No pretendo adoctrinar, sólo espero que te plantes delante de Leonardo Da Vinci y disfrutes de él como quieras. Yo lo disfruto como humano, como hombre y como el perdedor que fue”. Caminar por el Palacio de las Alhajas con Christian Gálvez, comisario de la exposición Leonardo da Vinci, los rostros del genio, es todo un privilegio. Contagia su pasión, su delirio y su entusiasmo por la figura de Leonardo da Vinci y por el Renacimiento, una época que él ha bautizado como la adolescencia de la Historia. “El ser humano, como los adolescentes, ya no le hace caso a papá. Si cae un rayo ya no es que papá se ha enfadado…”.

Consciente de que hasta “hace sólo dos años era otro de la tele que escribía libros”, ahora que es miembro del Leonardo DNA Proyect, un plan internacional cuyo objetivo es completar un perfil genético lo suficientemente extenso como para encontrar el origen de sus habilidades, agudeza visual y sus características faciales, rehuye de cualquier tipo de loa. “No soy experto en nada, sólo soy un apasionado mundial de Leonardo. Yo tengo dos trabajos, uno es hacer roscos y el otro hablar de tito Leo. Ambos me hacen mejor profesional y mejor persona”.

No soy experto en nada, sólo soy un apasionado mundial de Leonardo»

Sostiene Christian Gálvez que el óxido del tiempo le ha otorgado a Leonardo una fama y un reconocimiento universal que su época muy pocos fueron capaces de ver. “Murió perdedor, pidiendo perdón a Dios y a los hombres porque su trabajo no fue lo suficientemente bueno como se esperaba”, explica Gálvez mientras recita la última frase que escribió el maestro antes de morir. “Aquí lo dejo porque se me enfría la sopa”.

Pintor, inventor, escultor, arquitecto, músico, ingeniero, astrónomo, pensador, consejero de las grandes familias del Renacimiento… Clasificar a Leonardo da Vinci en una sola disciplina se convierte en una tarea harto complicada, sobre todo con las altas probabilidades de fuera disléxico, TDAH y bipolar. “Empezaba muchas cosas, pero nunca las terminaba. El 50% de sus obras no las acabó, el 50% de sus inventos no eran suyos y otro 25% no funcionaba. Rara vez remataba y fabricaba sus diseños. Y no es menos genio por ello”.

Ilegitimo e iletrado, Leonardo da Vinci nació el 15 de abril de 1452 hijo de una campesina de origen árabe y de un notario. “A los cinco años su padre lo arrancó de los brazos de su madre y se lo llevó a la casa familiar. Eso sí, nunca lo reconoció. Menos mal, porque entonces su vida hubiera sido la de un notario cualquiera”, matiza Gálvez.

Pensador, consejero de las grandes familias del Renacimiento, la muestra Leonardo da Vinci, los rostros del genio presenta al hombre de carne y hueso con sus luces y sus muchas sombras.

En la obra de Leonardo tiene “tanto valor lo inacabado como lo acabado”

Un gran cubo formado con todos los posibles rostros de Leonardo y el violín de Ara Malikian, su electricidad y su pizzicato, reciben al visitante en el Palacio de las Alhajas de Madrid (Plaza de San Martín, 1). “Es una manera de reflejar la mente poliédrica de Da Vinci y la transversalidad de su conocimiento», desvela Gálvez al tiempo que explica que en la obra de Leonardo tiene “tanto valor lo inacabado como lo acabado”.

Leonardo da Vinci, los rostros del genio

Un gran cubo formado con todos los posibles rostros de Leonardo recibe al visitante en el Palacio de las Alhajas.

Los rostros de aquellos que le vieron trabajar, sus coetáneos, escoltan las reproducciones de sus principales obras, al tiempo que el visitante se va haciendo una idea de lo que supuso el genio florentino para el arte del Renacimiento. “Leonardo cambió por completo la iconografía. En esa época los retratos femeninos se realizaban de perfil y con las manos superpuestas, en un acto de entrega al marido. Botticelli pintó a Simoneta Vespucci, su musa, siempre de perfil. Sólo cuando murió se atrevió a mostrarla de frente, pero la convirtió en personaje, en Venus, en la protagonista de El nacimiento de la primavera. Por aquella época, Leonardo retrató a Ginevre de Benci de frente, con ese cuadro cambió el paradigma del retrato femenino. Curiosamente su mayor logro artístico se convirtió en su máximo fracaso, que le llevó a un enfrentamiento con Botticelli”.

Acostumbrado a hacer lo que le venía en gana, no lo que pedían los mecenas que pagaban sus obras, cuadro tras cuadro, Christian Gálvez desvela los fracasos de Leonardo. “A Leonardo la religión le daba lo mismo, estaba emperrado en captar el alma de los personajes. Su Adoración de los Reyes Magos evita toda la simbología religiosa, cuesta reconocer a los magos y rompe con todo lo establecido”. Esta provocación junto a la acusación de sodomía, por la que permaneció dos meses en la cárcel y fue liberado por falta de pruebas, le llevaron a huir de Florencia rumbo a Milán, en busca de nuevos horizontes. “Tras la acusación de sodomía, Leonardo practicó el celibato desde los 24 años hasta los 67 con lo que cualquier tendencia sexual no se puede demostrar”.

Tras la acusación de sodomía, Leonardo practicó el celibato desde los 24 años hasta los 67″

Leonardo nunca se rindió. Pero fracasó en Florencia, en Milán, en Venecia y en Roma. Sufrió lo que hoy llamamos fuga de cerebros. Al final, se tuvo que ir a Francia, invitado por el rey Francisco I y allí murió.

Imposible pasar por alto su Última cena, obra a la que la muestra dedica un vídeo que desvela los aportes técnicos del genio. Recuerda Gálvez que la Última cena fue su obra más importante hasta que en el Romanticismo, los franceses ensalzaron la Gioconda, el único cuadro con el que, desamparado y desvalido, viajó a Francia. «Fue y sigue siendo una operación de markéting, hasta que no la robaron, la Gioconda permaneció en un rincón del Louvre, un rincón debajo de una escalera en el que nadie se paraba. Pregúntate por qué se niegan a restaurarla. Porque acabarían con el icono. Esto no es más que una pelea entre Italia y Francia».

Tocad todo lo que queráis, lo que pretendo es que, como Leonardo, saquéis al niño que lleváis dentro»

Como inventor dejó trazadas las ideas de lo que luego serían dispositivos y aparatos tan dispares como el paracaídas, el helicóptero y el tanque, aunque el nivel tecnológico de su época hizo imposible que los viera convertidos en realidad. Una vez situado al pintor, al artista, la exposición ofrece una visión del Leonardo ingeniero. En el piso superior del palacio pululan numerosas maquetas de las avanzadas máquinas e ingenios ideadas por un hombre «que nunca dejó de volar con la imaginación». Lo mejor de esta zona es la posibilidad de ver las maquetas en forma de realidad aumentada gracias a la app gratuita leonardodavinciexpo. “Tocad todo lo que queráis, lo que pretendo es que, como Leonardo, saquéis al niño que lleváis dentro, ese que jamás perdió la curiosidad. Me encanta ver esas caras de sorpresa”.

Pero Leonardo también fue un gran investigador del cuerpo humano. “Era ese loco que compraba cadáveres para diseccionarlos. Sus dibujos no sólo eran científicos, como siempre, también en ellos buscaba la verdadera belleza».

El alma se encuentra donde reside el juicio y el juicio reside en el lugar llamado sentido común, donde se encuentran todos los sentidos.

La 'Tavola Lucana' muestra el verdadero rostro de Leonardo da Vinci.

La ‘Tavola Lucana’ muestra el verdadero rostro de Leonardo da Vinci.

“Leonardo creía en la existencia del alma y pensaba que ésta se hallaba en el cerebro”, explica el presentador de Pasapalabra mientras recorre la sala dedicada a los estudios anatómicos realizados por el genio florentino.

El regalo más valioso de la muestra surge al final del recorrido. Si cerramos los ojos y pensamos en Leonardo da Vinci probablemente veamos la imagen sepia de un anciano, barbudo, con cabellos y pestañas largas, de gesto adusto y ceño fruncido. Un dibujo que desde 1810 es el que se ha apropiado de la esencia de Leonardo. Pero no, esa no es su verdadera imagen. En 2008, el historiador Nicola Barbatelli demostró al 99% que el verdadero rostro de Leonardo es el que muestra la Távola Lucana. Un hombre de mirada clara, serena y dulce. Un hombre que murió vacío y que sólo conoció el éxito en sus últimos tres años de vida. “Ahí os dejo con él. No dejéis de admirar al genio y conocer al hombre”, concluye.