Robledo Puch tenía 19 años cuando lo detuvieron. Cuentan las crónicas que aquel querubín de ojos claros y melena ensortijada, incluso esposado, transpiraba lástima. Su belleza sobrecogió tanto a la prensa que llegó a compararlo con Marilyn Monroe. A las puertas de la juventud, cuando estaba dejando atrás la adolescencia, Puch fue condenado a cadena perpetua por 10 homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, 17 robos, complicidad en una violación, tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos.

Seducido por la figura de Puch, Luis Ortega ha revolucionado la taquilla argentina con El ángel, su quinta película y, como no hay quinto malo, con ella aspira a representar a su país en la carrera hacia los Oscar. «Siempre me llevo mal con lo que me toca, no es algo que me enorgullezca, pero reconozco que es mejor disfrutar de las salas llenas», bromea al recordar sus fracasos anteriores.

El largometraje, que se estrenó en la sección Un Certain Regard el pasado Festival de Cine de Cannes, está basado en la historia de Carlos Robledo Puch, el ángel de la muerte, bautizado así por la prensa de la época.

Cuentan las crónicas que, aquel querubín de ojos claros y melena ensortijada, incluso esposado transpiraba lástima

El ángel atrapa una realidad para transformarla en el punto de partida de la ficción. La película que Ortega tenía en la cabeza, la que ha rodado, bebe de la violencia gratuita de las historias de Tarantino, mueve la cámara al más puro estilo de Scorsese, incluso se atreve con el surrealismo almodovariano cuya banda sonora bien podría pertenecer a cualquiera de los primeros trabajos del director manchego.

Basada en Ángel Negro, el libro escrito por Rodolfo Palacios en 2010, la película se estrena el próximo 31 de octubre y está protagonizada por un inmenso Lorenzo Ferro que se mete de lleno en la piel de Puch, al que acompañan en el reparto Chino Darín, Mercedes Morán, Daniel Fanego y Cecilia Roth.

«Empecé con una primera versión que escribí junto a mi amigo Rodolfo Palacios. Luego se sumó otro amigo, Sergio Olguin, que es un muy buen escritor. Eso sí, no hubo aportes de guionistas. Yo tenía una película en la cabeza y hablábamos sobre esas imágenes. Luego, la película es el resultado de un trabajo solitario, sobre todo de dialogar y escuchar la voz de cada personaje».

El ángel es la historia de un psicópata sobreprotegido por su madre, enfrentado a su padre y enamorado de su mejor amigo y compañero de fechorías. A priori, podría simplificarse y compararlo con la historia de El Lute. Lejos de buscar parecidos, desde el otro lado del charco podríamos preguntar, ¿quién es de verdad Robledo Puch? «No tengo ni idea», contesta lacónico el director.

No lo debe saber ni el mismísimo Robledo Puch que declaró estar indignado por el resultado de la película, puesto que, según él, no se ajusta en muchos sentidos a su historia. Respecto a la tendencia sexual de Carlitos, defiende Ortega, que el joven jamás pelea contra su pulso homosexual, todo lo contrario, incluso puede ser hombre o mujer según le venga en gana. «Ni siquiera tiene el concepto de lo que es ser homosexual. Es aburrido esto del género, es antiguo pensar en esos términos. Su amigo Ramón, que se hace el machito, tiene más prejuicios con el tema. Aunque accede rápidamente con un coleccionista de arte en el marco de una transacción», matiza el director.

El final digamos que sí, que anuncia el fin del baile para toda una generación»

El protagonista de El ángel rezuma rasgos psicopáticos, imperturbable al dolor, es capaz de acabar incluso con la vida de su amigo si lo considera necesario. «Siente que ya vivió todo lo bueno y que es el final. De todos modos, también podría considerarse como un suicidio frustrado».

En el filme, la violencia de los asesinatos a mansalva cometidos por Robledo Puch a comienzos de los años 70 y su patético final se convierte en toda una metáfora de la violencia institucional implantada por la última dictadura militar argentina. «Yo creo que El Ángel es solamente lo que ves y lo que escuchas. Una aventura dura. El final digamos que sí, que anuncia el fin del baile para toda una generación», concluye Ortega.