«¿Qué es peor, robar un banco o fundarlo?». La pregunta rondó la cabeza de Fernando Araujo, una de las mentes pensantes del atraco de 2006 que se produjo en el Banco Río de Acassuso (Argentina), robo que sustrajo de la sucursal bancaria la rimbombante cifra de 19 millones de dólares (16 millones de euros) de 147 cajas fuertes. Con ADN argentino y llevada a la gran pantalla de la mano de Ariel Winograd (Buenos Aires, 1977), El robo del siglo llega a los cines españoles después de haber sido un éxito de taquilla en su país natal.

Basada una historia real que marcó al Río de la Plata, e interpretada por Guillermo Francella y Diego Peretti, El robo del siglo traslada el humor de la saga Ocean’s 11 a las cloacas argentinas, aunque esta vez la historia superó a la ficción. «No es gracioso un robo a un banco o una toma de rehenes, pero la historia naturalmente tenía mucho humor», indica a El Independiente su director. «Traté de ser lo más objetivo posible, pero siempre le busqué el lado humano a los personajes para entenderlos, de ahí se daba la comedia», afirma en referencia a la naturalidad y carisma de los actores del robo.

Tráiler de El robo del siglo.

El incidente no sólo ocupó los telediarios locales como si de un evento paranormal se tratara, también generó detalles que provocaron las carcajadas de los viandantes. Las armas empleadas en el robo, para empezar, eran réplicas. Araujo, interpretado por Peretti, era un artista con aspiraciones filosóficas, de esas que hacen que uno termine en la Patagonia celebrando la simple existencia. Para más inri, los autores del robo tuvieron la mala leche de dejar el siguiente mensaje en la bóveda donde se hallaba todo el dinero: «En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores».

El querer trascender con el robo representa la forma argentina de querer hacer las cosas de manera distinta»

ARIEL WINOGRAD, DIRECTOR

Para Winograd, son los pequeños detalles y la intención de dejar huella lo que hace que, tanto la historia como su representación cinematográfica, cuenten con un claro sello argentino. «Este robo tenía algo más allá del robo y de la plata», indica el director de Buenos Aires. El robo del siglo denota el «querer trascender y eso representa esta cosa argentina de jugar, de hacer las cosas de forma distinta», añade. Eso sí, «no lo digo como algo bueno», replica entre risas al otro lado del teléfono. «Somos lo que somos».

Guillermo Francella y Diego Peretti en El robo del siglo.

Fuentes primarias

Además de las anécdotas y el recuerdo popular de uno de los casos más mediáticos en Argentina, la historia del robo liderado por Araujo se absorbe en su versión pormenorizada en Sin armas ni rencoresla obra de Rodolfo Palacios en la que se narran y explican todas las aristas que obraron el denominado atraco del siglo.

Además de la narración de Palacios, Ariel Winograd ha contado con la información, ayuda y presencia de varios de los protagonistas del atraco. Eso sí, separados en el set de rodaje para evitar que la tensión volviera a ser protagonista. «Fernando Araujo, el cerebro del robo, trabajó en el guion de la película», afirma el director, que se sorprendió al recibir un mensaje de la mujer de Miguel Sileo, el negociador del caso, en plena grabación de la cinta.

Miguel Sileo y Luis Luque.

«Nos dijo que si estábamos interesados nos podía poner en contacto con él (Sileo). Venía al rodaje cuando actuaba el personaje que le interpretaba (Luis Luque) y Araujo venía para las escenas que rodaba Peretti, pero no se podían cruzar por una cuestión natural y para no armar el lío», cuenta. Además, ambos aparecen junto con otros miembros del atraco, que hacen su minuto de oro como extras en el filme.

Porque más allá de que el pueblo argentino tildara el robo como un caso de Robin Hood, principalmente tras el corralito de 2001 que generó enorme desconfianza en las entidades bancarias, la situación vivida en la sucursal del Banco Río de Acassuso fue de un verdadero guion de película: 23 rehenes, más de 300 cuerpos policiales asentados en su exterior, las cámaras de los periodistas que se acercaron a narrar el minuto a minuto y varios francotiradores que acechaban en los tejados.

Entre lo pedante y lo humorístico, la cinta de Winograd retrata un caso atravesado por el carisma argentino, por la teatralidad y por la participación de los causantes del estruendo. Dos horas de risas no encapsuladas y de cuestiones filosóficas que recuerdan a la primera frase del artículo: «¿Qué es peor, robar un banco o fundarlo?». Si el fin justifica los medios o no, será mejor preguntárselo a Maquiavelo.