenir de un libro y en ‘Patria’ la ha habido. Su salida al mercado coincidió con un periodo de desarme de ETA y del final del terrorismo. “Ahora la gente sí estaba preparada y quería meterse en ese mundo que terminaba, sentir cómo se vivió en determinado lugar y en una determinada época todo aquello. Eso sólo se puede sentir con una novela o con una película”, asegura.

El escritor vasco, Fernando Aramburu, durante su intervención en unas jornadas en Bilbao.

El escritor vasco, Fernando Aramburu, durante su intervención en unas jornadas en Bilbao. Mikel Segovia

Sentimientos universales. En sus páginas se describen y relatan sentimientos humanos universales, asegura Aramburu, y es eso una parte fundamental de su éxito. “El libro se ha publicado en seis países y en todos ocurre algo similar. La orfandad, la viudez, el odio o el dolor son sentimientos y situaciones universales”, apunta. Para Aramburu las cuestiones centrales que guían ‘Patria’, como el olvido, la memoria o el perdón son preguntas que se hacen casi del mismo modo en países como Italia o Argentina. Destaca cómo en el caso de los países europeos, la acogida de la novela no ha sido la de una historia exótica que transcurre lejos “sino la de algo propio que sucede en un rincón de Europa”. Muestra de lo que afirma es que ‘Patria’ lleva vendidos ya 60.000 ejemplares en Italia y 50.000 en Alemania, “y en Países Bajos es número uno”, apunta Aramburu aún algo sorprendido.

Parte del éxito radica en que se abordan situaciones y sentimientos universales como el olvido, el odio, el dolor o el perdón”

Sus confidentes literarios. El éxito también lo sitúa en la trastienda, en la labor previa hecha antes de entregar el texto definitivo al editor. Aramburu reconoce que tiene “confidentes literarios” a los que nunca deja de consultar antes de dar por terminada una obra. Con ‘Patria’ jugaron un papel esencial. En el ámbito lingüístico, el filtro lo pusieron los escritores Juan Manuel Díaz de Guereñu y Francisco Javier Irazoqui. En lo relativo al contenido, los expertos que consultó y en los que se asesoró Aramburu fueron Florencio Domínguez, director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el historiador y especialista en terrorismo, Gaizka Fernández de Soldevilla.

Conocer y vivir. Aramburu asegura que en realidad mucho de lo que refleja en ‘Patria’ lo vivió y conoció en su San Sebastián natal. La cercanía con el mundo de las víctimas del terrorismo sin duda era un punto de partida esencial. También la distancia, desde Alemania, para reposar el análisis ha facilitado las cosas. Asegura que tras leer la novela muchas personas se le han acercado emocionadas para darle las gracias o incluso para reconocer que “estaban equivocadas”. No niega que también ha visto como era “juzgado por determinados rincones ideológicos” pero eso era algo con lo que contaba, “no pasa nada”.

Una historia cerrada con final abierto. No habrá segunda parte. Aramburu tiene claro que no escribirá un ‘Patria II’. El final de la novela está muy “cincelado” y no lo quiere “traicionar”. Es lo primero que tuvo claro de la novela, “todo lo demás está escrito para que nos lleve a ese final”. Asegura que se trata de un final “abierto” pensado para permitir que todo quede como una posibilidad de futuro. “Soy de los que desea que nuestra sociedad se reencuentre, no hace falta que se abrace pero sí que coexista pacíficamente”.

Cuando salió la tirada de 50.000 ejemplares me pareció exagerada. Dos años después se han vendido 800.000

Escribir para otros. Está convencido de que es uno de los errores más extendidos de los escritores. No se debe escribir para uno mismo sino para los demás, para los lectores, “eso es algo que en ocasiones los escritores perdemos de vista”. Le interesa descubrir qué provoca lo que narra, por qué algo que a él le ha dejado frío provoca emoción en otros lectores, “por eso creo que debemos escuchar más a los lectores cuando se expresan sobre nuestros libros”.

Autores ajenos. Asegura que es una de sus fuentes de aprendizaje. Leer a escritores que poco o nada se parecen a él le aporta “cosas que yo no tengo” y que finalmente enriquecen su modo de ser y escribir. A un libro “vamos con todo, con nuestra formación, nuestras convicciones, nuestros prejuicios, nuestra edad, etc. y por eso nos llega de modo diferente a cada uno”. Es lo que busca cuando cada década relee ‘El Quijote’, que ya toca.

Los escritores debemos escuchar más a los lectores cuando se expresan sobre nuestros libros”

“Salvar el día”. La constancia en la escritura está detrás de su modo de trabajar. Aunque sea un párrafo, apenas unas líneas, todos los días debe escribirlas. Él lo llama “salvar el día”. Asegura que es así como ha escrito la obra que seguido a ‘Patria’, su último trabajo ‘Autoretrato sin mí’, con pequeños momentos robados a su apretada agenda en hoteles, aviones y tiempos muertos. Un hábito adquirido desde su primer trabajo, cuando compaginaba la docencia con la escritura y el cuidado de sus hijas pequeñas.

No tener agente literario. Dice que no lo necesita, que jamás lo ha tenido. Aramburu es un escritor fiel a quien confió en él desde el primer momento. Aún rememora cuando desde Alemania envió a tres editoriales ‘Fuegos con limón’ (1996) una copia de las 616 páginas de su primera obra. Ni Seix Barral ni Anagrama se interesaron por ella, Tusquets sí. Desde entonces no ha cambado de editorial con la que asegura que tiene una relación “casi personal” y familiar.