«Sostenibilidad, mundo rural y animalismo» ha sido el título del acto convocado hoy por la Fundación del Toro de Lidia (FTL) en el que el ganadero Victorino Martín, ha afirmado que la industria animalista es «una bala al corazón» de la España rural.

Un acto que ha llenado las 176 butacas del auditorio El Beatriz de Madrid y en el que los participantes han desvelado datos sobre un movimiento que, «lejos de defender a los animales», supone un «cataclismo ecológico, económico y cultural, una utopía destructora de la civilización y que un ataque frontal con la España vaciada», en palabras del presidente de la FTL.

También el portavoz de la FTL, Chapu Apaolaza, ha insistido en el mismo discurso para alertar de «los peligros» que supone el animalismo en la sociedad, además de asegurar que detrás de esta corriente contraria a los toros están grandes empresas.

«El animalismo, más que una ideología, es una industria apoyada por auténticos dinosaurios empresariales, y todo para tratar de crear un marco de pensamiento devastador, en el que juegan muy bien con la empatía, y en el que nos le importan hacer escraches, campañas de acoso y cacerías contra lo que ellos consideran inmoral», dijo Apaolaza.

En ese sentido se ha referido a un reciente informe que insta a reducir el consumo de carne para salvar vidas y el futuro del planeta, algo que incluye el jamón ibérico «que es uno de los motores en la salvaguardia de la dehesa y, por tanto, uno de los grandes frenos del cambio climático», añadió Apaolaza.

La solución que se propone sería el consumo de carne artificial o carne ética, como también se le llama, un producto del que están detrás esas grandes industrias y que comercializarían a costes mucho más bajos que la carne normal, lo que supondría la quiebra de miles de explotaciones ganaderas, según el representante de la FTP.

Leyes rurales hechas en las ciudades

En el acto ha participado también un pastor asturiano, Nel Cañedo, que, gracias a su canal de Youtube se ha convertido en un «influencer rural», y que ha protagonizado la intervención más rotunda, apelando a la lógica y a su experiencia en el pastoreo por los Picos de Europa.

«Querer a los animales es jugarse la vida por ellos, levantarse y acostarse pensando solamente en ellos, conocerlos a todos por su nombre y llorar cuando los lobos matan a alguno de ellos; y no es ponerles un abrigo, gastarse 60 euros en una peluquería y robarles la libertar de la naturaleza metiéndolos en un piso por mera diversión», señalaba.

También ha defendido el futuro del mundo rural, las técnicas de trabajo que se han utilizado toda la vida en el pastoreo para ayudar a la conservación de los paisajes y los ecosistemas, y ha criticado que las leyes sobre el mundo rural se hagan desde las ciudades, sin escucharlos a ellos, y la cantidad de trabas burocráticas que sufren para competir con un mercado neoliberal que les abrasa.

«Y sobre todo pido a algunos partidos que dejen de dárselas de salvadores de la España vacía y luego bajo manga apoyan industrias animalistas que lo único que van a conseguir es que, precisamente, desaparezcan los pueblos, y con ellos una cultura, una forma de entender la vida y un motor económico y ecológico de nuestro país», concluía.