Ibiza es la isla camaleónica, el Mediterráneo destilado y concentrado en 570 kilómetros cuadrados. La grande de las Pitiusas funciona como un embrujo para el turista desde hace más de un siglo, mostrando y ocultando sus secretos, cambiando de cara en función de los ojos de quien mire. También en función del tiempo, del climático y del histórico. Ha habido muchas Ibizas: la incipiente de los años 30, la deprimida de la posguerra, la hippie, la artista, la tumultuosa, la fiestera, la desfasada, la abarrotada. A veces todas juntas. ¿Y la del 2021, cómo es?

«Es una isla diferente a 2019», confirma Anna, dueña de Petunia Ibiza, uno de los hoteles más ambiciosos de la isla en su adaptación al terremoto del coronavirus. Lo que antes era un pequeño complejo de apartamentos familiares es hoy el enclave más codiciado del tranquilo suroeste ibicenco. A un paso de la popular Cala d’Hort y a medio de la encantadora Cala Carbó, su baza más espectacular es la visión privilegiada sobre el islote de Es Vedrá. La postal por excelencia de Ibiza, el atardecer que buscan todos, con el rojo furioso del mar fundido con el poderío magnético del Peñón.

«La mejor vista de la isla la tenemos nosotros, al 100%», presume Anna. No hace falta escudriñar Google en busca de miradores ocultos, ni apiñarse en terrazas, porque la vista de la roca más famosa de Ibiza está presente en todo el hotel y es su seña de identidad.

El peñón de Es Vedrá protagoniza las vistas de las habitaciones del Petunia.

La Ibiza de 2021 contiene la respiración para poder explotar esos tesoros. El Petunia está casi completo y mira la temporada con optimismo, como el resto de la isla tras la ‘luz verde’ del Reino Unido a los viajes a Baleares. Pero con recelo hacia los rebrotes que han marcado las últimas semanas. El último verano supuso un shock que puede definir el futuro de la isla. Hablan los datos: en 2019 visitaron Ibiza 1.6 millones de turistas en los meses de verano, de los que un 82,7% eran extranjeros y sólo un 17,3% españoles. En 2020, el hundimiento del turismo dejó el total de visitantes en 480.193 personas, con un 46,5% de españoles y un 53,5% de foráneos. Pero la sesión turística dejó algunas lecturas importantes: en agosto de 2020 hubo 9.000 turistas españoles más que en el mismo mes del año anterior, sin pandemia.

Se habían apagado las luces de las macrodiscotecas, el lujo excéntrico, el clubbing y las bengalas en botellas como reclamo cegador. Los millonarios, los empresarios y los futbolistas siguen acudiendo a Ibiza en peregrinación, nunca han fallado en casi 100 años. Hace poco se pudo ver por allí a Florentino Pérez, de visita a su amigo el filósofo Antonio Escohotado, encastillado en su refugio vital de la isla, para él personalísima y mística, la misma en la que ayudó a fundar la mítica discoteca Amnesia hace 45 años.

El nuevo ambiente de Ibiza

Pero también han brotado o resurgido las parejas, el deambular de cala en cala, las rutas gastronómicas. Inevitable resucitar un sentimiento de nostalgia. «Ibiza está volviendo a sus raíces», dice Anna, que confía en que el cambio para Ibiza sea definitivo: «Hay un ambiente de más tranquilidad, más hippie, con más sitio para todo el mundo. Creo que Ibiza ya no va a ser tanta locura y que es más sano ir en esa dirección».

Las aguas cristalinas y transparentes siguen siendo la seña de identidad de Ibiza.

Habla Anna de la Ibiza de los años 70, donde el turista aún se mezclaba con el local y a veces se quedaba a vivir. Porque hay población en Ibiza, 150.000 personas que presencian los 300 días de sol al año de la isla, que mantienen a punto la tramoya del gran teatro turístico, que consumen, comen, cenan. «Ibiza tiene mucho más que ofrecer aparte de la temporada de verano y es importante hacer cosas bonitas para la gente de la isla», defiende la dueña del Petunia, que este año abrirá hasta enero en vez de hasta octubre. Temporadas más largas, más espaciadas. La incertidumbre también retrasa viajes y planificaciones.

Deporte y gastronomía

En su mente hay bodas, retiros de yoga, eventos culturales, jornadas benéficas y mucha gastronomía. Además de la renovación completa de las habitaciones, la principal novedad del nuevo Petunia son sus restaurantes, cuatro para 37 habitaciones. El buque insignia es La Mesa Escondida, que mima los productos de los huertos que rodean al hotel, en un entorno paisajístico diseñado por su padre. Antiguamente ubicado en la localidad interior de San Rafael, el hotel compró la marca y lo trasladó a su emplazamiento para adornar el menú con la postal de Es Vedrá.

Excursiones privadas en barco, una de las actividades favoritas de los visitantes en Ibiza.

El hotel incluso ofrece paquetes gastronómicos con menús degustación y clases de cocina con el chef Lorenzo Gasparrini, sesiones de yoga al amanecer, un ‘mayordomo romántico’ para las escapadas amorosas y actividades deportivas que incluyen paseos a caballo o excursiones en barco privado al islote desde Cala Carbó.

El concepto que se impone en este y otros hoteles de la isla es el del resort, sin pulserita pero con relax. El cliente puede disfrutar de un plan completo sin coger el coche y el turista del resto de la isla acude aunque no tenga cama. Petunia cuenta con dos terrazas absolutamente instagrameables que rodean a su piscina (La Mirada y Es Vedrá) y una pizzería al aire libre (Los Olivos), todos planes apetecibles tanto para sus huéspedes como para cualquiera que se acerque a la zona a ver el atardecer.

Por cierto: hay petunias en el Petunia aunque no sean parte de la flora de la isla, ni lo tengan fácil para medrar. «Es una flor que no siempre sobrevive en Ibiza, es muy difícil, no sé cómo lo consiguió mi padre», confiesa la dueña.

Las novedades de Ibiza en 2021

Para los que estén en forma también es una base de operaciones ciclista, aunque la zona es exigente. Y para quien prefiera el coche, la zona está a menos de media hora de la capital y sus rincones, entre los que destaca la nueva sucursal del BiBo de Dani García, recién abierta frente a la playa de Talamanca, y el mítico Lío Ibiza, en pleno puerto.

Terraza del rooftop ‘La Mirada’.

Hacia el norte, también a media hora en coche se llega a San Antonio, con la reconocida propuesta de Álvaro Sanz en Es Tragón (con estrella Michelín y dos soles de Repsol), o a las terrazas y piscinas del complejo de 7Pines, otro de los buques insignia de la isla, que festeja la temporada con otras muchas novedades y atractivos.

Destaca la apertura del nuevo beach bar El Silencio en Cala Molí, con Jean Imbert, Miranda Makaroff y su archiconocido aguacate; pero también la apertura del gran resort de Six Senses al norte de la isla, en Portinatx; la propuesta pies descalzos de Nativo; o las profundas renovaciones de hoteles como Riomar, de la mano de Marriott, o la terraza frente al mar del Sol Beach House en Santa Eulalia del Río.