Enero de 2016. Hace un calor insoportable en Melbourne y el cielo parece que escupe bolas de fuego. David Ferrer acaba un entrenamiento intensísimo a dos días de su debut en el Abierto de Australia y se seca las de gotas de sudor con una toalla. Está cansado, pero con la adrenalina disparada, y ahora le espera una ducha antes de irse al hotel a descansar.

– Hola, David, ¿qué tal? ¿Cómo ha ido el entrenamiento?
– Todo bien y listos para debutar.
– ¿Tienes un rato para hablar de la temporada?
– Sí, cómo no.

David Ferrer (Jávea, 1982) era entonces el número ocho del ranking mundial y postergó su cita con la ducha durante 20 minutos para hablar de sus retos con un periodista al que apenas conocía de un puñado de torneos. Conseguir entrevistas con las principales estrellas del deporte no es especialmente sencillo en la actualidad. Para hablar a solas con los mejores futbolistas, tenistas, pilotos o jugadores de baloncesto hace falta mucha burocracia. Ferrer, en cambio, ha vivido siempre su profesión con los pies pegados a la tierra. Y eso que ha ganado 27 títulos, ha sido número tres del ranking y ha competido de tú a tú con la mejor generación tenística que ha existido. Aunque no deja de ser una anécdota, el gesto en Melbourne resume bien quién es David Ferrer, un hombre sencillo que nunca ha perdido el contacto con la realidad.

Gracias a la carrera que he tenido puedo mirar hacia atrás y sentirme orgulloso por todo lo conseguido»

Para mucha gente en España, el tenis se resume desde hace una década y media en dos palabras: Rafael Nadal. Pero tras esa leyenda, a la sombra de esas once letras, ha habido un jugador mayúsculo que colgó el miércoles la raqueta en el Mutua Madrid Open.Seguramente muchos han subestimado a Ferrer, de 37 años, únicamente por el hecho de no haber ganado un Grand Slam.

Se quedó muy cerca en 2013, cuando perdió por el título en Roland Garros ante Nadal. Sin embargo, la mayoría de las estadísticas le colocan en un grupo selecto a nivel internacional: es el octavo jugador con más partidos en la historia del tenis (1.111); acumula más victorias que leyendas como Boris Becker, Mats Wilander, Andy Murray o Thomas Muster; es el quinto jugador en activo con más títulos; y ha sido «top ten» de forma ininterrumpida entre octubre de 2010 y mayo de 2016. Además, puede presumir de haber ganado tres veces la Copa Davis.

«Su mayor triunfo es quedarse con la conciencia tranquila de que se ha vaciado», dice a El Independiente Álex Corretja, ex número dos del mundo y ex capitán de la Copa Davis.»Ha sido un jugador disciplinado, serio, constante, metódico y profesional. Se ha superado constantemente para ser mejor y ha exprimido al máximo sus posibilidades».

Ferrer y Nadal en el Godó.

Ferrer y Nadal en el Godó. EP

Nadal, Federer, Djokovic y Murray le hicieron mejor jugador

Lo normal es pensar que Ferrer habría conquistado más torneos y más gloria en otra época, sin los Nadal, Federer y Djokovic. Se lo habrán preguntado cientos de veces, pero él siempre ha respondido lo mismo: esos jugadores le han hecho mejor tenista. «Si no los hubiera visto como jugadores, si me hubiera quedado con otro tipo de jugadores que vi al principio, no diré nombres, no hubiera sido tan buen jugador», dice en una entrevista reciente con la página de la ATP.

Su mayor triunfo es quedarse con la conciencia tranquila de que se ha vaciado», dice Álex Corretja

«Coincidir con ellos le ha privado seguro de muchos títulos y triunfos», analiza Corretja. «Pero sin ellos igual no era consciente del nivel que podía llegar a alcanzar», añade el tenista catalán, que coincidió con otros monstruos de la raqueta como Pete Sampras, André Agassi, Stefan Edberg o Thomas Muster.

Ferrer se retira habiendo ganado seis veces a Nadal, cinco a Djokovic y otras seis a Murray. A Federer, sin embargo, nunca pudo doblegarle. Pero el alicantino cuelga la raqueta orgulloso de todo lo que desplegó en las pistas de tenis. Ahora se dedicará a pasar más tiempo con su mujer, Marta, y con su hijo, Leo, que tiene apenas un año.

«Gracias a la carrera que he tenido puedo mirar hacia atrás y sentirme orgulloso por todo lo conseguido», añade. Al final lo que queda es la persona, los títulos quedan en la sala de trofeos que tengo, pero no dejan de ser trofeos. El cariño que he tenido por parte de todo el público y de mis compañeros y amigos en el mundo del tenis es con lo que me quedo. Con las experiencias vividas».

David Ferrer durante el torneo Godó de 2019.

David Ferrer durante el torneo Godó de 2019. EP

Nueva York 2008, la única mancha en su currículum

Ferrer nunca fue un tenista de preciosismos o grandes titulares. A cambio, siempre ofreció compromiso y dedicación, hasta la última gota de sudor.  Ha encarnado los valores que el público tanto reclama en los deportistas de élite. Humildad, sacrificio, elegancia en la derrota y en la victoria. Ni una mala palabra contra un rival, ni un mal gesto al público.

Su currículum sólo tiene una mancha: aquel “las chicas no pueden hacer nada” que le gritó a una jueza de silla en 2008 en Nueva York. Aunque se arrepintió prácticamente al momento, esas palabras le persiguieron durante un tiempo. Todo se quedó en eso, un lapsus en una carrera casi inmaculada y coronada con 27 títulos (además de otras 25 finales) y el reconocimiento unánime en estos últimos meses.

Unas ovaciones que llegan tarde a los ojos de Corretja. «Le han aplaudido más en seis meses que en los últimos diez años. Es un reconocimiento tardío, pero es un poco ley de vida. Hasta que no te das cuenta de que vas a perder algo, no eres consciente de lo que tenías».