Cada generación, y nunca mejor dicho, es hija de sus problemas y vivencias; marcada por determinantes sociales de los tiempos que les ha tocado vivir. Y si durante la adolescencia todos buscamos nuestro espacio y ansiamos la rebeldía, no es de extrañar que la Generación Z —aquellos nacidos en los primeros años 2000— venga arrollando a cada paso que da. Reflejo de esto es Generation, la nueva serie de HBO que se estrena este próximo jueves 11 de marzo.

Rodada el pasado 2019 en la localidad californiana de South Pasadena (Estados Unidos), nos traslada a un universo juvenil donde todo va más allá de las apariencias. Dirigida y creada por Zelda Barnz y Daniel Barnz, este oscuro pero divertido drama de ocho capítulos de media hora sigue a un grupo diverso de estudiantes de secundaria cuya exploración de la sexualidad pone a prueba algunas creencias profundamente arraigadas. Su concepción de la vida, el amor y la naturaleza de la familia rompe con una comunidad profundamente conservadora.

Con una clara presencia de las redes sociales como un protagonista más —a pesar de la desinformación que generan— y una explosión de hormonas, el registro de serie de adolescentes puede sonar un poco chirriante y repetitivo así de primeras. Pero Generation marca un antes y un después en unos aspectos que títulos similares, como Skam o Euphoria, representaron a su acertada manera pero sin mojarse del todo. «¿Por qué te preocupas por salvar el mundo?», dice uno de sus protagonistas.

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Historias más que entrelazadas

En este abanico de nuevos rostros de la pequeña pantalla e historias personales empezamos por Chester (Justice Smith). Este excéntrico chico queer rompe con los esquemas sociales y trae por la calle de la amargura a muchos miembros del equipo directivo de su instituto. A pesar de una aparente normatividad como integrante del equipo de waterpolo del centro, su actitud rebelde se ejemplifica con los atrevidos looks con los aparece en clase. Castigado muchas veces por esto, goza de gran popularidad entre sus compañeros a pesar de ir contra el sistema y no poner cara de amigos a nadie.

Su mejor amiga es Riley (Chase Sui Wonders), la chica popular del instituto pero alejada del arquetipo que se ha representado hasta ahora de perfecta, rubia, animadora y blanca. Esta vez es fotógrafa, activista, bisexual y latina. Además, será la unión de muchas historias entrelazadas. Resulta que Greta (Haley Sanchez) está profundamente enamorada de ella. En una burbuja de ingenuidad, deja que Riley haga con ella lo que quiera. Asimismo cuenta el fiel apoyo de su tía Ana (Nava Mau), con quien vive desde que emigraron a California desde Latinoamérica.

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Por otra parte Nathan (Uly Schlesinger) aún vive en el armario. A pesar de que tiene bastante claro que es bisexual, goza del apoyo de Riley, su mejor amiga. Lamentablemente el entorno más directo de Nathan es ultraconservador. Entre las apariencias y las misas de los domingos de la iglesia evangelista en la que colabora activamente su madre, el chico se encuentra entre la espada y la pared en muchas situaciones. A esto se le une su quisquillosa hermana Naomi (Chloe East), que acostumbra a darle una de cal y otra de arena, sobre todo con el tema de su sexualidad.

Un tratamiento queer muy fresco

Por su parte Naomi cuenta con sus dos fieles amigas, que ambas encarnan el papel de perrito faldero. Arianna (Nathanya Alexander) es hija adoptada de un matrimonio gay y le encanta mostrar sus dotes con el sarcasmo cada vez que abre la boca. Además, Delilah (Lukita Maxwell) es la que más inadvertida pasa entre la multitud. Pero dentro de su rol de chica tímida esconde grandes sorpresas que no dejarán a nadie indiferente. Todos ellos tendrán un un nexo en común: la asociación LGTB del instituto, regentada por el propio director Sam (Nathan Stewart-Jarrett).

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Pero todo va más allá de las fiestas perfectas, los barrios de casas unifamiliares idénticas, las historias ocultas y personales de cada uno y los posts de Snapchat e Instagram. Generation trae una visión muy actualizada y fresca de cómo los más jóvenes viven y exploran su sexualidad más allá de las etiquetas LGTB. Con una clara representación de la bisexualidad y un acertado abanico étnico, se pone sobre la mesa una auténtica denuncia social sobre las barreras que los más jóvenes están dispuestos a romper.