Mientras Bad Bunny ocupaba el centro de la atención mundial y del campo durante el descanso de la Super Bowl LX, una parte del ecosistema conservador estadounidense ensayaba su propia réplica. No fue en el estadio ni en la televisión generalista, sino en una retransmisión paralela por internet, presentada como All-American Halftime Show y organizada por Turning Point USA, la asociación fundada en 2012 por el activista MAGA Charlie Kirk, asesinado el pasado septiembre.

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El concierto, concebido como contraprogramación explícita del espectáculo oficial, arrancó casi en paralelo al de Bad Bunny, duró el doble y reunió en YouTube a un máximo de algo más de seis millones de espectadores simultáneos, con una audiencia que osciló durante la mayor parte del tiempo entre los 4,5 y los 5,5 millones. La emisión, respaldada por Magno News, entidad adscrita a la red social de Donald Trump Truth Social, se apoyó también en otras plataformas afines y en canales conservadores como OAN News, Real America’s Voice o The National News Desk, después de no obtener permiso para retransmitir en directo en X.

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Sobre el escenario, un plató con público reducido y una gran bandera estadounidense presidiendo el fondo, se sucedieron durante algo más de treinta minutos Brantley Gilbert, Gabby Barrett, Lee Brice y Kid Rock, cabeza de cartel y encargado de cerrar la velada. Gilbert abrió el concierto con una bienvenida directa al público, “esta es la América real”, una consigna que funcionó como declaración de intenciones del evento.

A mayor gloria de Charlie Kirk

La música, country y rock de acento patriótico, estuvo atravesada por referencias ideológicas explícitas. Brice presentó una canción inédita con versos sobre identidad de género y un estribillo que resumía el tono del acto: “Hoy en día no es fácil ser ‘country’ en este país”. El tema fue dedicado a Kirk, a quien el cantante agradeció haber “dado micrófonos a la gente para decir lo que pensaba”. El homenaje se reforzó en el tramo final, cuando Kid Rock, presentado también por su nombre real, Robert Ritchie, interpretó ’Til You Can’t con una estrofa añadida de inspiración religiosa y la cámara se detuvo en una imagen del activista fallecido mientras el público coreaba su nombre.

Turning Point USA anunció el concierto en octubre, tras las críticas del presidente Donald Trump y de sectores del movimiento MAGA a la elección de Bad Bunny como protagonista del entretiempo. Trump ha cuestionado desde el principio la designación del artista puertorriqueño, ciudadano estadounidense, por cantar en español y, durante la propia Super Bowl volvió a cargar contra el espectáculo en su red social Truth Social, calificándolo de “absolutamente terrible” y de “bofetada” para el país.

Con el respaldo de la Casa Blanca

La contraprogramación encontró respaldo simbólico en figuras del entorno republicano. Además del apoyo mediático de Trump, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, publicó en X una imagen del concierto alternativo y aseguró que lo estaba viendo junto a su familia. Frente a un descanso oficial leído por muchos como una celebración de la diversidad cultural y lingüística de Estados Unidos frente a la ideología unitaria gubernamental, el All-American Halftime Show se presentó como refugio de una identidad nacional entendida en términos cerrados y reconocibles.

El evento alternativo ha quedado lejos de la audiencia del espectáculo televisado desde el estadio, pero su impacto no se mide solo en cifras. La coincidencia temporal, el lema inaugural –“esta es la América real”–, el repertorio elegido y el respaldo de figuras clave de la Casa Blanca como Hegseth han construido una respuesta cultural directa y explícita a la actuación de Bad Bunny. Mientras en el césped se desplegaba una narrativa panamericana en español, fuera del estadio otra parte del país se reunía en torno a consignas de reafirmación nacional.