La muerte de Sam Neill a los 78 años nos ha devuelto de golpe a una época en la que el cine de aventuras dependía más de la imaginación que de la tecnología. Para varias generaciones de espectadores, Neill no era únicamente un actor elegante y versátil, ni aquel hombre cercano que huía del estrellato y producía vino en Nueva Zelanda. Era, y siempre será, el doctor Alan Grant, el paleontólogo del sombrero y el pañuelo rojo de Parque Jurásico.

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Aunque la franquicia intentó recuperar la esencia reuniendo a sus dos generaciones en Jurassic World: Dominion en 2022, el paso del tiempo solo ha hecho que la figura del paleontólogo original crezca. Repasar hoy cómo se construyó aquel personaje no solo ayuda a entender por qué su huella sigue intacta más de tres décadas después, sino por qué se le recordará siempre con cariño.

El científico que no encajaba en los noventa

Hoy resulta casi imposible imaginar Parque Jurásico con otro rostro al frente, pero la llegada de Sam Neill al proyecto ocurrió cuando la película ya estaba en marcha. El actor se incorporó poco antes de que allá por 1992 comenzara en Hawái el rodaje de una producción que acabaría cambiando la historia del cine de aventuras.

Durante años circuló la historia de que Steven Spielberg había tanteado primero a Harrison Ford para el papel de Alan Grant. El propio Spielberg confirmó recientemente, en la promoción de El día de la revelación, que llegó a ofrecerle el proyecto, aunque finalmente el personaje acabó en manos de Neill. Más allá de las diferentes posibilidades que se barajaron durante el casting, la elección resultó ser perfecta para el tipo de película que el director quería construir.

En una época dominada por héroes de acción invulnerables y personajes que parecían no tener miedo a nada, Spielberg apostó por otra clase de protagonista. Quería a alguien que tuviera la credibilidad de un científico real, con el asesoramiento de figuras de la paleontología como Jack Horner durante la producción, pero que también pudiera transmitir el miedo, algo fundamental.

Sam Neill aportó justo eso. Alan Grant no parecía un héroe preparado para enfrentarse a una amenaza prehistórica. Parecía un hombre normal que, de repente, se encontraba delante de algo que la humanidad llevaba millones de años sin ver.

La evolución del personaje protector

Uno de los mayores aciertos de la película respecto a la novela de Michael Crichton fue transformar la personalidad de Grant. En el libro, el paleontólogo tiene una relación mucho más natural con los niños desde el principio. En la versión cinematográfica, Spielberg y el guionista David Koepp decidieron darle un recorrido emocional más claro. Le convirtieron en alguien más incómodo en el trato con menores, que no sabía muy bien cómo tratar con ellos, y que termina descubriendo una faceta protectora que ni él mismo esperaba.

Ariana Richards y Joseph Mazzello (Lex y Tim en 'Jurassic Park') junto a Sam Neill. | IMDb

Ahí está una de las grandes claves del personaje. Grant es un hombre de campo, acostumbrado a los fósiles, a las excavaciones y al trabajo con las manos. Desconfía de los ordenadores y del entusiasmo tecnológico de John Hammond (Richard Attenborough) porque pertenece a un mundo más sencillo, basado en observar y entender la naturaleza, no en intentar controlarla.

La escena del helicóptero, cuando no consigue abrocharse el cinturón porque las dos hebillas no encajan y acaba improvisando una solución atándolo, resume perfectamente esa personalidad. No es que Grant sea enemigo de la tecnología. Simplemente es alguien que no termina de pertenecer a ese nuevo mundo.

Precisamente por eso su evolución funciona tan bien. Cuando el sistema del parque falla y la creación de Hammond se convierte en una amenaza, no son las armas ni la tecnología las que salvan a los niños. Es el conocimiento, la experiencia y la capacidad de mantener la calma de un científico que siempre confió más en comprender la naturaleza que en dominarla.

Entre los mitos del rodaje y un huracán real

El rodaje de Parque Jurásico en la isla de Kauai quedó marcado por varios episodios que con el tiempo han pasado a formar parte de la leyenda de la película. El propio Sam Neill recordó en varias entrevistas, siempre con mucho humor, las dudas que hubo con su acento durante la producción. Como actor neozelandés interpretando a un científico estadounidense, intentó encontrar el equilibrio adecuado entre su forma natural de hablar y el tono que requería el personaje. El resultado fue una mezcla peculiar que él mismo describía con ironía, pero que terminó formando parte de la identidad de Alan Grant.

El episodio más extraordinario del rodaje, sin embargo, no tuvo nada de ficción. En septiembre de 1992, mientras el equipo trabajaba en Kauai, el huracán Iniki golpeó la isla con fuerza. Gran parte del reparto y del equipo tuvieron que refugiarse juntos durante el temporal, una experiencia que todos recordarían como uno de los momentos más intensos de la producción.

Sam Neill, Laura Dern y Jeff Goldblum en 'Jurassic Park'. | IMDb

También la famosa escena de la bengala frente al T-Rex acabó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de la saga. La idea ya estaba presente en la novela de Crichton, pero la película consiguió algo especial. Mostraba que Grant no necesitaba nada más. Le bastaba con pensar, reaccionar y proteger a quienes dependían de él.

El regreso del sombrero

Cuando llegó Jurassic World: Dominion, la mayor emoción para muchos espectadores no estaba en descubrir un nuevo dinosaurio generado por ordenador, sino en volver a encontrarse con los personajes que habían marcado una época.

Ver a Sam Neill ponerse otra vez el sombrero de Alan Grant y compartir pantalla con Laura Dern y Jeff Goldblum fue un viaje directo a la infancia para millones de personas. Pero su regreso funcionó porque no convirtió al personaje en una simple pieza de nostalgia. Grant seguía siendo el mismo científico chapado a la antigua, más cómodo entre fósiles que entre grandes avances digitales.

Ese es el motivo por el que Alan Grant permanece. Nunca pareció un héroe diseñado para ser perfecto ni una figura creada para vender una imagen. Era una persona real metida en una situación imposible. Alguien con miedo, dudas y limitaciones, pero también con la inteligencia y la humanidad necesarias para hacer lo correcto. Sam Neill dejó muchos personajes memorables, pero pocos tendrán una conexión tan fuerte con varias generaciones. Queda en el recuerdo aquel paleontólogo experto en dinosaurios que se guiaba siempre por el respeto a la naturaleza y el sentido común.