El tartán luce verde impoluto. Y los asientos de las gradas nunca van a estar más blancos que ahora. Después de un trajín administrativo largo y tedioso, el estadio Vallehermoso está impecable y listo para reabrir sus puertas este fin de semana con el meeting de atletismo de Madrid.

La principal novedad tras la remodelación está en la pista de calentamiento. Normalmente, esta zona está en las catacumbas de los estadios: los atletas estiran y desentumecen los músculos casi a oscuras, alejados de la luz y de los ojos de curiosos. Pero en el nuevo Vallehermoso, en el céntrico barrio de Chamberí, lo harán en una pista construida encima de una de las gradas. Y es que quizás es mejor no excavar mucho en este lugar. No vaya a ser que aparezca el cuerpo de algún muerto.

A esta zona se la conocía como «el campo de las calaveras» por los huesos que se encontraban

Antes que estadio, este solar fue cementerio. Y no precisamente uno pequeño. El Sacramental de San Martín, San Ildefonso y San Marcos se construyó en 1849 por obra de Wenceslao Graviña, después de que durante el reinado de José Bonaparte (1808-1813) se levantaran varios camposantos en lo que entonces eran las afueras de la capital española. El de San Martín, San Ildefonso y San Marcos estaba justo en la parcela de Vallehermoso, entre la Avenida Filipinas y las calles Jesús Maestro, Melquíades Álvarez y Vallehermoso.

«La entrada era porticada y tenía a ambos lados dos construcciones hexagonales destinadas a vivienda del guarda y capilla. Aunque oficialmente se clausuró en 1884 se siguieron efectuando enterramientos hasta 1902. Aquí fueron enterrados entre otros el pintor Eduardo Rosales y el escritor Ángel Fernández de los Ríos», señala la escritora María Isabel Igea en su libro Guía visual del Madrid desaparecido.

Un proyecto fracasado, la Guerra Civil y finalmente el estadio

«En 1926 se pensó mantenerlo como un suntuoso jardín, conservando el pórtico, la capilla y la casa del guarda y derribando las galerías de nichos. El proyecto incluía la construcción de una gran plaza central, que se denominaría Jardín Elíptico, donde se colocarían estatuas de alcaldes madrileños, así como una serie de patios adornados con fuentes y hornacinas. El proyecto nunca se llevó a cabo. A pesar de llevar años cerrado, los cipreses permanecieron en pie hasta después de la guerra civil y los nichos sirvieron de refugio durante la contienda».

Los cipreses también llamaron la atención del que fuera cronista de la Villa de Madrid Antonio Velasco Zazo: «Bellos y valiosos panteones (…) contribuían a la grandeza del pórtico y el recinto, donde imperaba el romántico cipresal», escribió el ya fallecido escritor en Recintos sagrados de Madrid.

Aunque para las décadas de 1940 y 1950 la mayoría de los cuerpos ya se habían trasladado a otros cementerios, de cuando en cuando se encontraba algún hueso. De ahí que a ese recinto se le conociera como el «campo de las calaveras». Y a finales de la década de 1950 arrancó el proyecto del estadio Vallehermoso: el arquitecto Manuel Herrero Palacios, durante mucho tiempo Director de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid, diseñó el estadio con vistas a albergar en 1962 los Juegos Iberoamericanos.

Yelena Isinbayeva, Edwin Moses y Carl Lewis

Inaugurado en aquel entonces, se mantuvo en pie hasta 2008 habiendo recibido grandes citas como doce campeonatos de España de atletismo y once ediciones del Meeting de Madrid, una competición internacional. Por  sus calles han corrido leyendas como Edwin Moses, Carl Lewis o Steve Ovett. Y en 2005 fue escenario de un récord  del mundo de salto con pértiga, los 4,95 de la zarina rusa Yelena Isinbayeva.

Poco después, en 2008, fue reducido a escombros en la época del «boom inmobiliario» de España sin que hubiera un plan claro sobre su futuro. El fracaso olímpico de Madrid y la crisis dilataron la remodelación, inicialmente planificada para el inicio de la actual década. Al final, cuatro alcaldes después, Madrid volverá a abrir las puertas de su casa del atletismo.

Panorámica del nuevo estadio Vallehermoso | RFEA

Panorámica del nuevo estadio Vallehermoso | RFEA