Cinco de la mañana. El cubata casi ha desaparecido del sistema digestivo y suena Cuando zarpa el amor. Como si de una fuerza motora imparable se tratase, toda la discoteca se aúna para llorar sus penas amorosas al ritmo de Camela, independientemente de si los gustos de los allí presentes rozan el estilo de Taylor Swift, AC/DC o Joaquín Sabina. Entre la dicotomía de escribir a la expareja o darlo todo en la pista, el grupo madrileño que acuñó la tecno-rumba se consagra como un éxito absoluto al que el tiempo no ha hecho más que reivindicar como unos adelantados a su época.

Aunque sus canciones sean conocidas y entonadas como ninguna, grupos como Camela nunca han gozado de un lugar destacable en el podio musical nacional. Sus temas siempre han quedado relegados a la banalizada categoría de música de verbena, de cassette de gasolinera o de banda sonora de feria de pueblo -guste o no, son un clásico de los coches de choque-. «Que ahora artistas como Rosalía o C. Tangana estén revisionando estilos que se puedan considerar como música de gasolinera ha ayudado a que haya más aceptación», afirma Juan Sánchez Porta (Lorca, 1989), la cara más visible de Oro Jondo, un proyecto «kinki, canalla y barroco» que nace en 2014 como respuesta artística.

De tote bags con la cara de Sara Montiel, pasando por un póster remasterizado -y con toque gen Z- de Las Grecas, Oro Jondo se lanza al mundo editorial con Dame más gasolina: un recorrido por la música de gasolinera (Libros Cúpula), una recopilación sonora y visual de todos los artistas que rompieron las listas de éxitos en sus respectivas décadas, pero que terminaron relegados a la categorización de álbum de tienda de Cepsa.

Sonia y Selena, por Oro Jondo.

«Es una cuestión de clasismo», afirma Oro Jondo, que considera que la tendencia se está revirtiendo gracias a «internet y las generaciones millennial y Z», que han abandonado los «prejuicios»: «Te puede gustar igual Camela que FKA Twigs», afirma.

El entender la vida «en formato meme» y saber «reírnos de nosotros mismos» se convierten en dos ingredientes esenciales para conocer el ethos y éxito del proyecto detrás de Oro Jondo. En Dame más gasolina, el murciano recapacita y recorre las vértebras de la música popular española: de grandes hits estivales como el Yo quiero bailar de Sonia y Selena, pasando por figuras más folclóricas como Isabel Pantoja, merodeando por los perfiles de Camilo Sesto o Raphael, y terminando en la eclosión de reggaetoneros como Don Omar o en figuras juveniles como Melody o María Isabel.

«Yo era el primero que, hace quince años, cuando veía la gala de Noche de fiesta quería a Paulina Rubio, y cuando salía Isabel Pantoja decía que era música antigua, vieja y casposa que escuchaban mis padres y abuelos». Sin embargo, cuando el artista le dio una segunda oportunidad a dichas actuaciones, se percató de que «ver a María del Monte aparecer en un carro de caballos en el plató es una puta maravilla, es vanguardia».

Trá trá

Rosalía versionó a Los Chunguitos en la gala de los Goya de 2019. Antón Álvarez, conocido musicalmente como C. Tangana, llamó a La Húngara, a Kiko Veneno y a los Gipsy Kings para que formaran parte de su exitoso álbum El Madrileño, una reivindicación de lo cañí entre chándales de Gucci y cadenas de oro. Revisión, moda o aceptación, los artistas que han colocado a España en el mapa mundial, musicalmente hablando, han abrazado de lleno las raíces populares de las que otras generaciones han renegado.

«Es música que se asocia a la feria, al mercadillo, a las verbenas», apunta Oro Jondo. «C. Tangana y Rosalía se han dado cuenta de que la música sirve para definir a una generación y han cogido lo bueno que te pueden aportar estrellas internacionales y lo bueno que te puede aportar la cultura musical española», explica.

Tecno Camela, por Oro Jondo.

Oro Jondo considera la nostalgia como el motor imperante de las propuestas de dichos artistas, pues «somos una generación que lo hemos tenido todo de jóvenes y nos ha tocado la edad adulta entre crisis», por lo que resulta inevitable «echar la vista atrás y reconocernos en ese momento en el que lo teníamos todo», indica. Es precisamente el recuerdo el que evoca el renacimiento de estos estilos en el paradigma musical coyuntural.

Las folclóricas de hoy en día son las traperas como Rosalía o Bad Gyal con esas uñas, esos oros y esos trajes tan provocativos»

Juan Sánchez Porta, creador de oro jondo

Asimismo, el artista murciano considera a la nueva tanda de artistas femeninas como Rosalía, Bad Gyal o Nathy Peluso como las nuevas Rocío Jurado, Pantoja o Dúrcal: «Las folclóricas de hoy en día son las traperas. Esas uñas, esos oros, esos trajes tan provocativos», enumera. Prueba de ellos es el sample del éxito de Las Grecas, Te estoy amando locamente, que Rosalía empleó en su gira de El Mal Querer.

Fiesta y ‘Caribe Mix’

La Bomba de King África resonaba en cada altavoz, cada playa, cada emisora y cada antro valenciano que quería relegar la ruta del Bakalao al ritmo latino. Convertirse en hit estival en los 2000 auguraba a sus artistas un lugar en el podio de la música popular. Ser el tema más escuchado del verano elevaba dicha canción a la categoría de eterna. Que se lo digan a Coyote Dax.

Los Caribe Mix eran los encargados de definir qué molaba y qué pertenecía a la musical otoñal y grisácea -por aquella década, todo lo que sacaba Alex Ubago-. Cada guantera de cada coche en España contaba con uno de los álbum más valiosos del año.

El éxito de Spotify, de YouTube y la evolución de la industria musical ha borrado del mapa la idea de que, durante los meses más calurosos del año, es única y exclusivamente una canción la que merece ser aborrecida entre estaciones y auriculares. «El término ‘canción del verano’ ha dejado de tener el sentido que tenía en el 2000, cuando vivió su momento álgido», explica Oro Jondo. «Antes tenías que comprarte el disco, tenías que escucharlo en la radio y tenías que ver las galas de televisión, era la industria la que manejaba qué música salía».

Oro Jondo: «Las canciones hoy en día son menos perdurables, para que una sea icónica tienen que salir 300.000 que no lo sean»

De esta forma, Oro Jondo considera que «hoy en día la canción del verano puede salir durante todo el año y eso ha dejado de tener sentido». La «democratización» de la música y su «fácil acceso» determina qué llega y qué se queda por el camino: «Las canciones hoy en día son menos perdurables, para que una sea icónica tienen que salir 300.000 que no lo sean», indica.

Coches tuneados con ‘Gasolina’

El reggaeton ha sido uno de los géneros que más ha evolucionado en España, en el sentido práctico de pasar de maleteros de coches sacados de una secuela de Fast & Furious en el parking de una discoteca de culto, a liderar las listas de éxitos tanto nacionales como mundiales.

A pesar de su crecimiento, y su evolución estética (pues en sus inicios se encargó de definir a la generación del tatuaje tribal que tenía como referente a Rafa Mora, personalidad televisiva, héroe valenciano y primer hombre en la tierra que acuñó el término tete), el reggaeton sigue siendo uno de los estilos más denostados por la crítica. «España ha mirado a Latinoamérica por encima del hombro», afirma Oro Jondo. «El reggaeton llegó a España con el Dale don dale, la Gasolina y el Papi Chulo, pero no se escuchaba por la radio, sino por los coches tuning y las discotecas de pueblos y playas», apunta el murciano.

Entre géneros, hits, nostalgia, melancolía y veranos en las playas de Benidorm, Oro Jondo hace un extenso recorrido por la música que, aunque relegada por la crítica a escalones sociales «chabacanos», consiguió convertirse en un himno generacional que, a día de hoy, sigue levantando a cualquiera de su silla.