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Morante, del 12 de octubre al 20 de abril: lección completa de toreo

El toro de Matilla empitona a Morante de la Puebla en La Maestranza de Sevilla.
El toro de Matilla empitona a Morante de la Puebla en La Maestranza de Sevilla. | EUROPA PRESS

Entre el pasado 12 de octubre -de mañana, de tarde y en el adiós casi nocturno- y este mal parido 20 de abril, Morante ha dado una lección completa de toreo, no se ha dejado nada pendiente.

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Entre el 12 de octubre y el 20 de abril, nadie ha sido nunca capaz de hacer tantas cosas, de triunfar y de provocar, de enseñar y de pavonearse. Y de retorcer la cara de dolor como el soldado herido, allí tumbado en La Maestranza boca abajo tal y como le dejó el toro de Matilla al empitonarlo con precisión por zona tan dolorosa.

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Otro toro también le dejó derrumbado, impávido, el 12 de octubre en Las Ventas. Si ese ejemplar de Garcigrande se hubiera dado la vuelta, no se hubiera librado de la cornada. No fue así, pero esos momentos de pavor supongo que no se olvidan. Cuando despachó al toro con enorme gallardía, su cabeza le dictó que allí se acababa todo.

Pero no se acabó, y el Genio fue calificado por algunos como estafador moral: se había reído de la gente. La historia del toreo también incluye episodios de esta controversia, para satisfacción de los que quieren vendetta.

Pasan los meses, y el maestro explica por qué vuelve. Lo hace sabiendo que van a pensar de él que se pavonea -"está feo que lo diga"- y que puede molestar a los iguales: "Vuelvo porque hago falta". Otra muesca para su repertorio en esta lección de toreo.

El Domingo de Resurrección de este año, gracias a él, ha sido el mejor Domingo de Resurrección de los últimos tiempos. De gallo a gallo, ganó sin discusión su duelo con Roca Rey, que era con el que se medía de verdad, y dejó andando hacia fuera en el inicio de faena o en un remate de tanda por la espalda insuperable más motivos para esta frondosa lección de toreo en poco más de seis meses. Dos orejas de masiva petición.

El jueves de preferia, cuando se cambió el tercio del cuarto toro de Álvaro Núñez, los banderilleros detuvieron su rutina porque el maestro pidió los palos. Y minutos después, pidió la silla. Y un poco más tarde, pidieron infructuosamente -otra vez en masa- que saliera por la Puerta del Príncipe tras la lección más inesperada y genial que se recuerda. Esta, en concreto, fue en esencia una lección histórica. "Estoy más viejo que el Cachorro", bromeó en el callejón sonriente compartiendo con su hijo la gloria.

Pero ese chascarrillo de la edad iba a tener continuidad este lunes de preferia. Tras cortar la oreja del primero, Borja Jiménez le brindó el toro y, según contó en Canal Sur el propio Genio, Morante le bromeó: "¿Me lo brindas por bueno o por viejo?". No se le va de la cabeza el asunto del paso del tiempo.

Cuando estaba siendo operado en la propia Maestranza, tanto Borja Jiménez como Tomás Rufo se acercaron a la puerta de la enfermería para depositar la montera en señal de respeto al maestro.

Contentémonos con recordar estos seis meses, con sus cuatro tardes de magisterio y todo lo que le ha rodeado. Sangre y triunfo, siempre es lo mismo. Pero en Morante todo es distinto

Al primer toro le cuajó unas gaoneras, unos naturales y un espadazo de ensueño. Tardó en arrancar la música y esa frialdad característica del primero de la tarde hicieron que el premio fuera una sola oreja, que ya en Resurrección la segunda -pedida masivamente- suscitó el cuchicheo de que "era de una".

"Ya no sé qué hacer", comentó Morante justo antes de arrancar el paseíllo este lunes, ante la incógnita general de qué puede haber de nuevo tras estas tres tardes maravillosas en seis meses: una en Madrid, dos en Sevilla.

Y lo que hizo fue irse más allá de las rayas a por el cuarto; en Morante, más allá de las rayas del tercio suele ser un viaje de largo recorrido. El torero ha demostrado que está más a gusto cerquita de las tablas.

El toro de Matilla fue muy certero al cazarlo, levantarlo y cornearlo por detrás. El Genio retorciéndose en el albero, en una imagen dolorosa. Los toros cogen: otra lección de torería.

Nadie sabe cómo puede ser la recuperación ni en cuánto tiempo podrá volver a torear. Ni cómo se va a encontrar el ánimo de Morante tras este episodio de sufrimiento e incomodidades.

Contentémonos con recordar estos seis meses, con sus cuatro tardes de magisterio y todo lo que le ha rodeado. Sangre y triunfo, siempre es lo mismo. Pero en Morante todo es distinto.

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